salvos de la ira

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“Mas Dios muestra Su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. Pues mucho más, estando ya justificados en Su sangre, por Él seremos salvos de la ira.”  Romanos 5:8-9

 

Algo que me impresiona de Dios es Su soberanía, es decir, Su capacidad para no depender de nadie y Su libertad para actuar sin estar condicionado por algo o por alguien. Hace un par de semanas aprendíamos que Jesús mismo ponía Su vida en la cruz para luego volverla a tomar, Él afirma: Nadie me quita la vida, sino que voluntariamente Yo la he puesto y la he tomado (Juan 10:17). Y aún en Su muerte, Su soberanía nunca fue quebrantada.

En esta soberanía de Dios, Él vendrá a juzgar el mundo y pronunciar juicio contra vivos y muertos para la eternidad. Aquellos que sean hallados culpables serán condenados a muerte eterna en el infierno, y aquellos hallados justos compartirán la eternidad en vida con Dios. Este tiempo, en el que Jesús vendrá y juzgará, es mencionado en la Biblia de distintas formas y una de ellas es “el día de la ira de Dios” (Sofonías 1). Este calificativo para este tiempo puede resultar bastante fuerte para algunos, sin embargo muestra el celo enorme de Dios por la rectitud y por la justicia. Dios destruirá a aquellos que hayan vivido en corrupción y muerte.

Entender los tiempos de la ira de Dios resulta en algo estremecedor y abrumador, ya que Él, quien no puede ser burlado, en su eterna Soberanía pronunciará juicio sobre cada una de las personas que han vivido, que viven y que han de vivir en esta tierra, y no dejará pasar o ignorar cualquier pecado por mínimo que sea. Aquí, es cuando uno entiende que no podemos estar limpios delante de Dios por nuestros propios méritos ya que constantemente nuestra naturaleza humana nos conduce al pecado y desobediencia, y por tanto, merecemos que ese día de la ira caiga sobre nosotros. Sin embargo, Dios ha provisto el único camino para todo humano de ser salvos de ese día: Jesús.

Ser salvos no sólo representa nuestra condición de poder estar en la eternidad con Dios, sino que representa que hemos sido librados de ese día de la ira de Dios. No por nuestros méritos, no por nuestras “buenas” obras, no por quienes somos, sino porque hemos sido justificados por medio de la fe en Jesús, por Su sangre. También, ser salvos es una condición diaria, es algo que vivimos cada momento de nuestras vidas porque tenemos la certeza de que somos perdonados por Dios y somos limpios delante del Padre, y que cuando algo o alguien intente condenarnos, podremos responder con seguridad: soy salvo por la fe en Jesús.

De igual forma, ser salvos no es una oportunidad para pecar de manera deliberada, ser salvos implica un constante arrepentimiento delante de Dios, examinar constantemente los frutos de nuestra fe, frutos dignos de arrepentimiento. Porque la vida de aquellos que han nacido de nuevo está en constante crecimiento en cada momento.

Dios no ha ignorado nuestros pecados (de hecho todos ellos han sido llevados por Jesús en la cruz), sino que Dios ha perdonado cada uno de nuestros pecados por creer que Jesús los ha pagado por nosotros, y nos ha librado del día de la ira.

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