cuando no había rey

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“En aquellos días no había rey en Israel; cada uno hacía lo que bien le parecía.” Jueces 17.6

 

La historia de Israel narrada en libro de Jueces es una historia llena de grandes decepciones. Es la historia de un pueblo que después de entrar a la tierra prometida, que después de que Dios les entregó y derrotó a los pueblos que habitaban en esa tierra, que después de que Dios cumplió Su Palabra de entregarles esa tierra, se volvieron a sus pecados y a sus propios razonamientos para conducir su vida.

No fue la generación que entró a la tierra prometida la que fue infiel a Dios, sino la que siguió después de Josué y la de los ancianos que sobrevivieron a Josué (aquellos que sabían todas las obras que el Señor había hecho en Israel). (Josué 24.31) Esa generación, la que siguió después de Josué y los ancianos, fue una generación que tristemente no sabían ni conocían de Dios, una generación de un pueblo elegido por Dios que ignoraba a Dios y seguía sus propios razonamientos.

Las historias narradas ahí son las de un pueblo que es llevado de un lado a otro, y que por varias ocasiones Dios, movido a misericordia por el sufrimiento del pueblo, les proveía un líder para conducirles, pero una vez muerto este líder el pueblo se volvía a sus caminos de perversidad y aun peores que las de sus padres, porque no conocían a Dios.

La historia de ese tiempo puede parecer similar a la de muchas iglesias, de muchas familias, a la de muchos creyentes en lo individual en estos tiempos. Iglesias, familias y creyentes que oyeron de Dios pero nunca se rindieron completamente a Él. “Creyentes” que no rindieron todo a JESÚS para que Él gobernara y guiara sus vidas, sino que siguen llevando sus vidas con argumentos humanos y no de Dios y Su Palabra.

JESÚS está llamando a la puerta de nuestra vida, Él desea salvarnos de nuestros enemigos y nuestros pecados, Él desea que vivamos una vida en victoria, pero no quiere que nuestras victorias o nuestra libertad sea momentánea, sino que desea darnos una victoria eterna aún en esta vida.

Necesitamos conocer más de Dios, pero no un conocimiento intelectual que sólo nos envanece, sino de una revelación en nuestro espíritu que nos lleve a rendirnos más y más a Él, anhelándole cada día más. Porque sin Él nuestra vida se asfixia, porque JESÚS es muchísimo más importante en nosotros que el aire que respiramos y el alimento que comemos cada día.

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