completos

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“Pero de ninguna cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor JESÚS, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios”. Hechos 20.24

 

El individualismo que se promueve como forma de vida en las sociedades modernas para sobresalir,  el romanticismo que se expone en cada película o programa de TV para buscar una relación, el materialismo que se establece como medio para que los hombres sean reconocidos, el hedonismo que defiende la plenitud en los placeres, todo lo que este mundo pregona va en contra de las enseñanzas de Dios. Nuestros niños, jóvenes, mujeres y hombres, todos nosotros hemos sido envueltos en un ambiente que establece que mientras más logre, cuando encuentre el amor de mi vida, mientras más tenga, o mientras más disfrute, todo eso traerá una plenitud y nos hará sentir completos.

Creemos que en una familia encontraremos todo, o que en una relación de pareja estaremos felices, o que con una profesión o negocio seremos más afortunados, sin embargo hay una verdad que el mundo y Satanás tratan de desaparecer: nuestra única plenitud está en Dios.

Necesitamos enseñarles a nuestros niños y jóvenes, a nuestros hombres y mujeres, que su relación más importante es su relación con JESÚS, que no podrán encontrar en ningún otro lado lo que únicamente Dios puede darnos: sentido a nuestra vida, un propósito en Él.

El testimonio del apóstol Pablo es tan fuerte que muchos creyentes a lo largo de la historia hemos aprendido de la maravillosa gracia de nuestro gran Dios. Pablo, un asesino de cristianos, un hombre tan cegado por los legalismos del judaísmo, un hombre preparado en letras que lo hacían un hombre soberbio y orgulloso, un hombre que presenció, aprobó y se deleitó en la muerte de creyentes que eran asesinados sin mayor piedad, ese hombre llamado Pablo tuvo un encuentro con JESÚS tan fuerte que su vida cambió por completo. Él, después de ese gran encuentro, entendió que su vida no era suficiente para agradecer a Dios  cuán maravilloso regalo de salvación inmerecida. Imagina, por un momento, un hombre que hizo tanto mal de pronto se encuentra con JESÚS y recibe salvación por el puro afecto de Su voluntad. Pablo no se merecía la salvación, pero Dios se la concedió, nosotros no nos merecíamos la salvación, pero Dios tuvo misericordia de nosotros.

Hermanos, sé que el mundo es tan pesado y Satanás tan astuto, pero nuestro gran Dios es mayor que todos ellos. Sé que día a día recibimos tantos dardos del enemigo en forma de mentiras disfrazadas de cosas supuestamente “buenas”, pero nuestra espada es la Palabra de Dios con la cual podemos apagar toda mentira.

En este año que está por comenzar esfuérzate y sé valiente en mantener tu relación con Dios como la de más alta prioridad. Esto no se refiere a estar en la iglesia todo el tiempo, o en dedicarte a un ministerio de tiempo completo, sino que  en tu intimidad, en tu corazón, atesores a JESÚS como Señor y Dios a quien buscas agradar sin dudar. Recuerda en Él somos completos.

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