¿gente buena onda ó verdaderos nuevos hombres?

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“Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.” Juan 3:3

“Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.” Juan 3:5

 

Nicodemo, un hombre reconocido entre los judíos, se acercó a Jesús de noche para aprender de Él. Jesús le revelaría una de los misterios más grandiosos por los que Dios había venido al mundo: darnos vida. Este hombre, Nicodemo, confundido por la enseñanza porque intentaba entenderle en términos humanos, preguntó a Jesús cómo un hombre siendo ya grande puede volver a nacer, pero Jesús le revela el tipo de nacimiento al que Él se refería: el nacimiento en agua y Espíritu, un nacimiento espiritual.

El nacimiento espiritual es asombroso, aquellos que lo han experimentado sabrán a lo que me refiero. Hombres y mujeres cuyo pecados son hechos nada cuando ellos creen en verdad en Jesús, hombres y mujeres que reciben un gozo indescriptible por la fe, hombres y mujeres que despiertan día a día con un anhelo eterno de conocer y aprender más de Dios, hombres y mujeres con un deseo profundo de compartir de Jesús a otros. Eso es en términos entendibles lo que un nacido de nuevo experimenta, y mucho más. Pero estos hombres y mujeres nos enfrentamos a un desafiante reto: dar frutos dignos de arrepentimiento.

Sabemos que el caminar por fe y caminar con Dios es un proceso que nos lleva toda la vida hacia una meta eterna: desarrollar el carácter de Jesús en nuestras vidas. Y sabemos también que nuestra vida necesita ser perfeccionada, porque Jesús nos manda a ser perfectos como Él. La palabra perfección aquí hace referencia a ser íntegros. Sin embargo, en nuestra caminar cometeremos errores por la naturaleza humana en la que vivimos y muchos hombres nos señalarán y dirán: ¿no qué eres cristiano? El ser cristiano, por tanto, añade una expectativa a nuestra vida: dar frutos día a día, haciendo que nuestros frutos sean mayores a nuestros errores. Y por fruto entendemos, entre otras cosas, aquellas cualidades de carácter que se van desarrollando en nosotros: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza. (Gálatas 5:21,22).

Caminar con Dios no es ser gente buena onda, sino verdaderos nacidos de nuevo, nuevos hombres en cuya vida el carácter de Jesús se forja día a día. ¿Cuánto en este día te pareces más a Jesús? ¿Eres más como Jesús hoy de lo que fuiste ayer?

 

El título de este texto fue tomado del libro “Mero Cristianismo” de C.S. Lewis.

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