el administrador de planetas

Estándar

Su labor le había sido asignada desde mucho antes de haber nacido, de hecho, desde antes que todo este universo hubiera sido creado. Era una labor sumamente complicada que ocupaba la mayor parte de su existencia, sin embargo, él la disfrutaba en gran manera porque veía en ella un deleite sin igual, un gozo que enarbolaba su alma en cada instante, una diversión que le sorprendía en todo momento y un aprendizaje que nunca terminaba. No había otro al que se le hubiera asignado una labor tan compleja desde nunca. Esa labor había sido creada para él, no él para esa labor.

Su Padre, un hombre extremadamente perfecto no sólo en Su Ser, sino en todo lo que hacía, veía en su pequeño hijo un talento excelso que Él disfrutaba; pero más allá de ese talento, veía en su pequeño hijo una pasión por Él y un anhelo exorbitante por agradarle no sólo a través de lo que su labor le permitía hacer, sino con su existencia misma. Su Padre es, mientras que su pequeño hijo existe. Dueño de este y todos los universos, creador de los mismos, este Padre se complacía mucho más en el trabajo de Su hijo que en los universos que destilaban belleza por doquier.

En uno de aquellos momentos en el que este pequeño administrador de planetas se ocupaba de orbitar un planeta bebé que había nacido de un proceso maravilloso entre una colisión de dos estrellas gigantes, un hombre joven se acercó a él viendo su diligencia para con ese bebé recién nacido.

– Veo que orbitar un planeta no es tarea fácil. ¿Ya has encontrado lugar para él en esta galaxia?

Sin distraerse ni un poco, el administrador de planetas que empujaba con sus diminutos brazos (comparados con el tamaño del planeta) a su nuevo bebé contestó:

– Tarea fácil no es, pero divertida sí que lo es. ¿Quién dijo que lo divertido es fácil? ¿O qué lo fácil era divertido? Enseñar a orbitar a un planeta nos llevará muchas lecciones. Y sobre su lugar en esta galaxia… creo que lo dejaré en cuidados de la Estrella Azul, la mayor de las estrellas en esta galaxia, ella es muy cuidadosa de los bebés.

– ¿Les llevará muchas lecciones? Así que hay más de uno trabajando junto contigo.

– Bueno, mi Padre lo hace todo, yo sólo me encargo de cuidar a estos planetas. – Y con una sonrisa en su rostro que siempre le caracterizaba, preguntó: – ¿Has visto como se divierten los planetas de la galaxia próxima?

– Por supuesto. Sus risas se escuchan en todas las galaxias vecinas. Muchos nos hemos preguntado qué les mantiene tan divertidos.

– Sin duda es mi Padre, Él se encarga de hacerles reír con su ingenio.

El administrador de planetas que había empujado su planeta ya por un largo trayecto en el inmenso espacio oscuro detuvo su actividad.

– He sido un poco atento hacia con usted. Mi nombre es Jack. – Extendiendo su mano hacia el visitante, el administrador de planetas se presentó.

El visitante observó con asombro el rostro, y sobretodo los ojos, del tan joven administrador de planetas.

– ¿Jack? ¿Tu nombre es Jack? – El asombro seguía en su rostro.

– Así es. ¿Cuál es el nombre de usted? – Preguntó Jack sin percibir el asombro en su nuevo compañero.

– Mi nombre… ah sí… mi nombre… soy Omr, vengo del universo Pasix.

– ¡Oh! ¿Ha venido del universo Pasix? He estado ahí antes, es un lugar profundamente azul. Nunca descubrí al administrador de planetas en Pasix.

Asombrado aún Omr, respondió sin quitar su mirada de los ojos de Jack.

– No hay administrador de planetas en ningún universo, mas que en éste.

– ¡Oh!, entiendo. Mi Padre me comentó sobre ello, ahora lo recuerdo. – Respondió Jack, y de inmediato volvió a su actividad de empujar su pequeño planeta.

– Jack… ¿te agradaría escuchar una historia? Es una historia escrita hace muchos universos, de hecho, el universo Pasix no existían cuando esta historia fue escrita.

Jack, con una curiosidad en su rostro, detuvo su actividad nuevamente y respondió emocionado:

– ¿Una historia? Claro, me encantan las historias. Conozco muchas, y me gusta aprender nuevas.

– Es una historia diferente a las que quizá conoces, porque es una canción.

– Bien, me agradan las canciones, seguro es como las canciones de este universo. – Con su enorme sonrisa y sus ojos atentos contestaba Jack.

– Sí, es como las canciones de este universo, pero seguro algunas personas conoce esta canción aquí.

