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“Pues el propósito de este mandamiento es el amor nacido de corazón limpio, y de buena conciencia, y de fe no fingida, […] “ 1 Timoteo 1.5

Los tiempos de pruebas y persecución en la iglesia, si bien son de gran lucha y clamor, son tiempos que permiten purificar el cuerpo de Cristo de aquellos cuya fe es fingida y su amor no viene de un limpio corazón. Decirse seguidor de Cristo en un país o lugar donde la vida es puesta en riesgo por la fe que creemos, ayuda para probar la verdadera fe, esa que viene del arrepentido pecador.

Hay países donde los seguidores de Cristo pierden la vida aún hoy en nuestros días. Hay países donde se sigue asesinando a creyentes justificando esas muertes en leyes perversas. Hay países donde reunirse y predicar la Palabra, donde entonar cantos a JESÚS cuesta la vida, y cuesta la vida completa. Países donde familias son masacradas, donde niños son asesinados, donde hombres y mujeres son ultrajados y puestos en vergüenza hasta la muerte. Países donde decirse seguidor de JESÚS requiere de una fe sin fingimiento, una fe nacida del Espíritu de Dios.

También, y más en este siglo, hay países donde ser seguidor de Cristo puede ser lo más simple como asistir a una reunión dominical donde la mayor preocupación puede ser el no llegar tarde. Países donde existen mega iglesias donde los asientos son cómodos, las personas visten bien, la música suena perfecta. Países donde una vasta mayoría puede decirse cristiano y nadie los asesinará por ello. Países donde ser cristiano es tan cotidiano que la fe puede ser tan fingida que tan solo necesitas aprender en el intelecto una “doctrina” sin siquiera vivirla.

Bien se ha dicho que los mayores enemigos de Dios no son aquellos que persiguen y asesinan al cuerpo de Cristo, sino aquellos que diciéndose cristianos viven una vida que niega completamente a Cristo a través de sus pensamientos, sus creencias, su forma de vida, aquellos cuyo amor no es nacido de un limpio corazón.

Evaluar nuestro caminar con Dios continuamente, con un espíritu arrepentido y una vida abierta ante Dios, ayudará en gran manera a entender si nuestra fe es genuina, es real, no fingida. Cuando nos acercamos a Dios y rogamos a Él que limpie todo pecado en nosotros y que establezca Su reino en cada área de nuestra vida aunque esto produzca un momentáneo dolor que a veces nos parece interminable. Porque ahí, en medio de toda esa prueba, Dios está purificando a Su pueblo.

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