el pecado en nosotros

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“Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en Su presencia; antes bien todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de Aquel a quien tenemos que dar cuenta.” Hebreos 4.13

Hoy tuve oportunidad de escuchar una de las descripciones más sencillas sobre el pecado pero con una poderosa revelación. En un curso para maestros de niños, la maestra que daba el curso mencionó: “una forma de enseñarle a los  niños acerca del pecado es cuando hay mucha basura en nuestra casa, ¿qué pasa?, nuestra casa empieza a oler mal y por más que tratamos no podemos quitar toda esa basura y su olor, y nosotros intentamos tapar esos olores a través de poner mucho perfume o aromatizantes en nuestra casa. Así es el pecado en nuestra vida, el pecado hace que nuestra vida ‘huela’ mal y nosotros buscamos ponerle perfume a través de las buenas obras, o haciendo cosas que nos ayuden a tapar el pecado, sin embargo, el pecado sigue ahí”.

Esa breve enseñanza tiene una revelación poderosa porque nos enseña varias características del pecado: primero, el pecado es basura en nuestra vida, son desechos de nuestra desobediencia a Dios, podemos estar viviendo de una determinada manera pero el pecado dejará siempre sus rastros en nuestra vida; segundo, nuestra naturaleza desde que caímos en pecado en el huerto del Edén, es buscar formas de tapar el pecado, buscamos limpiar nuestra conciencia, buscamos formas de hacer que esa basura sea tapada; y tercero, el pecado no puede ser quitado en ninguna forma humana, no hay religión, no hay filosofía, no hay curso de auto-superación, no hay esfuerzo humano alguno que siquiera pueda quitar un “gramo” del pecado que hay en nosotros.

Para que nosotros y cada una de las personas comprendamos lo maravilloso de la obra de JESÚS en la cruz y Su salvación, necesitamos primero entender cuán asqueroso y terrible es el pecado en nosotros. Desde el mínimo pecado hasta el más terrible de ellos, todos ellos dejan rastros en nuestra vida que nos separan y nos hacen sucios para Dios. Suena bastante fuerte, ¿no crees? Sin embargo, la obra de salvación si bien inicia a través de comprender nuestra condición de vivir en suciedad, no termina ahí. La obra de salvación hace lo que nadie más puede hacer: quitar completamente el pecado de nuestra vida. Eso es lo que JESÚS hace cada día en nuestra vida: limpiarnos.

Es importante comprender la gravedad del pecado. Es importante saber identificar qué cosas están dejando basura en nuestra vida. Es importante anhelar vivir en limpieza (en santidad). Es increíble saber que JESÚS está ahí, como nuestra gran y único Sumo Sacerdote delante de Dios que está pacientemente limpiándonos.

Quiero invitarte a hacer un pequeño ejercicio. Cada vez que tires la basura en algún cesto, o cuando saques la basura de tu casa, recuerda siempre algo: así como nosotros estamos buscando una casa limpia de basura, así JESÚS desea que nuestra vida sea limpiada del pecado, y JESÚS ya lo ha hecho para todo aquel que se acerca a Él con fe.

Agradece a Dios siempre, por la basura (el pecado) que ha quitado en tu vida, porque si no fuera por Él, nadie más hubiera podido hacerlo.

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