dioses falsos

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“Yo, el Señor; este es mi Nombre; y a otros no daré mi gloria, ni mi alabanza a esculturas.” Isaías 42.8

 

“Los ídolos de ellos son plata y oro, obra de manos de hombres. Tienen boca, mas no hablan; tienen ojos, mas no ven; orejas tienen, mas no oyen; tienen narices, mas no huelen; manos tienen, mas no palpan; tienen pies, mas no andan; no hablan con su garganta. Semejantes a ellos son los que los hacen, y cualquiera que confía en ellos.” Salmo 115.4-8

 

¿Cuántas veces la Palabra nos narra que Dios confrontó y humilló a dioses falsos? ¿Recuerdas las plagas en Egipto donde cada una de ellas estaban relacionadas a dioses que los egipcios adoraban? ¿O cuando Moisés encontró al pueblo de Israel adorando un becerro de oro en el desierto? ¿O cuando Elías enfrentó a los profetas de Baal? Y en varias ocasiones más Dios confronta y humilla a esos dioses falsos que los hombres se han formado. Y en este tiempo Dios es el mismo, nuestro Dios que no comparte Su gloria.

Cuando hablamos de dioses falsos es muy común que pensemos en imágenes o en religiones, sin embargo, en este tiempo, muchas personas se han levantado dioses falsos en los cuales está su confianza, a ellos adoran día a día y a ellos entregan su vida. Dioses como el dinero, el conocimiento, los placeres, el cuerpo, el trabajo, la carrera profesional, y tantos otros más.

¿Cómo podemos identificar si hay dioses falsos en nuestra vida? Con una pregunta sencilla: ¿hay algo en tu vida en lo que confíes antes que en Dios? En medio de una necesidad económica, ¿tu confianza está en tu cuenta bancaria? Tus planes para el futuro, ¿están confiados en tu carrera profesional, o tu trabajo, o tu familia, o en tus talentos y habilidades, en tu salud?

Quisiera que tomaras un tiempo, unos minutos al menos, para hacerte nuevamente esa pregunta: ¿hay algo en tu vida en lo que confíes antes que en Dios? ¿A caso tu ánimo y tu estabilidad dependen de la bolsa de valores, del clima, de qué tan bien te sientes hoy? Y si la respuesta es sí, es tiempo de que te presentes delante de Dios en oración, en humildad, en arrepentimiento, derribando todos esos dioses falsos que te has formado, y pidiendo a Dios fe y confianza para basar toda tu vida, incluido el respirar, en Él.

No esperes el tiempo en que Dios humille esos dioses falsos y una vez sin ellos tu vida sea expuesta. No confíes en tus razonamientos, ni en los del mundo, ni en nada que no esté basado en Palabra de Dios.

Dios te quiere libre, completamente libre. De tus miedos, de tus fracasos, de tus dioses falsos. Y sólo JESÚS puede traerte esa libertad.

Humildemente presentante delante del Padre cada día, y pide desesperadamente para que Él revele tus dioses, limpie tu corazón de ellos, y Él reine en tu vida. Porque nuestro Dios Celoso es.

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