la cultura cristiana (II)

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¿Cuánto de lo que hacemos cada día está basando más en nuestra cultura que en nuestra fe en Jesús y el amor a Dios? ¿Cuánto de lo que pensamos en todo momento está basando más en lo que se nos ha ido insertando en nuestra mente por el mundo y el diablo que en lo que Dios nos ha revelado a través de Su Palabra? ¿Cuánto de lo creemos está más sujetado en creencias populares que en lo que la Palabra de Dios enseña?

Me ha sido necesario volver a escribir sobre este tema, más que por profundizar en él es por el anhelo ferviente de Dios de que desechemos de nosotros toda atadura que de nuestra vida haya en el mundo o en las cosas del diablo. Cuando por primera vez conocemos del gran plan de salvación de Dios para el mundo y lo recibimos por fe, nuestra vida viene cargando montón de ideas, actitudes, creencias y formas de actuar que nuestra cultura (el mundo) ha colocado, y necesitamos limpiarnos día a día toda esa contaminación, desechando las obras del diablo. Y algo impresionante es que no estamos solos para limpiarnos de toda contaminación, sino que por fe sabemos que Jesús ha vencido y con Él esa purificación es posible a través de su Espíritu que mora en nosotros.

El gran problema, sin embargo, no radica en aquellos nuevos creyentes o nacidos de nuevo que se acercan al trono de la gracia de Dios para recibir salvación y ser purificados, sino que mucho de lo que hoy conocemos como “cristianismo” no son más que una serie de ideas del mundo disfrazas y hasta justificadas con la Biblia. En palabras simples esto es una religión más de las que tantas hay en el mundo, donde los líderes de esta religión prometen libertad, pero son ellos mismos esclavos de corrupción. (2 Pedro 2: 19).

La cultura cristiana no salva (y tampoco ninguna otra cultura salva). Ir a la iglesia el domingo, cantar cantos, escuchar la predicación, saludar a los asistentes de la iglesia, asistir entre semana a las reuniones, nada de esto salva. Las obras no salvan, la cultura no salva, las leyes de hombres no salvan. La Biblia es muy clara en ello: lo único que salva es nuestra fe en Jesús. (Efesios 2:8-10).

¿Cuánto de lo que vivimos a diario lo estamos viviendo por la fe en Jesús, por amor a Dios? Ir a la iglesia el domingo porque sé que puedo gozarme con otros por este regalo increíble de salvación, cantar cantos en la iglesia porque sé que puedo alabar a Dios con libertad y declarar cuán bueno es Él, escuchar la predicación porque sé que Dios me habla a través de ella, saludar a mis hermanos y darles palabras de aliento y bendición porque sé que Dios obrará en ellos, orar unos por otros porque sabemos que Dios escucha nuestras oraciones y nada es imposible para Él.

Ser salvo es una condición que dura toda la eternidad, no sólo un día, no sólo una semana, no sólo una temporada, somos salvos cada uno de nuestros días de vida en esta tierra y en la eternidad. Y Dios nos ha hecho a Su imagen, creados en Jesús para buenas obras sabiendo que toda nuestra vida, desde lo más secreto de nosotros hasta todo lo que los otros pueden ver, glorifica a Dios.

Estamos creciendo, sí, y sabemos que este crecimiento es por nuestra fe en Jesús, no por obra de hombres. ¡Somos libres por la fe en Jesús! ¡Somos libres! ¡Sí, libres! Y nada ni nadie puede quitarnos esa libertad.

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