la gloria postrera

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“La gloria postrera de esta casa será mayor que la primera, ha dicho el Señor de los ejércitos; y daré paz en este lugar, dice el Señor de los ejércitos.” Hageo 2.9

El pueblo de Israel ha esperado por años la construcción del gran templo de Salomón. Por décadas, una vez declarado el Estado de Israel en 1948, el pueblo de Israel ha planeado la tercera construcción del templo con tanto detalle y anhelo que aún en nuestros días la construcción de este templo se espera con gran expectación por gran parte de la iglesia cristiana. La casa donde una vez Dios mostró Su gran gloria en los tiempos del rey Salomón. Aquella casa donde los judíos podían ofrecer sacrificios y acercarse para buscar el favor y la presencia de Dios.

Esa casa, reconstruida ya una vez antes del tiempo de JESÚS, es la esperanza del pueblo de Israel para el cumplimiento de aquella profecía donde el Mesías (el Deseado) habría de manifestarse. Todo está listo para construir el templo en nuestros días, solo falta que un gran milagro ocurra para que el lugar donde ha de construirse pueda ocuparse, ya que sobre este lugar hay ahora una mezquita sagrada para los musulmanes, cuya destrucción puede desatar una guerra a escala internacional.

La palabra de Dios, a través del profeta Hageo, nos muestra que si bien la gloria de la casa primera fue tan maravillosa (2 Crónicas 5.13), la gloria postrera de este tercer templo sería mayor. El templo reedificado como cumplimiento profético antes de la segunda venida de JESÚS, el Deseado.

Algo aún mayor es que cada creyente, cada hijo de Dios, cada nacido de nuevo, es un templo del Espíritu, un templo para que la gloria de Dios pueda manifestarse al mundo para gloria del Padre. El templo de Salomón era un medio a través del cual los hombres podían acercarse a Dios, ahora nosotros somos instrumentos útiles en manos de Dios para que los hombres, sin importar su condición, puedan conocer la salvación que en Cristo hay. Nosotros, cada creyente, nuestro cuerpo es un templo donde la gloria de Dios puede mostrarse a este mundo que necesita tanto de Dios.

Si bien el tercer templo es algo que esperamos con gran ánimo, no debemos perder de vista que nosotros somos responsables de un templo: nuestro cuerpo. ¿Cómo estamos cuidando ese templo? ¿De qué estamos llenando ese templo? Permite que Dios muestre Su gloria a través de ti, permite que Dios use “tu” templo para que más hombres y mujeres conozcan de nuestro gran Dios. Somos portadores en todo momento de la gloria del Dios del Universo.

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