añadiduras

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“No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.” Mateo 6.31-33

 

Conforme maduramos en la fe la perspectiva de la vida cambia. Nuestro hombre carnal, enfocado en las cosas de este mundo, es transformado de tal forma que las cosas temporales vienen a ser secundarias y las cosas eternas tienen una prioridad importante. La madurez física no trae necesariamente una madurez espiritual, más la madurez espiritual trae por consecuencia una transformación de nuestra perspectiva respecto a la vida.

Una palabra que durante esta semana estuvo constantemente en mí fue aquella dicha en la predicación del domingo pasado. El predicador dijo: constantemente los cristianos, al orar, nos enfocamos más en pedirle a Dios por añadiduras que por su reino y por su justicia. Estas palabras cambiaron completamente el enfoque al orar, ya que de manera constante las oraciones pudieran estar enfocadas en cosas temporales, más que en las cosas eternas.

Aún los discípulos querían aprender a orar y le pidieron a JESÚS que les enseñara. Y así como ellos necesitaban ser instruidos en esta disciplina espiritual, los cristianos de este tiempo requerimos urgentemente ser enseñados y guiados por el Espíritu para saber pedir como conviene, y no pedir mal para nuestros deleites.

¿Por qué la oración es tan importante? Porque es nuestra oportunidad para platicar y comunicarnos con Dios. No es un monólogo nuestro hacia con Dios donde solo nosotros hablamos, tampoco es una repetición de montón de palabras, sino es un canal en dos sentidos en el que nosotros abrimos y derramamos nuestro corazón a Dios, así como Dios nos muestra Su voluntad y Su corazón. La oración es vital para aquellos creyentes cuyo corazón arde por platicar con Dios.

Es la oración un acceso abierto a todo hijo de Dios. La oración necesita practicarse, necesita aprenderse, necesita desarrollarse. Porque conforme maduremos en la fe, nuestra oración se enfocará más y más y más en el reino de Dios y Su justicia, y cada vez menos y menos y menos en añadiduras.

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