¿qué sale de nuestra boca?

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“Y toda la congregación de los hijos de Israel murmuró contra Moisés y Aarón en el desierto; y les decían los hijos de Israel: Ojala hubiéramos muerto por mano del Señor en la tierra de Egipto, cuando nos sentábamos a las ollas de carne, cuando comíamos pan hasta saciarnos; pues nos habéis sacado a este desierto para matar de hambre a toda esta multitud.” Éxodo 16:2,3

 

Era un video que se movía con rapidez por las redes sociales. Era el video más reciente del discurso de nuestro presidente donde se había equivocado una vez más. Muchos no tardamos en compartirlo para reírnos y para criticar, para elevar nuestro ego de buenos ciudadanos y decir: ahí está por quien votaron. Y Dios rápidamente cayó mi boca y me ordenó no compartirle más.

En los últimos meses Dios ha tratado mucho conmigo respecto a lo que sale de mi boca. Muchas veces he criticado (murmurado) en contra de varias personas por considerar que sus acciones son incorrectas, o porque no tienen la capacidad para hacer determinadas cosas, u ostentar determinado cargo que no se merecían. En más de una ocasión Dios me pedía dejar de criticar (murmurar) en contra de ellas, pero hice caso omiso más que por no querer agradar a Dios, por mi enorme inconformidad ante esas situaciones. Encontré en más de una ocasión pretextos para justificar mi crítica y aún presentarle delante de Dios y decirle: pero Dios, tú sabes que ellos están mal. Y mi gran orgullo ahí estaba, y yo sin darme cuenta de ello.

Algunos de nosotros podemos entender el murmurar como sólo levantar falsos testimonios, o decir chismes o mentiras sobre ciertas personas. Pero Dios me mostró que aún el criticar, aun cuando la crítica fuese con fundamentos, es murmurar. Ahí está el pueblo de Israel, en el desierto, sin que comer y de pronto murmuraron en contra de Moisés y Aarón. Y esta situación no hacía más que mostrar el verdadero corazón del pueblo.

Jesús nos enseñó que lo contamina al hombre es lo que sale de nuestra boca, porque del corazón sale. Y de ahí, del corazón, surgen grandes pecados, terribles. (Mateo 15:18,19).

Cuando Dios me pidió no compartir más el video de nuestro presidente, me dijo algo que me enseñó una lección: ora por él. Y Dios venía diciéndome eso desde hace meses. En lugar de criticar, ora. En lugar de murmurar, ora, pide por ellos, pide que Dios muestre misericordia en ellos, que Dios obre en sus vidas para salvación y no para mis intenciones soberbias y ególatras.

Detener nuestra lengua de murmurar puede ser difícil porque todo lo que decimos viene de nuestro corazón. Pero si empezamos a llenar nuestro corazón del amor de Dios, de Sus mandamientos, de Su Verdad, sin lugar a dudas de nuestro corazón saldrá bendición para todos, aún aquellos que viven en pecado, porque nosotros no somos quien para juzgar pero sí para llevar salvación en Jesús.

La próxima vez que estemos tentados a criticar, mejor es bendecir y pedir a Dios fervientemente para que Él toque sus vidas. Dios nos dará sabiduría para saber como actuar en toda situación.

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