corra la justicia como impetuoso arroyo

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“Aborrecí, abominé vuestras solemnidades, y no me complaceré en vuestras asambleas. Y si me ofreciereis vuestros holocaustos y vuestras ofrendas, no los recibiré, ni miraré a las ofrendas de paz de vuestros animales engordados. Quita de Mí la multitud de tus cantares, pues no escucharé las salmodias de tus instrumentos. Pero corra el juicio como las aguas, y la justicia como impetuoso arroyo.” Amós 5.21-24

 

Un parafraseo de los versículos anteriores que recientemente leí decía:

“No puedo soportar tus reuniones religiosas. Estoy harto de tus conferencias y convenciones. No quiero tener nada que ver con tus proyectos religiosos, tus slogans pretenciosos y tus metas. Estoy harto de tus planes de recaudación de fondos, de tus relaciones públicas y de tu imagen. He tenido todo lo que puedo soportar de tu egoísta música ruidosa. ¿Cuándo fue la última vez que me cantaron? ¿Tú sabes que quiero? Quiero juicio -océanos de él. Quiero justicia-ríos de ella. Eso es lo que quiero. Eso es todo lo que quiero.” Amós 5.21-24

 

Quedé impactado por él. Por varias horas estuve pensando en ello. A veces cuando leo la Biblia suelo pensar que aquellas palabras fuertes de Dios hacia el pueblo de Israel se quedaron como un testimonio de cómo el pueblo de Dios se había alejado de Él. De cómo Dios mostraba el dolor y su indignación por lo que veía en Su pueblo.

Pero este parafraseo del profeta Amós hacia la condición de la iglesia actual fue realmente fuerte para mí. Ya desde hace algunos meses Dios me permitía entender que algo hay en Su iglesia que necesita ser confesado y que en arrepentimiento necesitamos volver nuestro rostro a Dios. Algo muy fuerte que hemos alimentado y hemos creído como normal en nuestra vida como iglesia: la religiosidad.

Hemos llenado nuestras agendas y horarios y tiempos y servicios de tanta actividad que difícilmente podemos detenernos en silencio y escuchar la voz de Dios. Realmente escuchar lo que hay en Su corazón: lo que Dios anhela, lo que a Dios le duele, lo que a Dios le urge.

¿Qué hizo que los líderes religiosos del tiempo de JESÚS no fueran capaces de ver y entender quién era JESÚS? Ellos tenían el acceso directo a la Palabra de los profetas. Ellos eran entendidos de la doctrina y la sana ley. Ellos predicaban. Ellos guiaban al pueblo. Pero una tragedia terrible sucedió: cuando Dios vino a ellos, ellos no lo recibieron. Le mataron. Lo crucificaron. ¿No es esto una terrible tragedia: los llamados a guiar al pueblo a Dios eran quienes estaban desviándolos en montón de enseñanzas de hombres?

Dios ama a Su iglesia. Esto es una verdad que no puede negarse. Dios anhela a Su pueblo. Esto es un anhelo tan profundo en el corazón de Dios. Sin embargo, Dios sabe que nuestra humanidad puede llevarnos a hacer religión de todo, aún de aquello que antes era genuino para Dios.

Creo Dios está llamando a Su iglesia en este tiempo a buscarle con un corazón en profundo arrepentimiento. Dios nos ama. Dios busca que Sus hijos se muevan en justicia y misericordia. Que dejemos toda religiosidad y nos movamos a niveles de Su gracia que nunca antes hemos experimentado. Porque los días son malos y Él está llamando a la puerta.

por la misericordia de Dios

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“Por la misericordia de Dios no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es Tu fidelidad. Mi porción es el Señor, dijo mi alma; por tanto, en Él esperaré.” Lamentaciones 3.22-24

 

El libro de Lamentaciones, escrito por el profeta Jeremías, es escrito en un tiempo de fuerte tribulación para el pueblo de Dios. Como su nombre lo indica, el libro es como un lamento por tanto mal que ha rodeado al pueblo de Dios, un pueblo que se había alejado de Él.

¿Por qué escribir un libro para atestiguar de las terribles aflicciones y tribulaciones? ¿Por qué escribir sobre lo que sucede en tiempos oscuros?

