la política con la que soñé ayer

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Eran las 6:50 de la tarde y esperaba sentado en una banca afuera de un café en aquella calle que huele a Europa, a América, que sabe a México. Esperaba con breve impaciencia el inicio de una plática que el ahora candidato independiente a diputado local por el distrito 10 estaría compartiendo con el propósito de construir redes de ciudadanos (#ocupantes) en Guadalajara. Mi ánimo iba más allá de esa plática, mi ánimo iba más allá que una simple charla de política, mi ánimo había sido despertado por creer que hacer una política diferente es posible en las democracias que, como la mexicana, sufren demasiado por la falta de representación verdadera de los ciudadanos que, como yo, sentimos un hartazgo de la pseudo-política que ha paralizado sociedades enteras alrededor del mundo, un hartazgo que nos llama a despertar y buscar opciones reales para lograr el establecimiento de principios democráticos verdaderos.

Poco después, sin mucha espera, aquel hombre venía a pie, como cualquier otro joven en aquella calle, acompañado por una joven. Sin mayor prisa, sin mayor estruendo, sin mayor presentación lisonjera, intercambiamos un par de palabras y decidimos caminar dentro de aquel café. Un café tan normal como aquel que seguramente albergó, así lo sentía yo, tantas pláticas de C.S. Lewis y J. R. R. Tolkien en Inglaterra hace ya muchos años. Saludando a un par de personas que estaban ya dentro del café, esperamos por la pequeña sala donde la plática tendría lugar.

La plática inició. Una presentación por parte de aquel joven que se iniciaba en la política local, una joven que nos explicaba cómo construir nodos de ciudadanos (#ocupantes), y una sesión de preguntas y respuestas que fue más un espacio para el intercambio de ideas; porque si bien ellos (los organizadores de esa sesión) no tenían todas las respuestas, nosotros (los asistentes) nos sentíamos también parte de ellos. Era el espacio para toda persona revolucionaria, de esa que busca opciones más que quejas, que busca respuestas conjuntas más que la idolatría de un personaje distante, que sueña y no se cansa de soñar mientras actúa. Porque en ese grupo de quizá diez personas había tanta diversidad de ideas como la que hay en los que sueñan y se arriesgan por cambiar.

Y ahí, en esa plática se hablaba de redes de ciudadanos (#ocupantes) que iban más allá de un proceso electoral. De ciudadanos organizados que transforman una calle, una colonia, una ciudad por el simple afecto que le tienen a ella, porque en ella estamos nosotros, estamos todos. Ciudadanos (#ocupantes) que se vuelven ciudadanos todos los días, no cada tres años. Ciudadanos (#ocupantes) que proponen, que se organizan para llevar a cabo lo propuesto, que vigilan como quien cuida de algo que le pertenece. Ciudadanos (#ocupantes) que se sienten dueños del país –como diría Denise Dresser- y no sólo alquiladores de él, porque quien siente que un país le pertenece lo limpia, lo aspira, lo cuida, lo protege.

#LosMurosSíCaen, se repetía en más de una ocasión. Los muros de un sistema político que sólo abre puertas para conseguir votos cada tres años y una vez obtenidos (o comprados) se encierran en las murallas para repartir el botín que es México. #LosMurosSíCaen, esa frase que sonaba a utopía nos movía a creer que la política, la verdadera política, le pertenece a los ciudadanos quienes pagan (porque realmente así sucede) a un individuo para que les represente y les represente con honestidad y ética. #LosMurosSíCaen, porque las grietas que permitirán que se derriben se han estado agrandando ante la realidad que nos intenta robar el ánimo. #LosMurosSíCaen, porque así como era “imposible” que Alemania fuera reunificada – así lo comentaría una de las asistentes- vimos con asombro y alegría un muro que caía después de décadas de vergüenza.

Al finalizar aquella plática, aquel joven descrito como tímido por algunos, dijo algo que sonaría más a todos: yo no pretendo volverme el cacique de las candidaturas independientes. Porque este joven era todos, porque este joven que en fotografías se esconde entre la multitud no es más que la multitud toda.

Sin compartir propuestas porque aun las campañas no iniciaban, aquel joven apresurado por concluir a tiempo la sesión debido al respeto a todos, comía una manzana y una mandarina como cualquiera de nosotros.

Y ese ayer fue hace una semana.

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Un comentario »

  1. Reblogueó esto en simplementegryselly comentado:
    Tiempo, nuevas formas, nuevos beneficios… una Política colaborativa. Donde todos sumamos, participamos, proponemos, e intervenimos. Donde las diferencias son fortalezas ¡La diversidad es la pauta! Donde las reglas y normas estén debidamente establecidas y se respeten !!

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