el fluir de la oración

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“Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles”. Romanos 8:26

 

8:30 de la mañana, el grupo reunido en pie formando un círculo previo al primer servicio dominical, la intención: orar por las actividades a desarrollarse en ese día. La primera persona empieza orar, después otra persona continua en la oración, y así, el tiempo se va invirtiendo en las oraciones de varios de los reunidos ahí. Y en un momento, sin procurarlo con intenciones humanas, la oración de unos se vuelve la oración de todos: una sola oración se eleva hacia lo alto desde ese lugar. De pronto, un ruido disipa la atención. Las mentes de los reunidos ahí se empiezan a distraer con las voces de los que no participan en esa oración, los ruidos empiezan a distraer aún más. Una voz, al percatarse de lo que sucedía, dice: no detengan el fluir de la oración.

Si un cristiano desea jactarse de que es un hombre de oración y que dedica mucho de su tiempo en esta actividad, corre el riesgo de quitar el mérito  a Aquel de quien proviene toda oración poderosa. Cuando uno recibe la salvación y el Espíritu Santo viene a morar en nosotros, Él, el Espíritu, nos mueve hacia cosas extraordinarias que jamás en fuerza humana se hubieran alcanzado. Y una de esas cosas es la oración con propósito: una oración que viene emanada del corazón del Padre y que llega a Su corazón, una oración que conoce la voluntad del Padre y que, por tanto, fluye en ese sentir.

Las oraciones de los hombres suelen afanarse en cosas que nuestra mirada tanto física como espiritual alcanza a percibir, pero la oración del Espíritu a través de los hombres es un clamor y, en algunas ocasiones, pronunciada en lenguas. Detener el fluir de la oración del Espíritu, es detener la voz de Dios clamando a través de nosotros. Procurar el fluir de la oración del Espíritu, es procurar la poderosa voluntad de Dios no sólo en nosotros, sino en toda la creación.

En una ocasión hace un par de años Dios me reveló que aún en la oración, separados de Él nada podemos hacer. A partir de entonces, antes de toda oración y de que cualquier palabra sea pronunciada de mi boca, necesito buscar de su Espíritu para poder fluir en oración, esto es buscar y preguntarle a Su Espíritu que habita en nosotros cuál es la voluntad del Padre para este tiempo de oración. Cuando esto sucede, Dios me lo ha permitido vivir, cosas extraordinarias suceden en nuestro interior y en nuestro alrededor tanto físico como espiritual.

 

“Y [los miembros de la iglesia del primer siglo] perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones”. Hechos 2:42

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