– ¿En este universo? Si es una historia que se ha contado en este universo, seguramente le he escuchado. – Y la curiosidad en sus ojos disminuía.

– Es una historia que muy pocos conocen, y es probable que sea nueva para ti. – Omr, al ver que el interés de Jack disminuía, empezó a cantar la historia: – La historia comienza así:

“Cruzaba galaxias como un rayo láser el astronauta Jack

Danzando con cometas y astros, mil planetas descubrió

Buscando una nueva atmósfera para la humanidad

Que con gran negligencia la suya destruyó”

Jack interrumpió:

– ¿Jack? ¿La historia habla de un… astro… nauta… que se llama Jack?

– Sí, sí. Igual que tú, Jack. Es por eso que le recordé. Y un astronauta, sé que la palabra es nueva para ti, pero es un hombre que vive en un planeta y su trabajo es salir de su planeta para conocer el universo.

– Vaya, ¡qué actividad tan más extraña!  En este universo las personas no viven en los planetas sino con mi Padre.

– Sí, sí, – respondía Omr – también en mi universo las personas no viven en los planetas, sino en la eternidad, y así sucede en todos los universos. Pero esta historia fue escrita hace muchos universos atrás cuando las personas vivían en un planeta.

– ¿En un planeta? ¿Sólo uno? ¿Entonces eran pocas personas para poder vivir sólo en un planeta?

– En realidad eran muchas personas pero… – Omr detuvo la explicación, porque de ella podrían surgir muchas más dudas en Jack. – Te cantaré la siguiente parte de la historia…

 

“Tantos que ya habían zarpado antes y ninguno regresó

Pero Jack tenía una pasión

Cumpliría su cometido sin importar lo que hubiera que dejar

Para Jack no había obstáculo”

Cada frase que cantaba Omr, ocasionaba en Jack muchas dudas, pero Jack no interrumpió, escuchaba con atención a Omr.

“En una de sus aventuras a una princesa rescató

Bella como sólo ella sin querer de Jack se enamoró

“Ven conmigo y únete a mi causa” – decía Jack a su amor

Pero ella aún dudaba, y repetía – “Espérame”

 

Mas para Jack no había, no había tiempo que perder

Primero estaba su misión

Pero a punto de partir su corazón le reclamó

A su princesa regresó”

La canción comenzó a gustarle a Jack, más que por la historia que contaba, por la forma en que Omr le cantaba. De manera muy rápida, Jack le guardaba en su mente.

“Incontables soles en el firmamento había visto Jack

Pero ninguno tan brillante como su princesa estelar

El Universo era testigo de que Jack era fiel a su misión

¿Podría ser hoy su oportunidad para aprender a amar?

 

“En busca de su bella estrella todo el planeta recorrió

Cada vez más la amaba y nunca imaginó lo que encontró

Su princesa ya no era la misma y lo menospreció en su corazón

Ya se había enamorado de una estrella fugaz

 

“¿Cómo fue posible que tan pronto su princesa le olvidó?

Para Jack no había explicación

¿Tan malo fue aquel deseo de aferrarse a su misión?

Aún así el amor prevaleció

“Ninguna luna sabe si algún día Jack la volverá a encontrar

Pero si sabe que hoy ella es feliz sin él, tendrá que soportar

Pues si su amor es verdadero le dará su completa libertad

¿Podrá llegar otra oportunidad para aprender a amar?

Tranquilo Jack, habrá oportunidad para volver a amar”

“Pues sólo Dios sabe lo que depara al corazón de Jack

Miles de aventuras, tanto espacio y emoción por explorar

Quizá un quasar, un hoyo negro, un alien, o nebulosas de color

Cuatro, tres, dos, uno, cero, el viaje reinició”

 

Al terminar de cantar, Omr fijó sus ojos en Jack pues veía en él un asombro poco peculiar. Omr pensó por un momento que Jack recordaría la canción, sin embargo Jack comentó:

–          Es una historia… – se quedó callado por un momento- habla de amor.

– Así es, Jack, es una canción para ti. – Contestó emocionado Omr.

– Gracias, Omr, mi Padre se sentirá emocionado al escucharla. – Con una sonrisa enorme Jack agradecía. – Pero ahora necesito llevar este pequeño planeta con la Estrella Azul.

Y mientras se alejaba Jack, Omr no perdió de vista a él  y a su pequeño planeta hasta que la inmensidad del espacio les desdibujó. Se dijo para sí:

– Sí que es tu historia.

Notas:

La canción “Jack el astronauta” fue escrita por Omar Viazcán mucho antes de escribir esta historia. Ha sido tomada como referencia para escribirle.

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