cuando la iglesia no tiene todas las respuestas

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“Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese, sino gozaos por cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo, para que también en la revelación de su gloria os gocéis con gran alegría.  Si sois vituperados por el nombre de Cristo, sois bienaventurados, porque el glorioso Espíritu de Dios reposa sobre vosotros. Ciertamente, de parte de ellos, Él es blasfemado, pero por vosotros es glorificado.” 1 Pedro 4.12-14

parte 1: el temor a regresar

He regresado de Ghana y este tiempo después de Ghana ha sido un mundo de emociones. Estoy muy agradecido con Dios por el gran privilegio y bendición de poder viajar a este país y poder ser un instrumento de bendición para esta tierra. Estoy, sin duda, muy agradecido por esta oportunidad que confío en Dios podrá ser la primera de muchas muchas más. Las personas que conocí, los lugares que visité, las vidas que tocaron mi vida, y un pueblo que en su necesidad busca superarle.

Y también siento una profunda tristeza, quizá depresión, a la que no he podido ponerle palabras para describirle completamente. Compartía en Facebook con un toque de broma que siento como si tuviera una depresión post-parto pero sin el parto. Justo después de compartir en Facebook, amigos, hermanos, con una preocupación e interés genuino comentaron palabras de ánimo. Un amigo, un querido amigo cristiano, me comentaba que esta depresión/tristeza era algo normal después de vivir un tiempo tan grande y tan impactante; este amigo, hermano, compartía que él enfrentó algo similar al regreso de un viaje de misiones. Una querida amiga-hermana-confidente-mi mejor amiga compartió algunos versículos de la Biblia y se ofreció a orar por mí, algo que valoro grandemente.

Los días pasaron y la tristeza parecía no menguar sino crecer. Algunos días mis ojos se han llenado de lágrimas y algo dentro parece no contenerse y querer explotar en llanto. Aun recuerdo, que estando en el aeropuerto quizá de Londres o de Dallas ya de regreso, quería llorar y llorar con una profunda tristeza que estaba ahí sin saber por qué. Y hoy, mientras escribo estas letras, mis ojos y aún más mi corazón están bañados de una tristeza que platicaba con Dios no sé como describirle y sigo sin entender por qué está ahí. He estado entre pensativo, retraído, sin muchas palabras, ensimismado.

Mientras platicaba con Dios, Él me recordaba que no hay nada de que temer, no somos más esclavos del temor. Y me preguntaba, ¿acaso tengo temor? Y la respuesta es quizá tan extraña como cierta: tenía temor de regresar a México. No es porque México está enfrentando sus propias luchas como sociedad, que son muchas y son terribles, sino porque aún no sé qué sucederá en mi iglesia local después de que tuve que dejar de servir en mi iglesia por ser gay e iniciar un proceso con mi pastor para entender qué es lo que la Biblia dice sobre la homosexualidad. Aunado a ello, no sé cómo mi familia reaccionará ante esta situación. No han sido meses fáciles, pero han sido meses en los que visto la mano de Dios de manera asombrosa. Y sé que Dios me sostendrá, en verdad confío que así será.

Aún más dentro, a veces siento que no pertenezco a donde creí pertenecer, a una iglesia local que tanto amo y donde mis líderes y grandes personas han sido de bendición durante muchos años. Cuando tengo oportunidad de platicar con algunos (muy pocos) amigos respecto a esta situación, he visto una reacción de enojo y de impotencia de parte de ellos contra la iglesia, sin embargo, he pedido a ellos no sentir eso en contra de mi iglesia, porque eso me dolería aún mucho más. No es una lucha de ellos contra mí, sino es una lucha donde la verdad y lo que viene de Dios necesita ser revelado a Su iglesia. Y una angustia desde hace meses en mí es que si como iglesia estamos listos para recibirlo.

Dios ha dado Palabra a mi vida durante estos meses: No temas, ya no eres esclavo del temor, eres hijo Mío; Yo te he hecho valiente; esfuérzate y sé valiente; este es el tiempo, no temas. Y Dios ha confirmado a través de oraciones, palabras, respuestas asombrosas. En verdad he visto la mano de Dios de una manera muy especial, muy especial.

La tristeza, si bien puede estar ahí, sé que ha revelado el temor que aún hay en mí. Un temor que, si bien puede ser justificado, ya ha sido derrotado porque el verdadero amor echa fuera todo temor.

 

parte 2: cuando ser gay es ilegal

Ghana es uno de los 76 países donde existen legislaciones que condenan a las personas LGBT con prisión hasta la pena de muerte. En el caso específico de Ghana, la condena puede llegar hasta 25 años de cárcel y no existen, por consecuencia, alguna legislación que evite la discriminación en base a la orientación sexual o la identidad de género.

