una pequeña mentira

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“No lo que entra en la boca contamina al hombre; mas lo que sale de la boca, esto contamina al hombre.” Mateo 15.11

Los grandes hombres de la fe eran humanos también. Basta con leer la Biblia para comprender cuán humanos eran cada uno de ellos. Hombres como Abraham, el padre de la fe, que por una “pequeña” mentira de decir que su esposa era su hermana al rey Abimelec, provocó que su reino fuera manchado por el pecado (Génesis 20.9), y aun con esterilidad en la casa de Abimelec (Génesis 20.18). Hombres como David, el gran rey de Israel, que por perversas intenciones cometió adulterio y mandó a que uno de sus siervos fuera puesto al frente de batalla para ser asesinado (2 Samuel 11.15). Hombres y mujeres que Dios, en su tremenda misericordia, usó aun en sus imperfecciones.

Dios confrontó el pecado de ellos, pero las consecuencias de ese pecado siguieron no sólo por poco tiempo, sino por varias generaciones. Una pequeña mentira que terminó en convertirse en un gran lastre para toda una familia generación tras generación.

En semanas recientes, Dios me ha confrontado sobre un hábito que pudiera parecer normal: las pequeñas mentiras. A veces, con la intención de no quedar mal, uno pudiera decir: sí iré, o sí te llamaré, aun sabiendo que no lo haríamos. O cuando alguien pide dinero, uno responde sin pensar: no traigo, aun cuando si traemos dinero con nosotros. Esas pequeñas mentiras que a veces disfrazamos de excusas con tal de no quedar mal, o de no enfrentar las consecuencias de una verdad. Esas pequeñas mentiras que ya pudieran parecer tan triviales.

Abraham, en su mentira con el rey Abimelec, pudo haberse justificado diciendo que quería proteger su vida y la de su esposa, sin embargo perdió de vista que su protección venía de Dios. David aun intentó arreglar las cosas buscando que el esposo de Betsabé, Urías, se llegara a ella con tal de esconder el embarazo ocasionado por el adulterio con David. Hombres buscando arreglar las cosas a nuestra manera.

El problema de las mentiras es que no sólo lastiman a las demás personas, sino que una pequeña mentira pudiera ser razón para que nuestros hijos y familiares sean manchados por ella. Una mentira, por pequeña que sea, que llega a generaciones siguientes.

Romper un mal hábito, como mentir, requiere de la ayuda de Dios. Requiere que Dios llegué hasta la raíz de ese pecado y la extraiga por completo, porque sólo así podremos ser libres.

Dios limpie cada día nuestra vida de todo “pequeño” mal hábito, que sin duda son pecados que seguimos cargando.

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Un comentario »

  1. Una mentira aunque sea “Pequeña” no deja de ser Mentira, y por más pequeña es igual de dañina a una mentira grande., todas las mentiras son malas y dañan., y claro bro Dios es el único que quita este mal habito y cualquier pecado, sabes no debemos de disfrazar una mentira en algo “bueno” porque no lo es, las mentiras no son buenas y si bien tul o comentabas no debemos de transformarlas en excusas para hacer sentir bien a alguien o como tu quedar bien , lo mejor es hablar con la verdad siempre 🙂

    Sabes no eres el único que Dios confronta sobre este tema…. Gracias a Dios por darte Sabiduría… Dios te siga usando súper bro 🙂 🙂

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