porque Él nos amó primero

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“Y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor; y el que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él. En esto se ha perfeccionado el amor en nosotros, para que tengamos confianza en el día del juicio; pues como Él es, así somos nosotros en este mundo. En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor. Nosotros le amamos a Él, porque Él nos amó primero.” 1 Juan 4.16-19

Hay una verdad declarada a mí hace ya algunos años que impactó mi vida de tal forma que muchas barreras, miedos, dudas y preguntas no podían ya más permanecer en mí, una verdad de Dios que los ahuyentó a todos de un solo golpe. Había concluido de ver una película tan sencilla pero que en ella había algo que golpeó mi alma: niños que en silencio sufren por una sociedad que les estigmatiza. Después de concluirle, preguntaba a Dios con una angustia profunda: ¿por qué, Dios? No como un reclamo, no como un debate o discusión con Dios, sino con una angustia que deseaba descubrir los propósitos de Dios en medio del dolor.

La respuesta de Dios, esa verdad, fue tan sencilla como poderosa: porque te amo.

No pude contenerme. Comencé a llorar como hacía mucho tiempo no había sucedido en mí. Mi alma, mi espíritu, golpeados por esta verdad tan poderosa que yo no podía permanecer igual. Y como un eco, dentro de mí, esa verdad sigue resonando: porque te amo.

No lloraba del dolor, lloraba porque mi alma y mi espíritu habían entendido en medio de esa angustia el amor de Dios para conmigo, para con nosotros. El amor de Dios que es perfecto, que no cambia, que no mengua, que no se detiene, que no se rinde, porque había entendido que aun antes de amarle yo, Él me había amado primero.

Siempre que vienen dudas a mí, o miedos, o pruebas, Dios me recuerda aquel día, aquella verdad tan insertada en mi vida que recuerdo a ese pequeño niño en cuerpo de joven que lloraba una vez escuchada esa verdad.

Cuando a nuestro espíritu es revelado (golpeado) por el amor de Dios, no podremos volver a ser igual, su amor es tan ancho y profundo que nuestra vida quedará cautividad por conocerle y sumergirse en él.

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