estar firmes y constantes

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“Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano” 1 Cor. 15.58

“Mas, como Dios es fiel, nuestra palabra a vosotros no es Sí y No. Porque el Hijo de Dios, JESUCRISTO, que entre vosotros ha sido predicado por nosotros, por mí, Silvano y Timoteo, no ha sido Sí y No; más ha sido Sí en Él; porque todas las promesas de Dios son en Él Sí, y en Él Amén, por medio de nosotros, para gloria de Dios.” 2 Cor. 1.18-20

Podemos estar seguros que todo lo que hacemos para Dios con un corazón en amor genuino tendrá fruto digno de Su gloria. A veces podemos desmayar, cansarnos, desanimarnos y aun intentar dejar la obra que Dios nos ha encomendado. Quizá hay días de un agotamiento tal, que quisiéramos dejarlo todo. Días de cansancio intenso, de desanimo agotador, de frustración continua. Pareciera, a veces, que la obra que Dios nos ha encomendado es pesada y pareciera ser imposible de cumplir.

Hombres y mujeres que han sido llamados para servicios tremendos en la iglesia local donde sirven. Hombres y mujeres llamados a impactar la comunidad donde viven. Hombres y mujeres llamados a llevar el evangelio a otros lados del mundo. Dios ha levantado, está levantando y seguirá levantando obreros que, apasionados por Él, deseen ser usados por Dios para participar de Su obra eterna.

Esos hombres, y esas mujeres, somos tú y soy yo. Somos cada uno de nosotros que formamos Su cuerpo. Hemos recibido de Dios un llamado único y especial, no porque Dios necesite de nosotros, pero sí porque Dios quiere hacernos partícipes de Su propósito eterno. Hemos sido salvos no para estar cómodos en una silla en la iglesia, sino para predicar a JESÚS a todo persona. ¿Suena imposible? Lo es en fuerzas humanas, pero en Dios sí que es posible.

Leía hace algunas semanas en un devocional una pregunta: ¿tienes el hábito de soñar sueños grandes para Dios? Y muchos quizá responderemos sí: formar iglesias en lugares donde no hay, predicar la Palabra a los niños en nuestra iglesia y fuera de ella para prepararlos para la vida en JESÚS, guiar a la iglesia a alabar y adorar a Dios de maneras sobrenaturales, lograr que una nación entera se vuelva a Dios. Estoy seguro, estoy muy seguro, que muchos de nosotros hemos recibido sueños “imposibles” de parte de Dios. Hoy nos dice Dios: estar firmes, constantes y creciendo en Su obra, porque fiel es Dios y todas Sus promesas son en Él sí, y en Él Amén.

Es humano que nos sintamos desanimados y cansados, frustrados quizá, porque pareciera que todo lo que hacemos no produce resultado o cambio alguno. Predicamos el evangelio y pareciera que nada pasa. Dedicamos horas en el servicio, y no hay mucho cambio, sino por el contrario, pareciera que todo se vuelve peor. Pero si nuestro corazón está alineado al corazón de Dios, podemos estar ciertos que “nuestro trabajo en el Señor no es en vano”.

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