sin argumentos

Estándar

“¿Dónde estabas tú cuando Yo fundaba la tierra?” Job 38:4

“Entonces dije: ¡Ay de mí! que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos.” Isaías 6:5

 

El pecado en nuestra vida puede estar siendo justificado por nosotros mismos con mentiras que hemos tomado como verdades, aprendí esto a través de un devocional esta semana. No sólo los no creyentes justifican su forma de vida, y su forma de actuar y pensar a través de argumentos tomados de la cultura en que vivimos y otras fuentes, sino que creyentes, cristianos, pueden estar viviendo en pecado pero no han sido capaces de percatarse de ello debido a que han fundado su manera de vivir a través de mentiras que se empeñan en defender como verdades, aun tomando la Biblia para justificarse a través de manipulaciones humanamente amañadas.

Podemos justificar nuestro carácter diciendo que así Dios nos ha formado, o podemos decir que actuamos de cierta forma porque así nos han educado, o podemos pensar de cierta forma porque así hemos aprendido. Sin embargo, cuando uno se acerca ante Dios, el Dios de toda verdad, de toda sabiduría, de toda gloria, nosotros no podemos argumentar algo a nuestro favor más que la sangre de Cristo. Cuando uno está delante del Padre nuestros argumentos son derribados porque en Él toda verdad es.

Dos personajes en la Biblia que Dios me permitió recordar son Job e Isaías. El primero, Job, hombre perfecto y justo, temeroso de Dios y apartado del mal, sufrió una serie de sucesos muy fuertes en su vida, desde perder todos sus bienes hasta perder a su familia y quedar completamente “solo” en enfermedad. Cuando Job empieza a cuestionar a Dios para entender por qué Él había permitido todo eso en su vida, Dios muestra Su soberanía y voluntad cuestionando a Job y concluyendo con: “¿Es sabiduría contender con el Omnipotente?” (Job 40:2), a lo que Job responde: “He aquí que yo soy vil; ¿qué te responderé?” (Job 40:4).Aquí Job recibió la revelación delante de Quien él estaba y delante de quien ningún argumento puede prevalecer.

Isaías, uno de los grandes profetas del Antiguo Testamento, recibe una revelación majestuosa de Dios en Su trono. Isaías al ver la gran majestad y gloria de Dios queda rendido y en su entendimiento recibe la revelación que él es tan inmundo para estar delante de Dios.

Hermanos, cuando Dios nos revele a través de su Santo Espíritu pecado en nuestras vidas, nosotros debemos correr delante del Padre en arrepentimiento e implorar perdón y saber que lo hallaremos por la sangre que Jesús ya ha derramado. No podemos justificarnos por nosotros mismos delante del Padre, porque delante de Él no hay argumento que pueda permitirnos seguir viviendo en nuestra vana manera de vivir. Necesitamos acercarnos día a día delante de Dios y permitirle que nos revele a través de su Espíritu aquellas cosas que necesitan ser cambiadas aunque parezcan “buenas” pero que estorban a Su voluntad, y todo pecado que puede estar  siendo oculto aun a nosotros mismos. Vivir en Cristo implica un constante crecimiento en humildad, arrepentimiento y en Su perdón.

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