Sin embargo, en este libro también hay porciones de esperanza, textos que descansan en Dios y hacen ver que aun cuando somos malos, Dios será fiel a Su pacto, a quien es Él. Este libro si bien es un lamento, también es un recordatorio de quien es Dios, es un libro que se vuelve una oración que pone toda su confianza en Dios.

Hay situaciones en las que los hijos de Dios pasan por tiempos difíciles ya sea ocasionados por nosotros mismos o por circunstancias ajenas a nosotros. Y un gran reto durante ese tiempo es tener siempre presente quien es Dios, confiar que Él cumplirá Su propósito en nosotros.

Cuando un hijo de Dios se aleja de Él, podemos creer que Dios ya no nos aceptará más o que Dios buscará la menor oportunidad para echarnos en cara nuestra desobediencia. De hecho, cuando uno se siente tan sucio y alejado de Dios, nuestra naturaleza nos lleva a escondernos de Él, de querer en cierta forma huir de Él porque podemos verlo como un Dios severo que está buscando la menor oportunidad para reprendernos. Pero nuestro Dios anhela limpiarnos porque Su misericordia es para siempre.

Por supuesto que Dios también nos disciplina y nos guía hacia lo que es correcto. Y también Dios es paciente, nos enseña con amor, nos guía a Su verdad con Su misericordia y Su gracia.

Cuando seamos confrontados por el pecado no solo nuestro sino el de nuestro alrededor, no huyamos de Dios sino que en arrepentimiento recordemos de Sus misericordias y busquemos Su perdón al confesar nuestra maldad. Dios estará ahí, cercano.

voz que clama en el desierto

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“Consolaos, consolaos, pueblo Mío, dice vuestro Dios. Hablad al corazón de Jerusalén; decidle a voces que su tiempo es ya cumplido, que su pecado es perdonado; que doble ha recibido de la mano del Señor por todos sus pecados.

Voz que clama en el desierto: Preparad camino al Señor; enderezad calzada en la soledad a nuestro Dios. Todo valle sea alzado, y bájese todo monte y collado; y lo torcido se enderece, y lo áspero se allane.” Isaías 40.1-4

 

Imagina que te encuentras en un tiempo de sequedad, en un desierto. Un tiempo en el que las pruebas abundan y los problemas parecen no terminar. La persecución se ha levantado contra ti y contra los tuyos. La tristeza parece dominar tu alma. La muerte parece estar a la puerta. Imagina que llega gente malvada y comienza a llevarse a tu gente, secuestrados, esclavizados, cautivos. Tiempos en los que por más que miras hacia el cielo, parece que no hay respuesta que venga de ahí.

Has meditado en tus caminos y has encontrado que por generaciones los tuyos se han alejado de Dios de maneras terribles. Terribles cosas se han hecho en la nación donde vives. Parece que la maldad y el pecado también abunda dentro de tu gente, de tu pueblo, a tu alrededor.

¿Puedes imaginarlo?

 

Cuando el profeta Isaías escribe, esa era la condición del pueblo de Israel. El profeta Isaías veía toda la maldad alrededor suyo y, además, veía esa maldad también en él. Parecía que no había esperanza, que no había salida, que todo lo que pasaba era porque lo merecían, porque Dios estaba muy muy muy enojado con ellos… y con razón.

Pero el profeta Isaías no fija sus ojos en su alrededor, sino que fija sus ojos en Dios. Él sabía que nuestro Dios había prometido tiempos de libertad si se volvieran a Él. Que Él cumpliría cada una de Sus promesas porque Su Palabra nunca vuelva vacía.

Isaías era como una voz que clamaba en el desierto. Era como un hombre que en medio de tanta maldad clamaba a Dios para interceder por el pueblo, hablaba al pueblo para que se convirtieran de sus malos caminos, que regresaran su corazón a Dios. Isaías era un hombre que aun en medio de ese desierto, clamó a Dios.

Cuando JESÚS inicia Su ministerio en la tierra había alguien antes de Él que a veces podemos pasar desapercibido: Juan el Bautista, de quien habla esta profecía en Isaías 40. Juan el Bautista es llamado a algo poco común: clamar desde el desierto tiempos de libertad para el pueblo de Dios. De hecho, Juan el Bautista es quien inicia con la predicación del arrepentimiento y el bautismo, buscando que los hombres se volvieran de su maldad. Juan el Bautista llega a incomodar tanto con su predicación que es encarcelado y asesinado. Juan el Bautista entendió desde mucho antes quién era él y quién es JESÚS. Juan el Bautista preparando el camino para cuando JESÚS llegara.

