una segunda oportunidad

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“Y Dios dijo a Moisés: Faraón no os oirá, para que Mis maravillas se multipliquen en la tierra de Egipto”. Éxodo 11.9

Dios nos da segundas oportunidades a lo largo de nuestra vida de una manera tan sorprendente que caemos rendidos en profunda humildad y agradecimiento porque grande es Su misericordia. Estábamos en camino de muerte, y Él nos libró. En medio de grandes enemigos, y Él nos rescató. En gran angustia y dolor, y Él nos consoló. Dios nos extiende su misericordia día a día, porque nueva es Su misericordia cada mañana.

Cuando miramos la historia de la liberación del pueblo de Israel en Egipto, podemos ver a Dios dando segundas oportunidades a Faraón una y otra vez, pero todas ellas fueron rechazadas hasta que la vida de los primogénitos fue tocada por la muerte. El Faraón, cegado por su orgullo y autosuficiencia, fue llevado a niveles tales que Dios mostró Su gran poder y soberanía a través de maravillas sobrenaturales. Sin embargo, el Faraón en lugar de tomar esa segunda oportunidad, decidió seguir centrado en sí mismo.

El pueblo de Israel, liderados por Moisés, vieron también en ese proceso de liberación la mano de Dios. Cuando se encontraban en medio de un camino sin salida en el que estaban rodeados por un lado por el Mar Rojo, y por el otro por el ejército egipcio, la única opción en ese momento era Dios, no había otra. Y en esos tiempos de gran angustia, Dios pondrá delante de nosotros Su misericordia y salvación la cual voluntariamente, en fe, podemos abrazar.

Cuando te encuentres en medio de esos momentos de angustia, cuando lo único posible es que Dios te dé una segunda oportunidad, recuerda que Su misericordia es nueva y te alcanzará en cada momento. Recuerda esas palabras de Moisés cuando el pueblo estaba en un valle de sombra de muerte: “Y Moisés dijo al pueblo: No temáis; estad firmes, y ved la salvación que el Señor hará hoy con vosotros; porque los egipcios que hoy habéis visto, nunca más para siempre los veréis.” (Éxodo 14.13).

Y cuando esa segunda oportunidad haya sido dada, no olvidemos que nuestra vida debe rendirse cada vez más a Dios, a quien pertenecemos.

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