tú eres la iglesia

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“Pero ahora en Cristo JESÚS, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo. Porque ÉL es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación,” Efesios 2.13,14

La iglesia está destinada a ser un lugar no de discriminación sino de inclusión, inclusión para el desprotegido, el rechazado, el discriminado, el enfermo, el perdido. La iglesia está llamada a ser luz para los que en tinieblas viven, para los que viviendo una vida arruinada y quebrantada, puedan encontrar restauración, esperanza, salvación, amor. La iglesia no es un museo de buenas personas, pero sí un hospital para el quebrantado, el maltratado, el discriminado, el que no es amado. La iglesia, la verdadera iglesia, el cuerpo de Cristo, esta iglesia ha sido llamada para ser esperanza al mundo entero sin importar su condición.

Tú eres la iglesia. No el edificio, no los líderes solamente, no los servicios dominicales. Tú y yo somos la iglesia. No el grupo de alabanza, no el que está a la puerta recibiendo a los que llegan, no los maestros de escuela dominical solamente. Tú, yo y ellos somos la iglesia. Y como iglesia estamos llamados a abrazar lo que el mundo rechaza, lo que el mundo menosprecia. A los afligidos, a los enfermos, a los que viven con profundo dolor de alma y espíritu. Y estamos ahí para ser un medio que Dios use para sanar. Somos la iglesia.

Te invito a leer hoy la carta a los Efesios en el capítulo 2 y los versos del 11 al 22, pido a Dios seamos conmovidos por la verdad que ahí se presenta. Antes estábamos sin Cristo, éramos lejanos, éramos enemigos. Pero ahora en Cristo hemos sido hechos cercanos, miembros de la familia de Dios, para ser un templo santo en el Señor. Y así como nosotros hemos sido aceptados por la fe en Cristo, podemos también ser ese cuerpo de Cristo que se acerque al mundo que tanto necesita de Él.

El dolor ha inundado el mundo por doquier. Sin importar la condición del país, ahí hay dolor. Pobres o ricos, hombres o mujeres, preparados o iletrados, el dolor ha llegado a todo lugar en este mundo. Y tú, yo, nosotros, la iglesia de Cristo, tenemos el llamado de ser esos brazos que abracen al que en muerte vive.

Dios nos dé un amor genuino por Él, por Su iglesia, por los perdidos, un amor que nos mueva a actuar donde quiera que estemos.

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