Hoy a nuestro alrededor las condiciones pueden no ser muy alentadoras. En tu familia, en tu iglesia, en tu país, en todo tu alrededor. Pareciera que no hay salida, que todo lo que ocurre nos lo merecemos y que no habrá respuesta ni solución. Sin embargo, Dios busca de voces que clamen en este desierto, que preparen camino al Señor. Voces que con profunda angustia y dolor, piden por todos aquellos que sabiendo que son malos, Dios quiere salvarles, Dios quiere limpiarles, Dios quiere consolarles.

¿Te duele tu país? ¿Ves una urgencia de la mano de Dios en medio de ese caos? Clama a Dios, deja que Dios traiga consuelo y libertad alrededor tuyo.

derribando argumentos contra el conocimiento de Dios

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“Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne; porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo, y estando prontos para castigar toda desobediencia, cuando vuestra obediencia sea perfecta.” 2 Corintios 10.3-6

 

Alrededor nuestro abundan tantas voces, tantos comentarios, tantos argumentos, tantas filosofías. En esta época en que la información fluye tan instantáneamente, es tan fácil conocer que es lo que acontece en otros lugares y, aún más, que es lo que otras personas pueden estar opinando. Vivimos rodeados de argumentos. Vivimos rodeados de opiniones.

Aún mayor, dentro de nosotros voces pueden estarse levantándose. Algunas pueden estar hablando preocupación, otras pueden estar hablando miedo, otras pueden estar hablando mentira, otras pueden estar levantando acusaciones. El padre de mentira, el acusador, intentando hacernos dudar de las promesas y la Palabra de Dios.

En este tiempo, el mayor reto para los hijos de Dios es poder escuchar entre tanto ruido la voz de Dios y no dejarse arrastrar por aquello que no venga de Él. Escuchar la voz de Dios en tiempos de profunda confusión se vuelve un tema de vida o muerte.

Mientras atravesaba por una situación difícil hace algunas semanas, un tiempo física, emocional y espiritualmente difícil, hubo una noche en el que no pude dormir bien. En mi mente había ideas, voces, preocupaciones. Estaba confundido. Durante la madrugada, algo ocurrió: Dios puso en mi corazón una palabra: derriba todo argumento que se levante contra el conocimiento de Cristo.

Había leído o escuchado esa palabra anteriormente quizá hacía ya meses, pero en esa madrugada, esa palabra había llegado a mi mente, como una verdad que necesitaba ser declarada en ese instante en mi vida. En ese momento, mientras estaba esa palabra en mi mente, Dios ponía en mí anhelo por orar en base a esa verdad.

En la mañana siguiente, buscando en la Biblia, llegue a esa verdad. En la segunda carta de Pablo a los corintos, Pablo exhorta a la iglesia no dejarse engañar, haciéndoles ver que nuestras armas para derribar todo argumento y altivez en contra del conocimiento de Dios, esas armas, son espirituales, no carnales.

¿Qué armas se pueden usar para derribar esos argumentos y esa altivez? En Efesios 6.10-20 podremos leer de la armadura de Cristo: la verdad, la justicia, el evangelio de paz, la fe, la salvación, la palabra de Dios. Y concluye Pablo en Efesios: orando en todo tiempo con oración y súplica en el Espíritu, y velando con perseverancia y súplica por todos los santos.

Cuando lleguen tiempos de confusión, nuestra confianza debe estar puesta en JESÚS, en Su Verdad. Orando, suplicando a Dios, pidiendo por nuestros hermanos que enfrentan también tiempos de prueba.

