la obra que perdura

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“estoy persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo;” Filipenses 1:6

 

Continuamente nuestra oración puede estar orientada a nuestras necesidades que de este mundo se desprenden: alimento, salud, protección, cuidado, provisión, etc. Sin embargo, a pesar de que en esta oración la motivación y el deseo no son en nada malvados, hay algo en ella que pudiera pasar desapercibido a nosotros: su trascendencia en lo eterno.

No hay nada malo pedir por alimento, o por salud, o protección, pero antes de que Dios cubra esa necesidad, necesitamos pedir a Dios que desarrolle en nosotros el discernimiento a través de Su Espíritu para entender el propósito eterno en cada circunstancia buena o mala.

Hay una necesidad muy fuerte en las familias actualmente, en mi familia la hay. Y también hay una necesidad muy urgente en cada persona. Y la necesidad aun mayor, aquella que urge, es aquella que está en el espíritu, aquella que de ser suplida no perecerá.

Jesús, cuando estuvo en este mundo, constantemente hizo milagros: sanó enfermos, alimentó a miles, daba vista a los ciegos, convirtió el agua en vino. Pero los milagros que verdaderamente trascendieron fueron aquellos que llegaban el espíritu de las personas: el perdón, la salvación, la libertad.

Hoy podrás escuchar miles de líderes religiosos hablar de poderes sobrenaturales para sanar, traer prosperidad, como ser exitoso en los negocios. Pero oirás a pocos hablar de aquel poder que hace una obra que perdura: la de tu alma, la de espíritu, aquella obra que una vez que hecha no perecerá.

No quisiera que pienses que pedir por alimento, o salud, o provisión, es malo. Para nada lo es. Pero es importante que Dios revele a nosotros el propósito en ello y evaluar nuestro corazón si esta petición es para nuestros deleites carnales, o para glorificarle a Él.

Sé que tienes necesidad hoy, en tu alma y en tu espíritu. Dios está muy interesante en mostrarte que no estás solo, y que Él tiene el poder para restaurar tu alma y tu espíritu.

Mi oración hoy es para que Dios nos muestre aquello que necesita ser cambiado en nosotros y podamos orar para que seamos cada vez más como Jesús.

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  1. Gran tarea tendrá Dios para hacernos ver “aquello que necesita ser cambiado en nosotros”, empeñados en adorar al becerro de oro o más bien, como dice un escritor, “adorar al oro del becerro”. Los potentes vientos del individualismo egoísta han arrasado el que para mí es el principal mensaje del Evangelio: la hermandad.
    Un fuerte abrazo

    • Paaaaap!!! Muchas gracias por su comentario… los retos de nuestra situación actual como humanidad pueden ser complejos y casi imposibles de resolver en fuerzas humanas…
      Sin embargo, coincido con usted =) , uno de los grandes mensajes del Evangelio es esa libertad que se logra al estar unidos en Jesús …

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