sumergirnos en Su gracia

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“Tú, pues, hijo mío, esfuérzate en la gracia que es en Cristo JESÚS”. 2 Timoteo 2.1

Me encanta nadar. Desde niño tenía un gusto muy grande por el agua como muchos niños lo tienen, y en estos últimos dos años Dios me ha permitido aprender a nadar y ha sido una de esas cosas que nunca pensé me hubiese gustado tanto. Desde el principio que decidí aprender nadar por consejo de un amigo, tenía un miedo terrible por diferentes cosas, sin embargo, a pesar de mis casi muchos años que tengo Dios me ha permitido disfrutar como pocas cosas el nadar.

Los casi muchos años que tengo no impidieron que decidiera aventurarme a aprender algo nuevo, y por demás miedos y dudas, ahí estoy. Sé que niños de 4 años nadan mucho mejor que yo, pero sin duda el aprender ha sido un proceso muy divertido. Algo que Dios me ayudó a comprender en esa decisión es que siempre debemos estar dispuestos a aprender algo nuevo, aun a pesar de los casi muchos años que podamos tener. Nunca sabremos por completo todo, y muchísimo menos respecto a Dios y Su reino.

Algo muy fuerte que Dios me ha enseñado al nadar es que necesitamos sumergirnos para realmente lograr aprender y saber cómo movernos dentro del agua, es ayudar a que nuestro cuerpo aprenda y conozca lo que significa estar sumergido en algo que es totalmente enorme para él. No pretendo iniciar con este texto una nueva doctrina sobre el agua y las albercas y el nadar. Para nada. Pero sí compartir como Dios me ha permitido entender su gracia.

En los momentos en que mi cuerpo estaba sumergido completamente en el agua, Dios me llevaba a comprender cómo debemos dejar que nuestro cuerpo sea empujado hacia arriba por el agua. Aquellos que saben de que hablo, no me dejarán mentir que nuestro cuerpo nunca podrá tocar fondo por sí solo, sino que el agua empujará nuestro cuerpo a flote. Y esto no se logra porque yo le haya dicho a mi cuerpo que debe flotar, sino que por el simple efecto de las leyes físicas que operan entre el agua y mi cuerpo, mi cuerpo siempre será empujado por el agua.

Cuando estoy dentro del agua, hay algo que Dios me recuerda siempre: sumérgete en Mi gracia, como tu cuerpo se sumerge en el agua.

El tema de la gracia es bien amplio, pero hoy un aspecto que quisiera platicar es sobre cómo vivir literalmente empujados por la gracia de Dios.

Dios tiene planes y propósitos bien hermosos de los cuales desea hacernos parte. Quizá Dios te está llamando a ser predicador, a ganar naciones completas para Cristo, a ser un ministrador a través de la alabanza, a escribir libros, a componer canciones, a danzar para él, a ser un líder social y político temeroso de Dios, a ser un esposo que honre a su pareja y que deje brillar a Cristo en su matrimonio, a ser un padre y una madre ejemplar como ninguna otra se ha conocido, a ser un estudiante y un profesionista que vive para Su Reino, a ser un gran hombre y mujer de fe. Sin embargo, me pasa muy seguido a mí, cuando vemos ese gran sueño de Dios y después vemos nuestras grandes limitaciones e imperfecciones, llegamos a decir: creo que no podré. Y cuando reconocemos nuestra limitación, cuando declaramos que no podremos en nuestra fuerza, es cuando Dios nos dice: Mi gracia es suficiente, sumérgete en ella y deja que te empuje hacia ese sueño.

Un amigo cristiano una vez mencionó una frase que no olvido: tú das el paso, y Dios pone el suelo. Y la gracia y la fe siempre van de la mano, porque el que se acerca a Dios necesita creer que le hallará. En mi caso, el agua en la alberca hace lo que para mí es imposible, que es mantener mi cuerpo a flote, pero yo necesito hacer mi esfuerzo para moverme, pero ese esfuerzo, comparado con la fuerza del agua es mínimo.

No sé qué sueño Dios ha sembrado en tu corazón. Estoy segurísimo que ese sueño parece imposible en tus fuerzas. Quizá muchas veces has dicho que no podrás, que es demasiado para alguien tan limitado como tú. Pero recuerda, cuando reconocemos nuestra limitación, en ese instante la gracia de Dios comienza a obrar en tu vida de maneras que son sobrenaturales y sorprendentes. Decide hoy sumergirte en la gracia de Dios como nunca antes los has hecho, y déjate sorprender por lo maravilloso y poderoso de nuestro Dios.

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