el tiempo en que nacimos

Estándar

“Me sedujiste, oh Señor, y fui seducido; más fuerte fuiste que yo, y me venciste; cada día he sido escarnecido, cada cual se burla de mí. Porque cuantas veces hablo, doy voces, grito: Violencia y destrucción; porque la palabra del Señor me ha sido para afrenta y escarnio cada día.” Jeremías 20.7,8

En más de una ocasión he pensando qué sería el vivir en otra época de la historia. Quizá hace 40, 50 o 100 años atrás, allá cuando los tiempos eran “mejores”, donde los mujeres y los hombres vivían en un planeta menos contaminado, donde la corrupción no era tan evidente, cuando los niños no sufrían tanto, y donde el pecado no era tan aceptado en la sociedad.

Mientras recordaba eso, Dios trajo a mi mente la vida de aquellos profetas como Jeremías que por servir al Señor tuvieron que sufrir tiempos difíciles y crueles. En el caso de Jeremías, él fue perseguido, encarcelado y fue echado a una cisterna por profetizar palabra de Dios en contra del pueblo. Y en una de sus luchas, Jeremías expresa: “porque la Palabra de Dios me ha sido para afrenta y escarnio y cada día” (Jeremías 20.8). Y más adelante, él dijo que ya no hablaría más palabra de Dios (v. 9), pero algo sucedió: “había en mi corazón como un fuego ardiente metido en mis huesos; traté de sufrirlo, y no pude” (v.9). Jeremías tratando de negar el propósito por el cual Dios le había llamado, pero no pudo negarlo.

Si de algo podemos estar ciertos es que Dios nos puso en este tiempo, en este país, en este momento para un propósito muchísimo muy eterno y real. Dios no nos ha salvado y traído a vida para vivir una vida cómoda donde no pasa nada. Dios no nos ha dado libertad para vivir cómodamente en un mundo que necesita urgentemente conocerle. Dios te ha traído a ti y a mí en este tiempo en la historia, en este siglo, en este año para un propósito eterno: glorificarle y anunciar Su salvación en todo momento. Glorificarle y anunciar Su salvación a través de la forma en que vivimos, de la forma en que trabajamos, de la forma en que hablamos, de la forma en que pensamos. Dios te trajo a este momento para un propósito.

Y así como Jeremías que vivió tiempos de gran crisis en el pueblo de Israel no pudo negar ese propósito, así tampoco nosotros podremos negar el propósito por el cual estamos aquí. Jeremías enfrentó grandes luchas tanto externas como dentro de él. “Todos mis amigos miraban si claudicaría” (v.10). Sin embargo, Jeremías reconoció a Dios de una manera sorprendente: “Más el Señor está conmigo como poderoso gigante” (v.11).

Imagina por un momento que cada hombre de Dios que fueron usados para escribir la Biblia hubiera dicho: “no puedo más, ya no seguiré a Dios, todo esto es demasiado para mí”. Imagina que alguien como David, o como Samuel, o como Pablo, o como Juan, o como Pedro, hubieran dicho eso. Si eso hubiera pasado, millones de personas no solo de esta generación sino de muchas generaciones que han vivido se hubieran perdido de la bendición que tenemos a través de las letras que escribieron.

Tu vida, la vida de cada uno de nosotros fue creada para un propósito muy especial en este tiempo. Cada uno de nosotros tenemos la oportunidad de impactar el mundo completamente porque nuestro Dios está con nosotros como poderoso gigante. No temas, no desistas.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s