la bendición que somos

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“Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.” Génesis 12.3

“para que en Cristo JESÚS la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles, a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu.” Gálatas 3.14

Dios tiene un afecto muy especial por Su pueblo, por aquellos a quienes ha adoptado y tomado por hijos. Dios tiene un deleite especial por bendecirles y hacerles hombres y mujeres especiales delante de toda la tierra. Dios desea manifestarse en Sus vidas con tal poder que Su Nombre sea conocido y glorificado en toda nación, porque eso es bueno.

Las bendiciones que Dios otorga a Sus hijos son bendiciones tan extensas que afectan a quienes están alrededor. Cuando un hijo de Dios recibe bendición de parte de Dios y es prosperado con toda bendición tanto material, emocional y espiritual, aquellos quienes están alrededor de ellos, aun sin ser creyentes, terminan por ser afectados para bien a través de esa bendición. Un hijo de Dios que se conduce con rectitud en la escuela, termina por edificar a aquellos compañeros que ven en él algo diferente. Una mujer de Dios que honra a su esposo, termina por ser de gran estima. Un hombre de Dios que ama a su esposa como Cristo ama a Su iglesia, es un hombre que es honrado.

En toda bendición de Dios, siempre está antecediéndole la obediencia de Sus hijos. Hombres y mujeres que desean agradar Su corazón antes que anhelar cualquier bendición, hombres y mujeres rendidos en humildad, fe y amor por Dios. Porque la mayor bendición que un hijo de Dios puede recibir es a Dios mismo como Dios suyo

Un hijo de Dios en cualquier lugar donde Dios le llame a estar, será siempre una bendición porque este hijo va acompañado por el Espíritu que Dios que habita en él. Cada hijo de Dios es un templo vivo, un templo a través del cual los hombres pueden reconocer a Dios en él.

En cada lugar al que vayamos, en todo lugar donde Dios nos llame a estar, recordemos que hemos sido puestos para anunciar cuán maravilloso es Dios con nuestros labios y aun sin ellos. Recordemos que hemos sido bendecidos para bendecir, y bendecir en sobremanera.

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