nuestra plenitud

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Hace algunas semanas atrás tuve la oportunidad de asistir a la presentación de un libro y, para asombro mío, Dios me permitió ver cuánto el mundo de este siglo está tan centrado en el hombre y poco en las cosas de Dios. El autor de este libro hacía una serie de referencias que reflejaban que en el hombre está la respuesta a resolver los problemas que actualmente las parejas enfrentan. Esto es sólo una parte de cuánto el humanismo ha entrado en nuestra cultura y en nuestras vidas, es decir, cuánto el mundo de este siglo, incluidas las vidas de muchos cristianos, están centradas en el hombre.  Y esta es la religión de este siglo, afirma el pastor de la iglesia donde soy miembro: el humanismo.

Para confirmar lo anterior basta encender un televisor y ver lo que los anuncios y los programas transmitidos pregonan: avaricia, vanidad, hipocresía, mentiras, sexo, adicciones, enojo, ira, rencor, y la lista se extiende hasta encontrar un conjunto de antivalores disfrazados de supuesta realización personal que se han encajado en nuestra cultura y que muchos cristianos defienden y se esfuerzan en seguir. No es necesario ser un hombre con una madurez espiritual elevada para darse cuenta de que lo que se pregona en el mundo no sólo es hueco y sin sentido, sino que esto lleva a la muerte y a una plenitud ilusoria.

Muchos de nuestros jóvenes y adultos buscan llenar vacíos emocionales y espirituales a través de una serie de cosas, logros personales y profesionales, o en otras personas. Nuestros adolescentes han sido engañados haciéndoles creer que cuando sean “libres” de sus padres serán plenos, nuestros jóvenes constantemente buscan en una persona la respuesta a sus vacíos, nuestros adultos profundamente creen que en el dinero y las posesiones y cuanto más logren ahí podrán tener su plenitud. Pero la Biblia no sólo no afirma eso, sino que condena tajantemente el amor a las riquezas y a los ídolos. (1 Tim. 6:10, Deut. 5:7, y la lista de versículos es amplia).

Dios mismo sabe que sin Él nuestra vida carece de sentido. Hemos sido creados para depender de Él en nuestra totalidad. No es coincidencia que el primero de los diez mandamientos haga referencia precisamente a que nuestro ser debe estar enfocado totalmente en Él, y no es por una necesidad en Dios o una baja autoestima en Dios, sino porque Él sabe que nosotros tenemos diariamente necesidad de Él. Es por esto lo más maravilloso del sacrificio y resurrección de Jesús: podemos acercarnos al Padre sin límites, porque somos bienvenidos por lo que Jesús hizo por nosotros, somos limpios delante de Dios.

Constantemente Dios nos manda a evaluar nuestro caminar con Él, a examinar nuestra vida (incluidos pensamientos, emociones y acciones) y confirmar que hemos dado frutos en la fe, frutos que glorifiquen al Padre. Constantemente Dios pide que nos cuidemos de la idolatría porque esto no sólo hace referencia a adorar imágenes sino también nuestras posesiones, nuestra familia, nuestro ministerio, nuestro trabajo, o cualquier cosa en la que estemos basando nuestra plenitud.

Jesús debe ser todo para un cristiano, porque un cristiano verdadero se asfixia en este mundo corrompido cuando se encuentra alejado de Él, Quien es nuestra plenitud.

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