seis capítulos

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Bastaron los primeros seis capítulos de la Biblia, los del libro de Génesis, para llegar a la decepción que Dios tuvo por la humanidad. El hombre y la mujer, aquellos que conformaban lo más sublime de la creación en esta tierra, se habían convertido en la gran tristeza e ira de Dios al ver la maldad que había cubierto la tierra a causa de su separación de Dios y de su desobediencia. (Génesis 6:5,6).

Alguna de las filosofías antropológicas del Siglo de las Luces pregona una de las mentiras mayores que se ha dicho respecto al hombre, mentira que se sale al descubierto al estudiar estos primeros seis capítulos de la Biblia. Esta mentira dice: “El hombre es bueno por naturaleza, lo que lo corrompe es la sociedad”. Si revisamos a detalle estos capítulos de la Biblia descubriremos que el hombre es malo (pecador) por naturaleza y corrompe, por tanto, el ambiente donde se desenvuelve. Esta separación de Dios provoca, no sólo en aquel tiempo sino en nuestro tiempo también, que nuestra naturaleza de maldad domine nuestros pensamientos y nuestro actuar aun más allá de nuestras buenas intenciones. La historia de la humanidad está plagada de esta naturaleza de maldad en el corazón del hombre, aún en nuestro tiempo. Por más buenos sistemas de gobierno, por más buenas ideas para procurar la paz mundial, por más buenas iniciativas para lograr justicia social, por más leyes que busquen la equidad y justicia, todo termina por corromperse cuando el hombre se encuentra separado de Dios. No es la religión metida en el gobierno, sino Dios gobernando a nuestros gobernantes y a nuestra sociedad.

¿Qué hizo que la gran decepción de la humanidad detuviera a Dios de destruir a todo hombre? “Pero Noé halló gracia ante los ojos de Dios”. (Génesis 6:8).

Dios trajo el gran diluvio que terminó con casi toda la humanidad y las especies de la tierra. Pero por un hombre que caminó con Dios, es que la humanidad no fue extinguida por completo. En nuestro tiempo, un siglo semejante a los de antes del diluvio, los hombres hallamos gracia, misericordia y perdón por nuestra naturaleza de pecado a través del más grande sacrificio de amor hecho para salvación de los hombres: Jesús.

Jesús libra de la condenación a muerte que Dios ha dictado sobre este siglo a todo aquel que decide arrepentirse, creer en Él como Señor y Salvador, y caminar juntamente con Él, para glorificar al Padre con toda nuestra vida. Porque de tal manera Dios ama al hombre que ha dado a su Hijo por salvación nuestra.

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