no se trata de mí

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“Él [JESÚS] es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. Porque en Él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de Él y para Él. Y Él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en Él subsisten”. Colosenses 1: 15-17

 

Una de las grandes mentiras que el humanismo de nuestra época pregona es que uno es el dueño de su propia vida, de su propio destino. Continuamente escuchamos mensajes en la TV, en la música, en los libros y revistas de moda, en el cine, de que dentro de nosotros está el poder para cambiar nuestra vida, que uno tiene toda la capacidad para poder ser todo un triunfador, un hombre o mujer de éxito.

Ese tipo de mensajes suena alentador cuando la persona que le escucha ha pasado por momentos en su vida que son difíciles y en los que parece que todo está en su contra, cuando nadie le acepta o ama, cuando todos su burlan y menosprecian. Y ahí, en ese mensaje de que dentro de ti está el poder, está una mentira sutil que terminará por hundir más su vida en una soledad y en un individualismo que el humanismo defiende.

Sin embargo, JESÚS fue muy claro al decirnos que para ser Sus seguidores necesitábamos negarnos a nosotros mismos, debemos dejar de fijar nuestra vida en nosotros y empezarla a fijarla en Él. Y aquí surge una de los grandes conflictos que todo hombre enfrentamos: nuestra vida no es nuestra.

Esta vida no se trata de nosotros, no se trata que nosotros brillemos, no se trata de que nosotros seamos famosos y conocidos y ricos y exitosos. Esta vida se trata de que JESÚS brille, de que Él sea conocido, de que Él sea glorificado, de que Él sea visto en nosotros. Se trata de que todo nuestro ser confiese día a día a JESÚS como Señor aun sin siquiera pronunciar una sola palabra, porque nuestra vida toda lo declara y no puede ocultarlo.

No se trata de vivir una vida llena de sufrimiento y dolor para saber que nuestra vida no es nuestra. Se trata de que cada sueño en nosotros, que cada proyecto que comenzamos, que cada decisión que tomamos, que cada palabra que pronunciemos, que cada motivación que haya en nosotros, que cada pensamiento en nuestra mente, que cada sentimiento en nuestra alma, que todo nosotros esté fuertemente pegado a Dios y Sus propósitos, se trata de depender de Dios totalmente para vivir.

Pero, ¿es esto posible en fuerzas humanas? ¿es posible vivir una vida rendida a Dios en nuestras fuerzas? La respuesta es no. Necesitamos de la gracia de Dios, de Su Espíritu en nosotros para poder vivir una vida que esté entregada a Dios. Continuamente nuestras emociones luchan dentro de nosotros, nuestros pensamientos encuentran razones para pensar cosas no gratas, nuestro actuar es constantemente movido por motivaciones incorrectas. Pero Dios desea profundamente ayudarnos, guiarnos a Su libertad, a Su plenitud en Cristo.

Hoy es un buen día para orar a Dios para que nuestra vida esté rendida a Él. Que Él nos lleve a tener esta vida enfocada en JESÚS y no en nuestros deseos. Que Dios limpie nuestra vida de toda filosofía que pone al hombre por encima de todo.

Hemos sido creados por y para JESÚS. Nuestra única plenitud verdadera está en Él. Todo se trata de Él.

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