el niño a la puerta

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“He aquí, Yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye Mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.” Apocalipsis 3:20

 

“Él prometió volver”, se repite para sí el niño que con una mirada fija sobre la Puerta Dorada espera apasionado por su Rey.

Habían pasado milenios cuando su Rey había prometido volver. Aún lo había prometido antes de venir la primera vez.

El niño, quien llevaba en ese lugar milenios enteros,  nunca desesperaba pues sus ojos fijos llenos de esperanza y fe aguardaban cada segundo esperando que en el segundo siguiente que sucedía al que se consumía su Rey llegaría lleno de gloria, lleno de poder, lleno de autoridad, lleno de paz, lleno de justicia, lleno de Verdad.

Muchos habían intentado convencerle de que su espera era innecesaria y que un rey nunca tarda tanto. Habían intentado arrebatarlo de ese lugar, pero él entre su gran fe siempre lograba permanecer. Nada, absolutamente nada, ha logrado convencerle. Guerras pasaron, muros cayeron, el pueblo se alejó de su primer amor, pero él permanece ahí. El pueblo fue disperso a todas las regiones de la tierra, sus hombres y mujeres fueron llevadas cautivas a reinos lejanos, sus casas fueron destrozadas, pero el niño consigue escaparse de toda persecución y siempre espera ahí, cerca de la Puerta Dorada con sus ojos siempre fijos.

¿Has visto a un niño que con asombro recibe un regalo? El espera de esta forma, asombrado por el regalo dado en promesa que aun no había recibido, pero que sabe que en algún momento estará ahí, su Rey.

“Ábranse puertas antiguas”, grita en ocasiones el niño sintiendo en su corazón un anhelo que le consume por ver a su Rey. Más la Puerta Dorada continua ahí, esperando también.

Su Rey ha prometido volver, Él no tarda. El Dios de Jacob, Él ha prometido y Él es fiel a su Palabra. ¿Qué más que Su Palabra para aguardar Su llegada?

“Ábranse puertas antiguas”, el niño gritará cuando su Rey esté ahí, para abrazarle y nunca dejarle. Para permanecer siempre con Él porque la espera habrá sido suficiente, habrá sido necesaria, habrá sido cumplida.

El niño espera a la puerta, su Rey espera el cumplimiento de los tiempos para volver por los Suyos.

“Ábranse, puertas antiguas, y dejen que entre el Rey de gloria. ¿Quién es el Rey de gloria? El Señor de los Ejércitos Celestiales, Él es el Rey de gloria.” Salmo 24.10

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