Uno de los grandes desafíos de los adolescentes y jóvenes que caminan con Dios es vivir en pureza física, emocional y espiritual habitando en medio de un mundo corrompido que busca los deleites del cuerpo y del alma antes que las cosas de Dios, lo eterno.
Creer en Jesús como Señor y Salvador en nuestra vida, sujetarse a su voluntad y vivir conforme a sus mandamientos resulta difícil en fuerzas humanas ya que la presión que el mundo y sus deseos ejercen sobre nosotros es constante día a día. Quizá la presión es tan sencilla como la manera como ellos hablan, o la forma en que ellos actúan, o tan sutil como tener noviazgos en tiempos que no son los de Dios o el deshonrar a nuestros padres a través de no obedecerles.
A pesar de toda esa corrupción que hay en el mundo y toda la presión para que seamos como ellos, Dios manda:
“Conviértanse ellos a ti, y tú no te conviertas a ellos”. Jeremías 15:19
Y para cumplir ese mandato Dios no nos deja solos sino que su Espíritu, mayor a todo el mundo y el universo entero, habita en los hijos de Dios. También debemos recordar que a pesar de toda la aflicción en este mundo, Jesús ha vencido la maldad y tenemos su victoria juntamente con Él.
