¿cuál de ellos le amará más?

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“Por lo cual te digo que sus muchos pecados le son perdonados, porque amó mucho; mas aquel a quien se le perdona poco, poco ama.” Lucas 7.47

La historia de aquella mujer pecadora que trajo un frasco de alabastro con perfume y enjugó los pies de JESÚS en casa de aquel fariseo, es una historia que conmueve profundamente. Es la historia de una mujer que reconoció a JESÚS, y le reconoció realmente aún en medio de su oscuridad. Una mujer que dejando atrás la crítica, el prejuicio social, una vida sin mayor propósito, encontró en JESÚS lo más grande que su vida pudo haber encontrado: perdón y amor.

¿Qué le hizo venir a la casa de este fariseo cuando JESÚS estaba en esa casa? ¿Qué le motivó a irrumpir en aquella comida y sin importarle si era la casa de un religioso que la acusaría de pecadora? ¿Qué le llevó hasta los pies de JESÚS y en lágrimas lavar sus pies? La respuesta es tan asombrosa como sencilla: amor a JESÚS.

Como era de esperarse, aquel fariseo criticó a la mujer (v. 39), pero JESÚS podía entender la dureza en el corazón de este hombre. La respuesta de JESÚS, a través de una pequeña historia, me impresiona mucho. En esta historia JESÚS le pregunta a este religioso, quien se creía justo en sí mismo: ¿quién amará más: al que se le perdona poco, o al que se le perdona mucho? Y el fariseo responde acertadamente: a quien se le perdona mucho. JESÚS usa esta ilustración para ejemplificar lo que estaba sucediendo con la mujer postrada a sus pies: una mujer que entendió Quien era JESÚS.

Este pasaje revela la importancia de la revelación de cuánto JESÚS nos ha perdonado, porque el amor a JESÚS estará íntimamente ligado al perdón que hemos recibido de Él. Un creyente cuyo entendimiento del pecado del cual JESÚS le ha perdonado es mínimo, traerá por consecuencia poco amor a Él; sin embargo, aquel creyente que entiende la terrible vida que llevaba sin JESÚS, al recibir perdón y reconciliación podrá entender lo asombroso del amor de Dios. ¡Cuán importante es recibir revelación y convicción de pecado en nuestra vida! ¡Y aún cuán maravilloso es saber que de todo ello JESÚS nos ha perdonado al acercarnos en arrepentimiento y gratitud como aquella mujer!

Amado creyente, no somos en nada mejores a aquella mujer pecadora. Aún más, no somos en nada mejores a la peor persona que pueda estar sobre esta tierra. Todos hemos pecado y nuestra vida necesita ser limpiada de toda esa maldad.

Cuidemos de nunca olvidar de cuánto JESÚS nos ha perdonado. No dejemos pasar un día sin traer en humildad a nuestra mente todo pecado que no ha sido confesado, porque nuestro Dios es fiel para perdonar.

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