vivir en santidad

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Hebreos 12:14

“Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá a Dios”.

 

La cultura popular en nuestro país y varios países con raíces religiosas comunes a las nuestras define a una persona santa a aquella que ha sido clasificada como tal por la institución religiosa que le soporta basada en una serie de requisitos y méritos humanos. Sin embargo, la Biblia no sólo no enseña eso, sino que manda a todo creyente a vivir en santidad, sin la cual nadie verá a Dios.

El anhelo en el corazón de un verdadero creyente es poder contemplar a Dios en toda Su majestad y hermosura, poder habitar donde Él habita, porque le pertenecemos a Él y en Él está nuestra plenitud. El anhelo en el corazón de un verdadero creyente es agradar a Dios a través de toda nuestra vida, incluidos pensamientos, emociones, y acciones. El anhelo en el corazón de un verdadero creyente es glorificar a Dios, no a uno a mismo, a través de todo nuestro ser. Sí, todo nuestro ser.

Y es aquí donde la santidad toma parte en nuestra vida. La palabra santidad expresa a aquello que está separado, apartado o consagrado para un propósito muy específico y muy sublime: glorificar a Dios. Pero ¿separados o apartados de qué? La respuesta es simple: apartados y separados de las cosas que no agradan a Dios. Nos preguntaremos: ¿qué cosas no agradan a Dios? La repuesta es también simple: su Palabra lo expresa todo. Es por eso que un verdadero creyente se deleita y ama la Palabra de Dios porque en ella encuentra vida, encuentra aquello que agrada y lo que no agrada al Ser que más ama en toda su vida: Dios.

Recuerdo mucho como Dios me enseñó santidad, y lo recuerdo porque Dios fue muy claro en ello. Y sucedió así: iba conduciendo mi coche en la carretera, escuchando la radio, y de pronto el coche empezó a fallar. Sin saber qué hacer porque iba en medio de la carretera, dejé que el coche se moviera por el impulso que llevaba hasta llegar a algún lugar donde pudiera orillarme. Al poder orillarme, clamé a Dios diciéndole: Padre, ayúdame, estoy en medio de este lugar sin saber cómo arreglar el coche. La respuesta de Dios fue: apaga la radio.

Entendí en ese momento algo impresionante: en esa época Dios me estaba llamando al ministerio de alabanza en Su iglesia, y en esa ocasión que iba conduciendo yo iba escuchando alguna música secular (del mundo). Después que Dios me pidió que apagará la radio, Él me dijo: santidad. Esa tarde quedé avergonzado tremendamente con Dios, pero profundamente agradecido por enseñarme su corazón.

Vivir en santidad no es vivir en legalismo, o cumpliendo méritos religiosos. Vivir en santidad es vivir amando Su ley y Su Palabra, viviendo de acuerdo a Su voluntad.

Quiero terminar preguntándote: ¿estás construyendo tu matrimonio sobre la Palabra de Dios? ¿Estás criando a tus hijos en la Palabra de Dios? ¿Realizas tus finanzas en la Palabra de Dios? ¿Estás viviendo separándote de las cosas del mundo basado en la Palabra de Dios?

Y seguramente Dios te pedirá que apagues la radio hoy de muchas cosas en tu vida.

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