ofrenda voluntaria

Estándar

“Entonces Moisés mandó a pregonar por el campamento, diciendo: Ningún hombre ni mujer haga más para la ofrenda del santuario. Así se le impidió al pueblo ofrecer más; pues tenían material abundante para hacer toda la obra, y sobraba.”

Éxodo 36.6,7

Dios llenó a Su pueblo con una generosidad tal que cuando se construía el tabernáculo mientras el pueblo estaba en el desierto rumbo la tierra prometida, las ofrendas habían sobrepasado lo requerido para construir el santuario, una obra tan especial para Dios. Era tanto lo recibido que Moisés tuvo que impedir al pueblo que ofrendaran más.

Si lo traemos a nuestro tiempo actual muchas pseudo iglesias están fundadas con intereses tan mezquinos y malvados, que su único objetivo es poder obtener ganancia deshonesta a través de la manipulación de sus feligreses. Ejemplos sobran lamentablemente. Líderes religiosos amantes del dinero y del poder, que buscan en la menor oportunidad iniciar obras para sus intereses y que no están en lo más mínimo basadas en la voluntad de Dios. Un amor al dinero tan grande que sus ojos se han hinchado por lo temporal.

Contrario a lo que se vive en los tiempos actuales en esas pseudo iglesias, Moisés nos muestra una profunda actitud de su corazón que revela en dónde estaba centrado su corazón: en Dios y no en el dinero. Y también podemos ver tal rendición de las posesiones del pueblo hacia a Dios, un pueblo movido por Dios para ofrendar hasta que sobreabunde. No era Dios tomando algo que no era suyo, sino Dios inclinando a Su pueblo para que rindieran lo que Él mismo les había otorgado. Vemos un aspecto bien interesante aquí: el mismo pueblo que había traído oro para hacer un ídolo, el mismo pueblo que se quejaban amargamente en contra de Dios por haberlos sacado de Egipto, era ahora el pueblo cuyo corazón había sido inclinado por Dios para ofrendar. El pueblo no fue obligado a ofrendar, sino al contrario, al pueblo se le tuvo que impedir que ofrendaran más.

Mientras leía esa actitud de ofrecimiento voluntario del pueblo de Dios, Él me permitió recordar lo que hace ya un par de años Dios me ayudó a aprender: nuestra verdadera adoración a Él, no es la canción que cantamos, o las ofrendas que entregamos, sino nuestra verdadera adoración es, literalmente, la vida que vivimos. Si nuestra vida está alienada a Su corazón y Su Palabra, esa es una adoración y ofrenda tan fuerte, que Dios se agrada de ella. Y así, con una vida ofrecida en sacrificio vivo a Él, nuestras canciones y nuestras ofrendas vendrán a ser un ofrecimiento verdadero que buscan glorificar aun más a Dios.

Dios busca esos adoradores, capaces de ofrendar voluntariamente su vida a Dios en cada instante.

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