una fe prestada

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“trayendo a la memoria la fe no fingida que hay en ti, la cual habitó primero en tu abuela Loida, y en tu madre Eunice, y estoy seguro que en ti también.” 2 Timoteo 1:5

Era común en la época de nuestros abuelos, quizá aún en la época de nuestros padres, que las familias buscaban que alguno de sus hijos se dedicará a ser clérigo de la religión tradicional. Era visto como algo especial el que algún hijo o hija se enlistara en las filas de los ministros religiosos, y era visto con agrado porque los padres de esos hijos creían que al tener a un hijo como clérigo, les daría una ventaja en el cielo y con Dios, es decir, un privilegio especial ante Dios por el simple hecho de que un familiar estaba como ministro religioso.

Pero esa situación no se queda en la tradición popular de países como México, sino que aun en el cristianismo algunas personas consideran que su salvación puede estar determinada por la relación con Dios que sus padres o esposos tienen. En términos muy concretos, puede existir el riesgo que los hijos nacidos y criados en hogares cristianos crean que su salvación está determinada por el simple hecho que sus padres son cristianos. Sin embargo, Dios busca una relación personal con cada creyente en lo íntimo.

Es claro, la Biblia es muy clara en ello, que la fe no se puede comprar, ni siquiera la fe se puede prestar. Como creyentes necesitamos aprender que nuestra relación con Dios es personal y que nuestra fe se desarrolla en la medida en que esa relación se cultiva. No podemos tomar prestada la fe de nuestros padres para creer en Dios, tampoco puedo tomar prestada la fe de mi esposo o esposa para recibir salvación.

Una gran tragedia a nivel mundial en iglesias cristianas es que esas iglesias pueden estar llenándose con personas que intentan vivir una relación con Dios a través de una fe prestada. Hombres, mujeres y jóvenes que asisten a los servicios dominicales pero cuyo cristianismo se basa en la fe de sus padres. Y es una gran tragedia porque cuando esos hombres, mujeres y jóvenes se enfrentan al mundo, terminan por ser absorbidos por él. Hombres, mujeres y jóvenes que por muchos años oyeron de la Palabra de Dios, del mensaje de salvación, pero que nunca esas Palabras transformaron su vida.

Es importante que como creyentes hagamos evaluaciones constantes sobre nuestro caminar con Dios. El tomarnos un tiempo en la intimidad y presentar nuestra vida y nuestro corazón delante de Dios para que podamos entender si nuestra fe está creciendo, se está estancando o está menguando. Quizá hoy Dios nos permita identificar áreas en que nuestra vida está siendo sujetada sobre una fe irreal, y sea un buen tiempo para decidir creer en lo personal. Estamos a unas semanas de terminar la primera mitad del año, y es un momento adecuado para evaluar nuestro andar con Dios. No temas, Dios más que nadie desea que nuestra vida crezca espiritualmente de maneras sobrenaturales.

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