maldiciones como supuestas bendiciones

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 “Hay caminos que parece derecho al hombre, pero su fin es camino de muerte.”  Proverbios 16:25

 

¿Has escuchado o conocido de alguna persona que ha ganado un gran premio económico y tiempo después su vida está en ruina tanto emocional, espiritual e incluso económicamente? ¿Has escuchado o conocido de alguna persona dotada con un talento especial en la música, en las artes, en algún deporte o en la ciencia que después de grandes logros en esas áreas su vida se encuentra carente de propósito o sentido?

Constantemente gran parte de lo que nos rodea logra insertar en nuestra mente esa falsa idea de éxito, un éxito al estilo del hombre. Un éxito basado en lo que poseemos, en lo qué podemos hacer de manera sobresaliente, o en lo que otros piensan al respecto de nosotros. Actualmente, en estos días es más reconocido un hombre rico que un hombre honesto, es más valorada un gran cantante que un joven que anhela justicia para los desprotegidos, es más sorprendente un hombre cuya carrera profesional es reconocida que un padre de familia que ama, respeta y cuida de su familia.

Muchos de nuestros jóvenes buscan un hombre o mujer para compartir su vida basado en sus posesiones, aspecto físico, o la estabilidad que puede proveerles, que en sus valores y su relación con Dios.

Continuamente nuestra oración a Dios puede estar muy basada en nosotros, muy orientada a que el mundo se fije en nosotros, pero cada vez menos en Dios. Y cuando uno de esos deseos egoístas, ese anhelo por ser reconocido y alabado por los hombres llega a realizarse en nuestras vidas, tenemos la falsa y terrible creencia que ha sido una gran bendición, pero su fin es muerte.

Es por ese gran peligro que nuestra vida diariamente necesita ser expuesta delante de Dios para reconocer Su voluntad y no la nuestra, para entender Sus propósitos y no nuestros deseos carnales. Dios más que nadie desea para nosotros el bien, pero el bien a la manera de Dios, no a la manera en la que este mundo lo ve.

Satanás es muy sutil, este mundo lo es también. Intentarán ofrecernos cantidad tremenda de cosas que parecen “buenas” pero al final terminarán alejándonos de Dios y de Su propósito. Si aquello que en tu vida está llegando por muy “bueno” que parezca te está alejando de Dios más que acercándote a Él, sin dudarlo eso es algo que está maldiciendo tu vida sin importar que tan “bien” se vea ante nuestros ojos o los ojos de los demás.

Es necesario, entonces, que día a día nos preguntemos: ¿qué anhela tu corazón hoy: que Dios sea glorificado o que tu vida sea glorificada?

Y si nuestro anhelo está enfocado en nosotros, necesitamos acercarnos a Dios en completa humildad y pedirle perdón por querer robarle Su gloria, algo que Satanás intentó hacer ya hace mucho tiempo y que terminó por envenenarle.

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