cuando no sabes lo que quieres

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“No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Mas buscad primeramente el reino de Dios y Su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.” Mateo 6.31-33

Después de haber dedicado años para lograr grandes posesiones, fortuna y fama, un hombre llegó a la edad en su vida en que había logrado todo lo que su corazón anhelaba pero al estar ahí, delante de todo lo que había logrado, sentía un hueco tan fuerte en su corazón que sintió que todo lo que había anhelado por años no era realmente lo que quería. Este hombre había dedicado su vida entera en esforzarse para lograr lo que él anhelaba, pero todo ello aprovechó en poco a su alma y a su espíritu porque todo eso había terminado por consumir todos sus años sin traer gozo alguno.

El mundo había sembrado en él un ideal de éxito, de estabilidad, de plenitud, todo ello falso y temporal. Él había consumido año tras año construyendo algo que terminaría por agotarle y dejarle completamente confundido y vacío. Y cuando aquel hombre miró a su alrededor, exclamó con profunda decepción: ¿dónde estás tú, plenitud del alma?

Durante años nosotros podemos estar construyendo nuestra vida basada en nuestros anhelos: una casa, una familia, un trabajo, un viaje, hijos, posesiones, estabilidad, un ministerio. Podemos estar trabajando día con día creyendo que eso es lo que realmente nos dará plenitud y llenará nuestra alma con gozo. Hacemos de nuestra vida una búsqueda de un sueño tan nuestro pero que está tan distante de Dios. Hemos creído en Dios, pero no hemos rendido completamente nuestros deseos y anhelos a Él. Asistimos a la iglesia, pero seguimos desgastando nuestra vida para conseguir cosas que si bien no son malas, sí son temporales. ¿Debemos entonces dejar de trabajar? Por supuesto que no. ¿Debemos entonces dejar de anhelar una familia? Claro que no. ¿Debemos conformarnos con una vida mediocre esperando que las cosas lleguen por sí solas? Indudablemente no.

Sin embargo, nuestro mayor anhelo cada día debe ser conocer más de Dios, verle glorificado en nuestra vida. Nuestro anhelo debe sujetarse a buscar primeramente a Dios y Su reino, porque Dios desea que aprendamos a elegirlo a Él ante todo y en todo.

Pueden estar llegando oportunidades a tu vida hoy: un trabajo, un viaje, un noviazgo, un matrimonio, muchas cosas más. Pero antes de tomar cualquier decisión necesitamos preguntar: ¿Dios, dónde Tú estarás? Porque ahí es donde nuestra alma anhela estar.

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