una generación que teme a Dios

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“Y Su misericordia es de generación en generación a los que le temen” Lucas 1:50

A través de la alabanza este domingo Dios habló a Su iglesia en Ayotlán para que seamos una iglesia que teme a Dios. Mientras los cantos sonaban, mientras la música se escuchaba, las letras de los cantos y el fluir del Espíritu nos llevaba a ser creyentes con un profundo temor a Dios. Y esto fue confirmado a través de la predicación.

Cuando Dios nos hablaba como iglesia este domingo, pude recordar lo que realmente este país, y cada nación necesitan: tener líderes, tener ciudadanos, tener creyentes que teman a Dios, porque en medio de esa generación temerosa, Dios obrará en misericordia.

¿Qué es temer a Dios? ¿Acaso es huir de Él, alejarnos porque sabemos que Él es temible? ¿Es no confiarle nada ni nuestros pecados porque reaccionará violentamente? ¿Qué es temer  a Dios?  El temor a Dios es un temor muy distinto al temor de los hombres, porque mientras el temor de los hombres nos lleva a desconfiar y alejarnos, el temor de Dios nos lleva a rendirnos y confiar más en Dios.

El ejemplo más cercano que todos nosotros tenemos es lo que llamamos respeto a nuestros padres. Sé que las generaciones actuales la figura de los padres se ve muy diluida y con poca autoridad, sin embargo, hay padres que han educado y están educando a sus hijos de tal forma que sus hijos, sin que los padres pronuncien una palabra, saben qué deben hacer y qué no hacer, porque conocen primeramente que eso que están haciendo o no están haciendo no agrada al padre. Los hijos que están apegados al corazón de sus padres saben que la principal razón de su obediencia es agradar el corazón de sus padres, y esto es bien poderoso. Imagina por un momento que tú no necesitas entrar en debates con tus hijos porque ellos saben que lo que tú deseas para ellos es para su bien y en ti no hay maldad ni cosas que buscan lastimarles o dañarles, sino que buscas que ellos crezcan física, emocional y sobretodo espiritualmente.

El temor a Dios nos lleva a la obediencia, no por cumplir una religión, no cumplir estándares, no por quedar bien delante de los hombres. El temor a Dios nos lleva a la obediencia porque queremos agradarle única y exclusivamente a Él. Y cuando Dios ve un corazón tan humilde que sin cuestionarle le obedece, Dios llena a esa vida de misericordias. El temor a Dios es estar plenamente convencidos que Dios tiene el poder para deshacer nuestras vidas con solo decirlo (toda la creación declara Su gran y temible poder), pero por Su gran misericordia y amor Él desea transformarnos de gloria en gloria, porque hemos sido limpiados por la sangre de JESÚS y hemos sido hechos hijos Suyos.

Esa es la generación que cambiará nuestro país.

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