Hermanos, no dejemos que argumentos que se levanten en contra del conocimiento de Cristo se aniden en nuestra mente. Velemos, estemos atentos, llenemos nuestra mente y nuestro corazón de la verdad de Dios. Seamos sensibles a su voz, mayormente en tiempos de opresión y confusión. Porque Él no desamparará a los Suyos.

cuando él hubo orado

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“Y quitó el Señor la aflicción de Job, cuando él hubo orado por sus amigos; y aumentó al doble todas las cosas que habían sido de Job. Y vinieron a él todos sus hermanos y todas sus hermanas, y todo los que antes habían conocido, y comieron con él pan en su casa, y se condolieron de él, y le consolaron de todo aquel mal que el Señor había traído sobre él; y cada uno de ellos le dio una pieza de dinero y un anillo de oro. Y bendijo el Señor el postrer estado de Job más que le primero;” Job 42.10-12a

 

La historia de Job tiene siempre una enseñanza para todos, especialmente para aquellos que en tiempos de aflicción se encuentran. Si atraviesas un tiempo de dificultad en salud, en tus emociones, en lo espiritual, con tu familia, o cualquier situación difícil, el libro de Job trae no solo aliento, sino también nos permite ser confrontados, aliviados, motivados.

La historia de Job, muy bien estructurada literariamente, contiene una serie de discursos entre Job y sus cuatro amigos después de que Job se encuentra en una situación tan difícil que él desea su muerte. Sus amigos, tratando quizá de ayudar, no traen más que más cargas emocionales y espirituales a Job ya que lo acusan de que todo ese mal que Job atraviesa es porque hay pecado en su corazón del cual no se ha arrepentido y apartado. El hombre justo descrito al principio, ahora acusado por sus amigos. Job intenta defenderse sin mucho éxito.

Uno solo de sus amigos, el más joven, trae una tercera opción, una opción que se centra en la soberanía y sabiduría de Dios.

Cuando Dios responde a Job, lo confronta, lo alienta, y lo restaura. Hubo algo que en esta ocasión pude identificar: Job fue restaurado hasta que oró por sus amigos (42.10). Dios pidiéndole primero a Job que liberara su alma de toda amargura que pudo haberse anidado en su corazón en ese tiempo de prueba: perdona, Job, pide a Mí por tus amigos.

Hay algo maravilloso de los tiempos de prueba y es que estos revelan lo que en nuestro corazón hay. Y esto no es malo, sino como respondemos a esa revelación. Es mejor saber que algo está mal en nuestra vida y corregirlo, que nunca saber (o ignorar) que algo está mal que terminará por arrastrarnos.

Los tiempos pueden ser difíciles, y quizá no vemos salida. Quizá has anhelado, como Job, la muerte y has orado a Dios para que tu vida sea concluida, pero Dios aún tiene el control. Dios aún está bajo control de todo, nada se le ha escapado de Sus manos. ÉL ES FIEL.

No ceses de orar, de buscar en intimidad el consejo, la presencia de Dios. Consuela tu alma en la presencia de tu Dios, quien busca guiarte en medio de este tiempo. Dios es un Dios cercano. Deja que tu corazón sea sanado. Deja que tu alma sea consolada. Deja que tu cuerpo sea sanado.

Dios sane a cada hijo suyo en este tiempo. Dios traiga verdadera sanidad a nuestras vidas.

refugio de generación en generación

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“Señor, Tú nos ha sido refugio de generación en generación. Antes que naciesen los montes y formases la tierra y el mundo, desde el siglo y hasta el siglo, Tú eres Dios.

Vuelves al hombre hasta ser quebrantado, y dices: Convertíos, hijos de los hombres.” Salmo 90.1-3

 

Hoy concluimos un año de tan tremendo crecimiento y lleno de retos. Un año en donde nuestra fe fue puesta a prueba, donde nuestra relación con Dios fue llevada a niveles que creímos quizá nunca llegaríamos o ni siquiera quizá imaginamos. Ha sido un año de crecimiento, de dependencia a Dios. Un año donde confirmamos que nuestro Dios Justo y Santo es Fiel.

Antes de concluir este año quizá algunos atraviesen momentos de angustia espiritual, emocional o física. Sabemos de personas quizá que han llegado hasta este día con grandes esfuerzos y pareciera que su fe y su vida desfallecen. A esas personas que enfrentan este tiempo, quisiera decirles: Dios es nuestro refugio, y lo ha sido de generación a generación.

He traído en mi mente este salmo desde temprano: El Señor ha sido refugio de generación en generación. Y mientras escribo estas letras puedo comprender que, ahora que concluimos este año, podemos decir que Dios ha sido nuestro refugio año tras año, de generación en generación. ¡No temas, Él está contigo! ¡No desmayes, Él es tu Dios!

