crucificar la carne

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“porque aún sois carnales; pues habiendo entre vosotros celos, contiendas y disensiones, ¿no sois carnales, y andáis como hombres?” 1 Corintios 3.3

“Pues me temo que cuando llegue, no os halle tales como quiero, y yo sea hallado de vosotros cual no queréis; que haya entre vosotros contiendas, envidias, iras, divisiones, maledicencias, murmuraciones, soberbias, desórdenes;” 2 Corintios 12.20

Cuando era niño una película que me gustaba mucho era Volver al futuro. Probablemente algunos de ustedes recuerden al personaje principal, Martin McFly, y una de sus características principales era que si alguien le decía “gallina”, él reaccionaba con orgullo y de maneras que terminaban afectándole. Algo interesante de la película es que refleja que debido a esas reacciones que tenía, terminaba por afectar no solo a él, sino el futuro, a su familia.

En la Biblia podemos ver cómo determinadas acciones “correctas” movidas por motivaciones incorrectas o con motivaciones correctas pero hechas de maneras incorrectas, terminaron afectando no sólo a una familia sino a una nación entera. Por ejemplo, Abraham mintió al Faraón respecto a su esposa diciendo que era su hermana, y por esta “pequeña” mentira, tres generaciones después el pueblo de Israel estuvo cautivo en Egipto por 400 años.

JESÚS es muy claro con nosotros: si quieres venir en pos de Mí, niégate a ti mismo, toma tu cruz y sígueme (Marcos 8.34). Muchas veces, debido a las tradiciones y las enseñanzas con las que hemos sido educados, creemos que Dios es malvado y que no desea nuestro bien, sino que busca continuamente amargarnos la vida. Esto es la mentira más grande que el mundo y Satanás han sembrado en el corazón de la humanidad. Cuando JESÚS nos dice “niégate a ti mismo” se refiere a que día con día tendremos que negar nuestra naturaleza carnal que intenta dominar nuestro ser y llevarnos a hacer lo que creemos es correcto, JESÚS no se refiere a que tenemos que flagelarnos y ser malos con nosotros mismos. Después, JESÚS dice “toma tu cruz y sígueme” y esto es importante porque al negarnos a nosotros mismos en los deseos de la carne, tenemos que estar día con día crucificando esos deseos, es decir, crucificando la carne.

Quizá has escuchado, en mi familia es común, que cuando nos enojamos decimos: “me salió lo Pérez”, o “no me provoques porque me sale lo Hernández”. Esto solo refleja una realidad espiritual: nuestra carne viene cargando aspectos espirituales generacionales. Sé que en la mayoría de las veces lo podemos decir de broma, pero somos conscientes de que ciertas actitudes que tenemos vienen soportadas por la carne.

Hoy Dios nos llama a que analicemos nuestro actuar y nuestro vivir entero e identifiquemos qué cosas estamos haciendo por motivaciones de la carne. Pablo con un profundo pesar, en sus dos cartas a la iglesia en Corinto, expresa cómo las motivaciones y actitudes de la carne estaban causando serios problemas en la iglesia. A Pablo le dolía fuertemente esta situación porque esperando que la iglesia estuviera movida por el Espíritu, la iglesia seguía atada en la carne, no habían crucificado la carne.

Queridos hermanos, el caminar con Dios es un caminar continuó de negarnos a nosotros mismos, de negar los deseos de la carne, y anhelar vivir una vida que es movida más por lo espiritual. Esto no se logra a través de una receta, o un conjuro, o de la noche a la mañana. Esto se logra día a día. Habrá tiempos en que caemos y pecamos, pero no tardes en arrepentirte y pedir perdón a Dios y seguir creciendo.

Ante cualquier situación, cualquier situación: cuando manejes, cuando estés preparando la comida, cuando estés con tus hijos o amigos, cuando estés en la escuela o en el trabajo, en cualquier situación, evalúa si estás viviendo por la carne o estás viviendo por el Espíritu. Y la forma de evaluarlo es bien simple pero poderosa: si tus motivaciones y tus acciones vienen determinadas por frutos del Espíritu (amor, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre o templanza) seguro esto glorifica a Dios y no hay ni habrá condenación contra tal motivación o acción; pero si por lo contrario tus motivaciones y acciones están justificadas en contiendas, envidias, iras, divisiones, maledicencias, murmuraciones, soberbias, desórdenes, celos, odio, rencor, vanidades y tantas otras cosas, mejor conviene que inmediatamente busques a Dios, le pidas perdón y su ayuda para crucificar ese deseo de la carne cuanto antes.

Los frutos del Espíritu estarán de manera evidente en nuestra vida en la medida en que cultivemos nuestra relación con Dios y pasemos tiempo con Él; sin embargo, si nuestra vida la estamos “cultivando” con cosas que alimentan la carne y que el mundo ofrece, seguro nuestra carne más que crucificada estará controlándonos fuertemente. Seamos sensibles y actuemos con urgencia, porque una mala actitud hoy puede ser un gran lastre para nosotros, para nuestros hijos y las generaciones que nos siguen.

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