En contraste, IBM, la compañía donde tengo oportunidad de trabajar, ha sido pionera en desarrollar políticas de inclusión y no-discriminación hacia las personas LGBT aún antes de que las legislaciones en los países les hayan desarrollado. Además, IBM ha desarrollado políticas que incluyen beneficios para sus empleados que han formado familias homoparentales. IBM ha logrado, gracias a sus avances de inclusión y no-discriminación, ser clasificada continuamente como una de las compañías más seguras para trabajar para personas LGBT.

Cuando recibí la noticia de que viajaría a Ghana, una de mis primeras búsquedas acerca de este país fue el entender sus legislaciones respecto a este tema. Con cierta reserva comencé a buscar información respecto a qué lineamientos IBM recomienda seguir para empleados gays que, como en mi caso, necesitamos viajar a este país. IBM, consciente de esta situación en diversos países, dentro del tiempo de preparación antes de viajar recomendaba ser prudentes, cuidando en todo momento la seguridad de sus empleados.

Siguiendo esta recomendación, uno de mis primeras preocupaciones fue el contenido en mi blog personal y mis cuentas de redes sociales que pudieran de cierta forma identificarme como gay. Sin embargo, Dios continuamente me recordaba que, si bien necesito ser cuidadoso y prudente durante mi tiempo allá, no había porque temer.

Cuidé mucho el tema en la medida de lo posible durante mi tiempo en Ghana y, personalmente, no soy de las personas que suelan platicar con toda persona respeto a mi sexualidad, no por miedo ni vergüenza, pero sí por prudencia y sabiendo que el ser gay cristiano sigue siendo un tema en el que aún hay mucho trabajo por hacer tanto dentro de la iglesia como fuera de ella.

Durante mi tiempo en Ghana hubo tres ocasiones donde el tema de mi sexualidad pudo ser “descubierto”. La primera de ellas se dio cuando algunas personas comentaron sobre la homosexualidad con cierta burla; yo con una reserva un tanto evidente durante la plática, decidí no comentar al respecto. La segunda ocasión fue cuando una persona estaba revisando en mi computadora una información usando el navegador. Cuando esta persona intentó abrir la página de Google, en el historial de páginas visitadas se mostró como sugerencia al teclear la letra “g” la página del sitio cristiano para personas LGBT donde colaboro.

La tercera ocasión fue mucho más personal. Dios me permitió durante este tiempo en Ghana desarrollar una amistad con un chico cristiano al que estimo y quiero muchísimo. Esta amistad basada completamente en nuestra en fe JESÚS ha sido de los más grandes regalos de parte de Dios durante este viaje. Una amistad profunda, con mucha confianza y con una plena convicción de que es una amistad de parte de Dios. Durante los días en Ghana, un tema que siempre estaba presente era mi situación en la iglesia y el porqué ya no me era posible servir en mi iglesia. Mi respuesta a este chico era: es un tema que es un tanto difícil que si Dios permite platicaremos en su momento.

Oré a Dios durante varios días. No quería primero que esta amistad fuera dañada por el tema de mi sexualidad, pero también quería ser prudente respecto a la situación que chicos gays enfrentan en Ghana. Dios me guió a un tiempo en el que Su Palabra fue de gran paz y consuelo. Días después, pude escribir una carta para mi amigo (mi hermano espiritual) donde compartía la situación que estoy viviendo en mi iglesia y la razón de todo ello (mi sexualidad). Sin embargo, el tiempo para entregarle esta carta no sé dio hasta el día en que tuvimos que despedirnos porque era tiempo para regresar a México. Quería ser prudente a las recomendaciones de IBM y también, quería ser sensible a los tiempos de Dios. Ese tiempo, así lo creo, fue justo ese último día en que nos despedimos.

Quiero ser sincero que mi cariño por Ghana no ha cambiado en lo absoluto. Ghana, su gente, el tiempo ahí, han sido una de las mayores bendiciones que Dios ha traído a mi vida. Agradezco a Dios profundamente este regalo. Fue un tiempo que cambió muchas cosas en mí para bien y que han ayudado a que este hijo Suyo pueda crecer. Además, Ghana no es el único el país con ambientes hostiles para personas LGBT. En México, ya con legislaciones que buscan la inclusión y el respeto, la discriminación sigue siendo una realidad no solo para personas LGBT, sino también para mujeres, para indígenas, para inmigrantes.