Quiero agradecer a Dios por este año, por esta generación, por Su fidelidad sin importar los tiempos que vivimos. Porque antes de que todo existiera, y siglo tras siglo, Él es Dios.

En este salmo 90, también pude notar algo importante: convirtámonos al Señor, volvamos nuestro rostro a Él, llevemos nuevamente nuestra vida en humildad y arrepentimiento a Él. Busquemos Su rostro, busquemos Su voluntad.

En Jeremías 15.19 confirma: Si te convirtieres, Yo te restauraré, y delante de Mí estarás; y si entresacares lo precioso de lo vil, serás como Mi boca. Conviértanse ellos a ti, y tú no te conviertas a ellos.

Amado hermano y hermana, nuestro Dios está en medio nuestro, Él no nos ha abandonado. Somos especial tesoro para Él. Porque más allá de las circunstancias, Él sigue siendo Dios.

“Sáname, oh Señor, y seré sano; sálvame, y seré salvo; porque Tú eres mi alabanza.” Jeremías 17.14

la pared intermedia de separación

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“Pero ahora en Cristo JESÚS, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo. Porque Él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación, aboliendo en Su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz, y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades.” Efesios 2.13-16

 

Leer las cartas de Pablo hacia las diferentes iglesias en Asia menor es de gran enseñanza y alimento al espíritu. Me preguntaba hace algunos días: ¿qué sería de la iglesia cristiana sin las cartas de Pablo? En sus cartas él aborda temas tan delicados y en gran medida controversiales para los judíos y para la iglesia primitiva. Al leer las cartas, siempre llegó a la conclusión de que, si no hubiera sido por el Espíritu, Pablo difícilmente hubiera podido entender tan grandes enseñanzas, ya que él, siendo un judío muy celoso de su fe, tuvo que enfrentar un proceso para desechar paradigmas de hombres y establecer en su vida y en su corazón las verdades que en Cristo nos son reveladas.

Si bien las cartas de Pablo tenían como objetivo entre otros muchos, resolver diferencias en temas controversiales en la iglesia primitiva, esas cartas siguen siendo de gran valor para la iglesia de nuestro tiempo, nuestra iglesia tan necesitada de la guía de Su Espíritu.

Algo que es de llamar la atención sobre Pablo es que a él, siendo el menor de los apóstoles, le es dado un ministerio verdaderamente grande, imposible y sublime: alcanzar a los gentiles (aquellos considerados por los judíos apartados de Dios). La pregunta es: ¿por qué a Pablo? ¿por qué no a Pedro, o a Juan, o alguno de los otros apóstoles, alguno de aquellos que vivió con JESÚS y palpó en primera fila el ministerio de JESÚS en la tierra? ¿Por qué le es dado a Pablo, un hombre que con un solo encuentro con JESÚS fue impactado de por vida, este grande ministerio?

En Hechos podemos ver los conflictos internos que enfrenta Pedro al ser llevado por el Espíritu a predicar a los gentiles (Hechos 10). De hecho, Pablo en una de sus cartas habla de un conflicto que él llega a tener con Pedro precisamente por el comportamiento que Pedro estaba teniendo hacia los gentiles. Pedro enfrentando sus propios paradigmas, paradigmas que le llevan a cuestionar al mismo Espíritu sobre lo que es lícito o no en base a la ley mosaica.

Es aquí, cuando este pasaje que comparto arriba de la carta de Efesios, tiene una profundidad espiritual que es de asombrarnos: JESÚS, Su cruz, vino a derribar la pared intermedia de separación, algunas versiones de la Biblia la llaman la pared intermedia de hostilidad. Una pared de hostilidad que define quién sí puede entrar a la salvación en JESÚS y quién no, una pared de hostilidad que hace diferencias entre los hombres, una pared de hostilidad que establece más y más y más mandamientos de hombres para ser aceptados dentro de la familia de Dios. ¿Qué pared de hostilidad estás enfrentando?

Algo que me ha golpeado en las últimas semanas es que los cristianos podemos llegar a creer que somos mejores que las demás personas. Que nosotros no somos tan pecadores como los no creyentes. Que nosotros tenemos el derecho de juzgar y definir quién es verdaderamente salvo y quién no, quién se merece a Dios y quién no. A veces podemos llegar a ser tan soberbios que aun entre la misma familia podemos estar generando divisiones.

