el querer como el hacer

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“porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por Su buena voluntad.” Filipenses 2:13

 

El apóstol Pablo en su carta a los romanos describe una de las luchas que todos los humanos enfrentamos: hacer lo que aborrecemos. (7:15) Y explica Pablo en esta carta que este actuar viene provocado por el pecado que habita en nosotros (v. 17), ya que en la carne (nuestra naturaleza humana caída) no habita el bien sino el mal.

Es muy frecuente que nos enojamos y perdemos en ocasiones el control de lo que decimos o hacemos, y después darnos cuenta que realmente no queríamos enojarnos y mucho menos ofender de las formas en que lo hemos hecho. También, quizá, es común que en nuestra mente hay pensamientos malsanos e incorrectos y continuamente luchamos para que nuestra mente esté alejada de esos pensamientos, pero continuamente vuelven a uno. A veces el desánimo llega y nos impide movernos aún a pesar de que por dentro algo nos dice y nos motiva a seguir. Hemos hablado mal o murmurado en contra de alguna persona, hemos dejado que nuestro orgullo crezca sintiéndonos superiores moralmente que otros, o no hemos sido generosos con nuestro tiempo, nuestros recursos, nuestras acciones… y la lista puede crecer. Sin embargo, algo dentro de nosotros continuamente quiere el bien, pero nuestras acciones, actitudes o nuestras palabras terminan por hacer todo lo contrario. Esa es la gran lucha que día a día enfrentamos: el pecado en nuestra carne.

Pero lo más especial y maravilloso lo describe Pablo en esa misma carta en el capítulo 8, y en su carta a los filipenses: Dios pone no sólo el deseo sino también la acción para actuar de tal forma que le glorifiquemos. Es por esta situación que en varias ocasiones, muchas diría yo, nos damos cuenta en nuestro caminar con Dios que lo que estamos haciendo ahora no es más que la obra del Espíritu de Dios en nuestra vida. Su Espíritu que nos une en un cuerpo para producir frutos no sólo en nuestro carácter sino en nuestra vida entera: pensamientos, emociones, acciones, actitudes, sueños.

Cada día en nuestro andar con Dios nuestra vida está siendo moldeada al carácter de JESÚS hasta que lleguemos a Su estatura.

Es maravilloso saber que Dios no sólo nos da acceso a Él y a la eternidad, sino que nos mueve a crecer no en conocimientos humanos, no en actitudes superficiales, no en banalidades y cosas temporales de este mundo, sino en carácter y en Su conocimiento. Dios cada día está trabajando en nosotros y hoy deseo que cada uno de nosotros dejemos que Él obre libremente en nuestra vida: en cada célula, en cada pensamiento, en todo nuestro ser.

La buena obra que Dios ha comenzado en nosotros, la completará hasta el fin de los tiempos. Porque Él es fiel.

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