la gloria de Su gracia

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“en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos Suyos por medio de JESUCRISTO, según el puro afecto de Su voluntad, para alabanza de la gloria de Su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado, en Quien tenemos redención por Su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de Su gracia” Efesios 1.5-7

Uno de los grandes retos que como hijos de Dios nos enfrentamos ante aquellos que no creen en Dios es poder explicar la razón por la cual Dios creó a la raza humana. Muchos de los que aborrecen o niegan la existencia de Dios pondrán presentar argumentos sutiles y aparentemente inteligentes para cuestionar mucho de lo que la Biblia nos enseña. Algunos de esos argumentos, y probablemente son argumentos que han llegado a la mente de varios de nosotros, consisten en entender por qué Dios creó a la raza humana sabiendo que iba a pecar y a desobedecer; por qué Dios puso el árbol de la ciencia del bien y el mal en medio del huerto del Edén pudiendo no ponerlo para evitar que Adán y Eva comieran de él; por qué Dios, sabiendo del dolor que la raza humana causaría a la tierra y unos a otros, creó una raza tan imperfecta, tan débil, tan pecadora, tan malvada. En términos muy concretos, consiste en entender cuál es el propósito de la raza humana.

A pesar de que las respuestas a esas interrogantes son muy profundas y, probablemente difíciles de entender en nuestra mente humana, hay una respuesta que Dios me permitió entender hace algún tiempo atrás. Esa respuesta la expresa el apóstol Pablo en su carta a la iglesia en Éfeso. En su carta, Pablo expresa que Dios, escogiéndonos desde antes de la fundación del mundo para ser santos y vivir sin mancha, ha llamado a Sus hijos para un propósito sublime: la alabanza de la gloria de Su gracia.

La gracia de Dios, viéndola como un fin mismo en la creación, cobra un significado muchísimo más maravilloso al entenderla desde esta perspectiva. Hemos sido creados para experimentar la gracia de Dios, hemos sido creados para recibir esa capacidad y ese poder para hacer la voluntad de Dios con gozo aun en nuestra debilidad. Es por eso que Pedro nos exhorta a “creced en la gracia” (2 Pedro 3.18) porque la gracia de Dios va mucho más allá de ser salvos del infierno. La gracia es nuestro fin, como humanos que hemos sido adoptados por Dios, para glorificar a quien nos ha salvado y amado sin siquiera merecerlo.

Cada hijo de Dios ha sido creado para ello: experimentar Su gracia y vivir en ella. La gracia de Dios es tan extraordinaria que día a día necesitamos vivir más por la gracia de Dios y menos en nuestras fuerzas, porque Su gracia es sublime, es perfecta, nos hace aptos para hacer la voluntad de Dios. La gracia, contrario a lo que muchos pudieran creer, no es un permiso libre para pecar pero sí una capacidad y un poder sobrenatural para hacer la voluntad de Dios con gozo.

Querida iglesia, los tiempos que vivimos son cada vez más malvados. La maldad se ha aumentado en todo lugar sobre la tierra, y en el corazón de los hombres está de continuo hacer el mal. Sin embargo, en estos tiempos de tanta maldad es donde la gracia de Dios brillará más, es donde Dios puede movernos a vivir en santidad y piadosamente de tal forma que los hombres glorifiquen a Dios por las buenas obras que Su gracia nos permite hacer.

Crezcamos día a día en Su gracia. Que cada día vivamos más por Su gracia y menos por nuestras fuerzas. Dios sea glorificado en gran manera en nuestras vidas.

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