Pablo entendió que a los gentiles también les es dada la salvación. Pablo enfrentó sus propias estructuras mentales y teológicas para poder llegar a esa conclusión. Imagina a Pablo, preguntándole a Dios: ¿en verdad es esto lo que Tú deseas: que no hay más circuncisión en la carne, que no hay más tradiciones judías que seguir para ser salvo? Pablo, el hombre celoso de su tradición judía, rompiendo todo entendimiento de hombres para acercarse más a un conocimiento tan sublime como la fe, la gracia, la salvación, a JESÚS mismo.

Queridos hermanos, hemos sido llamados para crear y establecer puentes con los no creyentes y con el mismo cuerpo de Cristo, no para juzgarlos como peores personas. Hemos sido llamados para derribar toda pared de hostilidad para alcanzar al alma más perdida, más perversa, aquella persona que nadie daría ni siquiera un segundo de su tiempo para predicarle. Nos ha sido dado el ministerio de la reconciliación, no el de la separación.

Dios guíe a Su iglesia a romper toda estructura y tradición de hombres que impide que Su Espíritu use a Su cuerpo para tan gran, imposible y sublime obra: alcanzar a la humanidad para JESÚS, porque esto es la Navidad.

una tempestad no pequeña

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“Y no apareciendo ni sol ni estrellas por muchos días, y acosados por una tempestad no pequeña, ya habíamos perdido toda esperanza de salvarnos. Entonces Pablo, como hacía ya mucho que no comíamos, puesto en pie en medio de ellos, dijo: Habría sido por cierto conveniente, oh varones, haberme oído, y no zarpar de Creta tan sólo para recibir este perjuicio y pérdida. Pero ahora os exhorto a tener buen ánimo, pues no habrá ninguna pérdida de vida entre vosotros, sino solamente la nave.” Hechos 27.20-22

 

Hemos sido consolados para consolar. Hemos sido animados para animar. La paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento en medio del caos, esa paz que no es posible describir en su totalidad es una paz que mantiene firmes a los hijos de Dios aún en medio de grandes males, de tempestades no pequeñas.

¿Cuál es la tempestad que en tu vida atraviesas hoy? ¿Depresión, muerte, separación, división, pérdida, enfermedad, angustia? ¿Qué es eso que hace que todo lo que te rodea se vea confuso y sin esperanza?

Cuando Pablo es llevado prisionero a Roma, la travesía se vuelve sumamente compleja a tal punto que la vida de él, de los demás prisioneros y la tripulación del barco en el que viajaban estaba en riesgo, sin mayor esperanza. La tormenta era tan fuerte que ni el sol ni las estrellas se habían podido ver, dice la Palabra, por muchos días. La tormenta les acosaba. Ya habían perdido toda esperanza.

Pablo, un hombre de gran fe, busca en oración lo que Dios haría. Pablo tenía algo bien claro: Dios había dado la Palabra de que él iría a Roma, y Dios no fallaría a Su Palabra. Y Pablo confió.

Ese es el primer valor de las promesas de Dios en tiempos de tormenta: darnos seguridad de que Dios les cumplirá aún cuando la tormenta parece tan feroz que no hay esperanza humana para salir de ella. Las promesas de Dios como un ancla firme de que Su Palabra no fallará, que Dios es fiel a Su Palabra.

Pablo intentó calmar el mal ánimo de la tripulación, dio la palabra de esperanza. Y es aquí donde radica la segunda parte importante en los tiempos de tempestad: acercarnos a hombres de fe, que entienden y están alineados al corazón y propósitos de Dios.

Pablo había advertido a la tripulación que este mal vendría (v10) pero el centurión (el que resguardaba a los presos, incluido Pablo) no le dio mayor peso a esa advertencia sino que zarparon.

La historia es conocida: perecen, la nave es destruida pero no hubo ni una sola persona muerta, porque Dios lo había prometido.

Puede que haya hoy tormentas no pequeñas en tu vida. Puede que estén pasando por momentos en que toda esperanza está desapareciendo a tal nivel que ni el sol ni las estrellas pueden ser vistas. En esos momentos es importante sujetarnos de las promesas de Dios que ha dado a nuestra vida, y acercarnos a hombres y mujeres de fe que puedan traer ánimo.