 

parte 3: cuando la iglesia no tiene todas las respuestas

Ya de regreso en México, platicaba con Dios cómo a veces no es sencillo el ser gay (no como queja o vergüenza, sino como un dolor dentro de mí). Visitar un país con legislaciones que te hacen “delincuente” por ser gay. Cuando desarrollas una amistad profunda con alguna persona (chico o chica) y se llega el momento de compartir que eres gay. Cuando tienes que enfrentar procesos en tu iglesia, o en tu familia, o en tu círculo de amigos, o en tu trabajo donde tu sexualidad pone en riesgo muchas cosas, principalmente tu relación con esas personas.

Dios ponía en mí que esta situación no es exclusiva de mi sexualidad, sino que mujeres siguen enfrentando situaciones similares. Hoy en día, en Jalisco, la alerta de género ha sido declarada debido al alto índice de asesinatos hacia mujeres. Y Jalisco es, lamentablemente, uno de más estados en México donde ser mujer es un riesgo.

Aunado a ello, Dios también me permitió comprender una realidad espiritual aún mayor. Durante el tiempo en que JESÚS estuvo en la Tierra, los líderes religiosos y la sociedad judía no comprendían como Él podía ser el Mesías, el Hijo de Dios, Dios hecho hombre. El entendimiento de los líderes religiosos respecto a la Palabra de Dios no les permitía comprender quién era JESÚS, al grado que tuvieron que asesinarle por considerarle un riesgo muy fuerte a sus creencias y la sociedad.

Mi situación como gay cristiano es en poco, y muy poco, comparable a lo que vivió JESÚS. Sin embargo, Dios me recordaba cómo esta situación personal puede ser usada para comprender cómo podemos ser partícipes de los padecimientos de Cristo (1 Pedro 4.13), padecimientos mostrados en rechazos, burlas, exclusión, y aún la muerte. Para muchas personas en la iglesia los chicos y chicas que somos LGBT y que guardan su fe cristiana con una profunda reverencian y cuidado, somos considerados una contradicción, un anatema, una imposibilidad dentro del cristianismo. Y ahí Dios nos llama aún más a guardar nuestra fe, a ser como Cristo: mansos, humildes, amando en todo momento aún aquellos quienes buscan nuestra muerte.

Esto no sugiere que debemos conformarnos a esos ambientes hostiles y no buscar cambiarles. Sin embargo, nuestra más grande herramienta para impactar esos ambientes y transformarles para bien es permitir que Cristo brille en nosotros cuando esos ambientes tratan de consumir nuestra fe y nuestra vida. Las tinieblas no se vencen con tinieblas, sino se vencen con luz. El mal no se vence con mal, sino con el bien. Porque en la medida que más chicos LGBT verdaderamente cristianos se levanten con el carácter de Cristo en medio de sus iglesias, en esa misma medida Dios irá transformando a la Iglesia que tanto necesita de Dios.

Es doloroso imaginar y enfrentar que el ambiente hostil que muchos chicos y chicas LGBT enfrentan en sus familias, en sus escuelas, en sus trabajos, en la sociedad, pueden ser ambientes que pueden estar viviendo también en la iglesia y, aún peor, que la iglesia pueda ser usada como un instrumento humano para promover, justificar y alentar esos ambientes. Y es ahí cuando descubrimos a una iglesia que se ha alejado de su propósito y su llamado, a una iglesia que, llamada a ser luz y el cuerpo de Cristo, ha sido llevada cautiva por el entendimiento humano.

Quiero ser nuevamente claro: amo a la iglesia (entendida como el cuerpo de Cristo) y a mis líderes y hermanos en Cristo. No quiero ser un medio de condenación y juicio hacia la iglesia donde con profunda fe sé que pertenezco y cuya permanencia y acceso es dada a través de la fe en JESÚS. La iglesia, esa comunidad de miembros imperfectos que unidos a través del Espíritu es un medio a través del cual Dios restaura, consuela, alienta, exhorta, enseña, disciplina.

En este tiempo de tristeza después de Ghana he comprendido que nosotros como iglesia necesitamos movernos hacia niveles mayores de fe y obediencia a Cristo y Su Palabra, más allá que nuestro entendimiento humano. He comprendido, con dolor y quizá temor, que como iglesia carecemos de todas las respuestas, y es por ello que necesitamos ser guiados por el Espíritu a toda verdad porque solo Su Espíritu y no nuestro entendimiento podrán liberarnos de toda atadura, porque Su Verdad nos hará libres, porque donde está el Espíritu de Dios ahí, y solo ahí, hay libertad.

 

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