una vida extraordinaria

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“Entonces dijo Moisés a Aarón: Esto es lo que habló el Señor, diciendo: En los que a Mí se acercan me santificaré, y en presencia de todo el pueblo seré glorificado. Y Aarón calló.” Levítico 10.3

“para poder discernir entre lo santo y lo profano, y entre lo inmundo y lo limpio, y para enseñar a los hijos de Israel todos los estatutos que el Señor les ha dicho por medio de Moisés.” Levítico 10.10,11

Una verdad de Dios que rodea a los hijos de Dios es que todo hijo de Dios está llamado a vivir una vida extraordinaria, una vida extraordinaria desde la perspectiva de Dios, desde la perspectiva eterna. Cuando intentamos definir algo extraordinario, podemos traer a nuestra mente, la mayoría de las veces, aquellas cosas que el mundo define como algo grande, algo diferente, algo especial. Podemos llegar a pensar que vivir una vida extraordinaria es ser famoso, tener mucho dinero o poder, o ser considerado alguien con algún talento especial. Pero ante los ojos de Dios, una persona viviendo una vida extraordinaria es aquella cuya vida está vestida de santidad en todo lo que hace, piensa y dice. Vivir en santidad es un reto tan imposible que sólo a través del Espíritu Santo puede lograrse.

Al leer el libro de Levítico podemos ver el propósito por el cual Dios había dado las leyes a Su pueblo. En más de una ocasión en el libro de Levítico, Dios declara que Su pueblo será santo, porque Él es santo. Un pueblo llamado a vivir de manera diferente al resto de las naciones de la tierra, un pueblo llamado a vivir en santidad, un pueblo llamado a vivir una vida extraordinaria. Y para lograrlo, el pueblo necesitaba vivir en obediencia a Dios a través de las leyes que Él les estaba declarando.

En un mundo en el que vivimos, en el que es cada vez más difícil reconocer lo recto en nuestra sociedad, el alinear nuestra vida a la Palabra de Dios es de vida o muerte. Hoy por doquier se enseñan filosofías que “suenan” bien, pero su destino es muerte. Es por eso la importancia de fundar nuestra vida sobre la Palabra de Dios, porque aun la Palabra de Dios nos librará de nuestra propia manera de pensar o concebir las cosas.

Vivir en santidad no sólo está encaminado a agradar el corazón de Dios, que por supuesto es lo más importante, sino que también el vivir en santidad nos permite llevar nuestra vida a un nivel de comunión con Dios que nos permite discernir lo santo de lo profano, y lo inmundo y lo limpio.

Hoy podemos comenzar y continuar con esa caminar en santidad a través de obedecer aquello que Dios nos ha hablado a través de su Palabra. Al pasar del tiempo, veremos sin dudar que Dios nos ha llevado a vivir una vida extraordinaria a través de Su Espíritu.

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