¡No desmayemos! Nuestra vida está en manos de Dios. Él la guiará hasta Sus propósitos, siempre ciertos, siempre eternos.

Del Desierto a Libertad

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Dios me ha bendecido con una amistad maravillosa, la de Liliberta! Una hermana en la fe que me ha enseñado tanto, su apoyo es algo que valoro grandemente y sus palabras son de gran consuelo, guía y ánimo.

Liliberta, graciaaaas por este texto. Gracias por sus consejos, su tiempo, su apoyo. Usted ha sido un gran apoyo en este tiempo, sin usted, este tiempo hubiera sido aún mucho más difícil. Dios le bendiga mucho mucho mucho! Le quiero mucho 🙂

Vida

Dedicado a mi mejor Amigo Jacob Pintle ( Jacsh) Por: Astrid Ramos .

1480956994185_1484_320x320Nunca sabremos como actúa Dios, pero tenemos que tener toda nuestra confianza puesta en Él, y creer que siempre actuará para nuestro bien . -Astrid R.-

    “Pues el Señor es el Espíritu, y donde está el   Espíritu del Señor, allí hay libertad”
2 Corintios 3:17 Ntv.
Así que, todos nosotros, a quienes nos ha sido quitado el velo, podemos ver y reflejar la gloria del Señor. El Señor, quien es el Espíritu, nos hace más y más parecidos a él a medida que somos transformados a su gloriosa imagen.” Ver.18 y 19 Ntv.

Parte 1

Quise empezar con la imagen y el versículo porque aunque va dirigido a ti, tu sabes que siempre Jesús es el centro y mi gran inspiracion al escribir y en todo. Un versículo nos dice que no sabemos como Dios hace todas…

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porque cuando soy débil

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“Y me ha dicho: Bástate Mi gracia; porque Mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo. Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte” 2 Corintios 12.9,10

 

Platicaba hace un par de días con un amigo que el ser gay y toda esta situación de compartir con la iglesia, con mi familia y amigos respecto a mi sexualidad, me ha permitido entender más sobre lo que representa seguir a Cristo. Cuando tuve oportunidad de viajar a Ghana, un país que condena a la cárcel a personas gays, y aprender más sobre otros países donde incluso las personas gays son condenadas a la pena de muerte, esto me ayudó a no temer a ambientes que no nos reconocen ni nos aceptan. Siendo sinceros, solo el Espíritu de Dios pudo traer esa paz y esa seguridad para no temer.

Y mientras analizaba el riesgo de viajar a países con este tipo de legislaciones, venía a mi mente algo que puede ser muy fuerte: si he de ir a la cárcel o morir por ser gay, preferiría mejor por ser cristiano.

Cuando era débil al ser rechazado, humillado, no reconocido aún como hijo de Dios por ser gay, eso me ayudó a ser fuerte, ser valiente para enfrentar hasta la muerte misma por el Nombre de JESÚS.

Le decía a mi amigo que si algo valoro mucho del ser gay es el poder entender aún más los ambientes que como cristianos en algún momento de nuestra vida tendremos que enfrentar: humillación, difamación, separación, persecución, rechazo, muerte. Y en este año, en ese viaje a Ghana, en estos meses, he podido ver como JESÚS a través de Su Espíritu me ha hecho fuerte, no como un asunto de vanagloria personal, sino como una verdad tan poderosa que se ha sembrado en mi corazón: no temas, eres fuerte en JESÚS, por Su gracia.

No quiere decir que debemos aceptar el rechazo y la humillación como algo “normal” en nuestras vidas, al contrario, creo que debemos luchar con armas espirituales para acabar con esos ambientes hostiles. Sin embargo, esa lucha, y esos ambientes, solo pueden ser ganados a través de la sangre de JESÚS, de Su Espíritu.

Amados hermanos y hermanas que enfrentan terrible persecución en lo físico, lo emocional y lo espiritual: ¡no desmayen! Nuestra salvación es del Señor. No se cansen de hacer el bien, de luchar por mejores ambientes para ustedes y para los que han de creer por el testimonio de fe de ustedes. Aun cuando el rechazo sea de las personas que más amamos, ni nuestro amor por Dios, ni nuestro amor por ellos, ni el amor por nuestros enemigos debe enfriarse, sino arder aún con más fuerza. Porque nuestra fuerza viene de Dios, porque nuestra fortaleza es JESÚS.