nuestro Dios no es mudo

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“He aquí el Señor nuestro Dios nos ha mostrado Su gloria y Su grandeza, y hemos oído Su voz de en medio del fuego; hoy hemos visto que el Señor habla al hombre, y éste aún vive.” Deuteronomio 5:24

 

Cada vez que uno se dispone a escribir algún texto que exprese lo que Dios quiere hablar a través de nosotros, nos acercamos con un temor reverente pidiendo a Dios que lo que salga de nuestra boca, o las letras que se escriben a través de nuestras manos (incluidos nuestros pensamientos) expresen íntegramente lo que Dios quiere hablar. No es una tarea sencilla cuando tenemos en nuestra mente y en nuestro corazón montón de ideas y sentimientos que más que Dios pudieran estar siendo provocados por nuestras vivencias y nuestra naturaleza humana. Esto no quiere decir que todo lo que pensemos y todo lo que sintamos sea malsano o perverso, pero es necesario que en nuestro vivir, y en mayor cuidado cuando hablamos de Dios a otros, llevemos todo pensamiento cautivo a la obediencia en Cristo (2 Corintios 10:5), esto es, que nuestra mente y nuestro corazón esté completamente sujeto a lo que Dios es y a lo que Dios quiere hablar.

Si de algo podemos estar seguros, y no sólo por el testimonio de otros hombres de fe a través de la historia y en nuestros tiempos, sino en nuestra vida, es que Dios habla. Muchos que no creen en Dios, o que profesan otras creencias, pueden señalarnos como hombres y mujeres supersticiosos, que creemos filosofías para sentir una tranquilidad interna, sin embargo, aquellos verdaderos creyentes sabemos que Dios es muchísimo más real de lo que nosotros pensamos o creemos, y que el Dios que predicamos no es un Dios lejano o indiferente a nosotros, y lo sabemos porque hay evidencias reales en nuestra vida que lo demuestran.

La Biblia es un testimonio fuerte del gran anhelo de Dios por hablar a la humanidad. Sabemos que la Biblia fue escrita por hombres que escucharon la voz de Dios, que vieron Sus obras, que caminaron con Dios. Sabemos que la Biblia fue escrita en tiempos históricos, sociales y culturales específico que, aunque suenan distantes, nos permiten conocer el Dios al que servimos.

También, Dios usa la vida de otras personas, circunstancias en nuestra vida, y aún el mismo silencio para hablarnos. La gran pregunta, y más en este tiempo lleno de tantas filosofías, es: ¿cómo saber cuándo realmente es Dios quien habla? La primera respuesta básica es: aquello que esté fielmente basado en la Palabra de Dios (la Biblia), sin distorsiones. Sin embargo, para alcanzar esta madurez en el conocimiento de Dios, necesitamos madurar no sólo leyendo Su Palabra, sino meditándola, platicándola con Dios, pidiéndole que nos permita entender con claridad lo que Él quiere expresarnos. Es de muchos conocidos que el mismo Satanás conoce la Palabra de Dios, y muchísimo mejor que muchos de nosotros, sin embargo Satanás, padre de mentira, todo lo distorsiona y tenemos que tener mucho cuidado.

Jesús dijo a Sus discípulos: “mis ovejas oyen mi voz, y Yo las conozco, y me siguen” (Juan 10.27). Y ésta es la clave al escuchar a Dios: conocer Su voz. ¿Cómo conoceremos Su voz? Teniendo tiempos a solas con Él, meditando en Su Palabra, orando, pidiéndole discernimiento.

Dios constantemente anhela hablar a sus hijos, no quiere que ninguno de nosotros se pierda entre tantas mentiras que hoy rodean a este mundo. La pregunta hoy para nosotros es: ¿qué está hablando Dios a tu vida?

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