la buena batalla de la fe

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“Más tú, oh hombre de Dios, huye de estas cosas, y sigue la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la mansedumbre. Pelea la buena batalla de la fe, echa mano de la vida eterna, a la cual asimismo fuiste llamado, habiendo hecho la buena profesión delante de muchos testigos”. 1 Timoteo 6:11,12

 

Cuando el apóstol Pablo se refiere a huir de “estas cosas” hace referencia a los versículos anteriores a este pasaje donde se señalan aquellas cosas de las que un hijo de Dios tiene que tener mucho cuidado y huir de ellas: enseñanzas no basadas en la palabra de Jesús, la codicia, el amor al dinero. Y después de esta advertencia, Pablo nos llama a seguir aquellas cosas que permanecen: justicia, piedad, fe, amor, paciencia, mansedumbre.

Y esta advertencia de Pablo es muy vigente en nuestros días.

Recientemente los ataques a la fe son tan diversos, sutiles y muy peligrosos. Van desde enseñanzas mal enfocadas y con intenciones malvadas por supuestos líderes religiosos, hasta el mal testimonio de creyentes que cada vez más se amoldan y se conforman al mundo y sus enseñanzas. Vemos líderes, no solo religiosos, cuyo fin es enriquecerse y cuyos corazones están fuertemente enamorados del dinero. Sin embargo, la advertencia de Pablo está muy enfocada a los creyentes, a creyentes que necesitan evitar las enseñanzas no bíblicas, a codiciar y amar el dinero.

Pelear la buena batalla de la fe es a lo que estamos llamados todos los hijos de Dios. Pelear esa batalla que no se gana con armas humanas ni con estrategias de hombres, sino con justicia, con piedad, con fe, con amor, con paciencia, con mansedumbre. Pelear la buena batalla requiere de la gracia de Dios en nuestras vidas y de la sumisión completa de nuestra voluntad al Espíritu de Dios, echando a un lado toda creencia que se opone a la Biblia, sometiendo todo deseo a los propósitos de Dios, anhelando fuertemente a Dios y las cosas eternas de Su reino.

Y es buena la batalla porque la victoria ha sido asegurada por Jesús al vencer a la muerte, porque es una batalla donde nuestra vida está segura y confiada, donde estamos del lado de Aquel que es invencible, que todo lo puede.

Cada día esta batalla se pelea con nuestra fe y con nuestro buen testimonio, con nuestro actuar, con nuestras palabras, con nuestros pensamientos. Esta batalla se pelea en nuestros pensamientos y en nuestras emociones, en nuestro alrededor también. Somos más que vencedores por Jesús.

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