incredulidad

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“Porque sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan”.

Hebreos 11:6

En el libro de Mateo en el capítulo 13 a partir del versículo 53 se nos narra la visita de Jesús a Nazaret. Esta visita fue caracterizada porque Jesús no hizo ningún milagro ahí  por una razón que hoy en día se encuentra no sólo en los no creyentes, sino en el pueblo cristiano: la incredulidad.

Este gran mal y pecado en la iglesia hoy en día hace que nuestros servicios carezcan de sentido, y aún más de la vida y la presencia de Dios. Los servicios dominicales se vuelven un mero entretenimiento para los feligreses, y para muchos de ellos una carga. Media hora de alabanza y adoración se convierte en un fuerte deseo de que se termine, la predicación un simple sermón que no trasciende más allá de las palabras y, si el predicador es ameno, de los chistes. No hay propósito en lo que se hace, las personas que asisten son meros asistentes y no hay apego emocional y espiritual uno de otros como una familia, los servidores cumplen con sus actividades, el predicador da el sermón, y todo sucede pero sucede sin vida.

Cuando Jesús llegó a Nazaret la gente que le conocía desde que era pequeño y habían convivido con su familia dudó desde el principio de él. No creían que aquel niño que creció en ese pueblo, aquel joven que vivió junto con ellos, y ahora este hombre que se presentaba a ellos como el Salvador podía ser quién se decía que era. Y debido a esta incredulidad, Jesús no hizo ningún milagro ahí.

Acercarnos a Dios no es nada más asistir a un servicio en domingo, o las demás reuniones en la iglesia en cualquier día de la semana. Acercarse a Dios no es sólo tener un tiempo diario con Él leyendo su Palabra y orando. Acercarse a Dios no es solamente ser diligente con nuestras responsabilidades en el ministerio y servicio. Acercarse a Dios no es sólo haber recibido salvación tiempo atrás en nuestra vida.

Acercarse a Dios es reconocer que Él es Dios. Es reconocer que Él todo lo puede. Es reconocer que Él ha dado todo por nosotros. Es reconocer que Él nos ama, y nos ama eternamente. Acercarse a Dios es creer en humildad y arrepentimiento que Él escucha de nosotros y está atento a nuestra voz porque Él se deleita en nosotros. Sí, se deleita en nosotros: en nuestras pláticas, en nuestros silencios, en nuestro vivir, en nuestra pasión por Él, en nuestra fe por Él. Acercarse a Dios sucede a diario, en todo momento.

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