espíritu de poder, de amor y de dominio propio

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“Por lo cual te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti por la imposición de mis manos. Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio. Por tanto, no te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor, ni de mí, preso Suyo, sino participa de las aflicciones por el evangelio según el poder de Dios,” 2 Timoteo 1.7,8

En días pasados cierta duda llegó a mí respecto a qué tanto estamos impactando al mundo con el evangelio. Naciones construidas sobre los principios del evangelio hace siglos ahora se vuelven a un humanismo imperante donde el conocimiento de Dios es cuestionado y donde Su existencia es negada. Vemos a generaciones de jóvenes que siendo criados en la iglesia, ahora dejan la fe cristiana para abrazar filosofías y conceptos de hombres. ¿Qué ha pasado con la iglesia en las últimas décadas que su impacto en la sociedad occidental ha menguado a niveles preocupantes?

Creo que una de las razones se debe a que como iglesia hemos sido en lo secreto un tanto complacientes con el pecado pero a su vez en lo externo hemos sido un desagüe de condenación y falsa santidad. Es triste ver en las noticias cómo líderes identificados como fervientes creyentes, son señalados por su falta de ética y congruencia; es preocupante ver cómo creyentes de años se amoldan al mundo sin mayor peso en la conciencia; es triste ver a una iglesia que llamada a ser luz, nos hemos vuelto una institución más en la sociedad.

No quiero ser pesimista, tampoco quiero ser un desagüe de condenación hacia la iglesia misma, solo quiero compartir un peso que en mí hay desde hace ya algún tiempo, y quisiera que el Espíritu de Dios nos moviera hacia tiempos más gloriosos para Su iglesia, y es aquí donde creo la palabra de Pablo a Timoteo tiene un valor especial: Dios no nos ha dado un espíritu de cobardía, sino de poder, de amor, y de dominio propio.

De poder porque de manera sorprendente y sobrenatural hemos confirmado que Dios puede transformar vidas enteras por el puro afecto de Su voluntad. De amor porque no habrá mayor testimonio que el amor que la iglesia muestre al mundo. Y de dominio propio porque en tiempos de profunda oscuridad, nuestra vida deberá estar llamada a vivir en estándares de integridad y pureza que este mundo no conoce.

Solo el Espíritu de Dios podrá hacerlo, sólo Él puede quitar ese espíritu de cobardía y darnos ese espíritu de poder, de amor y de dominio propio que nos llevará a no avergonzarnos del evangelio, sino que seremos capaces de soportar toda aflicción por Su Nombre. Dios nos llene de Su Espíritu y nos lleve a tiempos tan gloriosos que ninguna otra generación haya conocido.

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