y conocerás que Yo soy Dios

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“Y habitaré entre los hijos de Israel, y seré su Dios. Y conocerán que Yo soy el Señor su Dios, que los saqué de la tierra de Egipto, para habitar en medio de ellos. Yo el Señor su Dios.” Éxodo 19:45,46

 

“Y si me preguntan: ¿cuál es el mayor acto de fe?” Preguntaba un pastor, a lo cual respondió: “Para mí, es mirar al espejo de la Palabra de Dios y ver todas mis fallas, todos mis pecados, todas mis deficiencias y creer que Dios me ama exactamente como Él dice que me ama.” (1)

Esta verdad difícilmente tiene cabida en la mente y en la vida de hombres en quienes su única esperanza está en las obras, las obras de la carne. Hombres que gastan su vida haciendo proyectos, haciendo grandes obras, construyendo grandes ministerios para ser vistos por los hombres y ganar el favor de Dios, sin embargo todo ya ha sido ganado por Cristo en la cruz. Los hijos de Dios no hacen buenas obras creyendo que podrán ganarse el cielo, pero los hijos de las tinieblas sí. Los hijos de Dios hacen buenas obras porque en ellos está el Espíritu de Dios que les mueve a vivir en agradecimiento a Dios por ese perfecto amor, en vivir con una vida recta que sólo es posible vivirla si Dios está en nosotros, porque en méritos de hombres nadie, incluidos tú y yo, podemos ganar el favor de Dios. Jesús lo ha pagado todo. Eso es sobrenaturalmente sorprendente.

Cuando Dios promete a Su pueblo que habitaría entre ellos, y que ellos conocerían que Él es Dios, el pueblo de Israel estaba recibiendo una de las mayores promesas que Dios tenía para ellos: Su presencia en medio de ellos, Su cercanía para escucharle, Su temible hermosura para contemplarle, Su inexplicable grandeza para vivir confiados. Ese anhelo de Dios tan fuerte de habitar con Sus hijos.

Dios les dio Su ley para que la vida de Su pueblo fuera alineada al corazón de Dios. Sin embargo, el pueblo demostró la tremenda incapacidad de poder cumplir con cada uno de los mandamientos lo que les hacia culpables delante de Dios. A pesar de ello, Dios seguía anhelando para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras.

Cuando Dios muestra a la humanidad que con nuestra débil e imperfecta existencia no podíamos llevar vidas rectas, Él proveyó a Su hijo para acercarnos a Él, para poder habitar con Él, para poder conocerle a Él en toda Su gloria. Y no sólo eso, sino que nos dejó a Su Espíritu para que nuestras vidas fueran conducidas en perfecta santidad y rectitud.

No tenemos nada que ofrecerle a Dios, más que nuestras vidas así de imperfectas. No hay buena obra que pueda hacer que Dios nos ame más, Su amor es perfecto. No podemos vivir nuestra vida con toda esa carga de culpa y de pecado y de maldad, porque terminaremos reconociendo que sin Dios nada es posible. Tu vida sin Dios no tiene sentido, pero tu vida con Dios puede ser usada de maneras que ni tú ni yo podemos imaginar para gloria de Él.

Que cada paso que demos en nuestra vida nos permita conocer más del gran Dios al que servimos, al que servimos con una profunda humildad y con un agradecimiento infinito.

—-

(1) http://www.youtube.com/watch?v=A1R6mZl8HBU

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  1. Gracias mi Dios por tu inmenso amor, gracias mil por cada día y por cada hermano o hermana que día a día refleja tu amor por la humanidad.

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