si la sal se desvaneciere

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“Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada (pisoteada) por los hombres.” Mateo 5.13

 

Es parte del conocimiento popular de la tradición cristiana el versículo anterior. Es común que cada creyente sea enseñado que somos la sal de la tierra, la luz del mundo. Que en nosotros existe ese gran privilegio, pero también esa grande responsabilidad para evitar que el mundo siga corrompiéndose y que a través de la luz de nuestras buenas obras los hombres puedan ver a JESÚS y reconocerle como Dios, como Rey, como Señor.

Mientras se predicaba este domingo en la iglesia sobre este versículo, algo llamó mi atención de una manera muy sorpresiva. Ese versículo si bien habla que somos sal de la tierra, trae consigo una advertencia bastante fuerte: si la sal se desvanece (se hace insípida, pierde su cualidad), no sirve para nada y será echada fuera y pisoteada por los hombres.

No se habla en esta advertencia de sal que dejo de ser sal, sino de sal que perdió su cualidad principal. Creo esta es una advertencia bastante fuerte para la iglesia de nuestro tiempo, una advertencia que nos debe llevar a reflexionar y evaluar si estamos siendo verdaderamente sal para el mundo o simplemente estamos contribuyendo más a su corrupción. Hace un par de semanas compartía sobre este dolor y esta angustia en mí, cuando Dios no veía nuestras obras perfectas y al leer este versículo pudo claramente relacionarlo.

Compartía hace un par de días con una amiga que sigo sorprendido cómo que es que los religiosos del tiempo de JESÚS no lograron reconocer quién era JESÚS. Hombres conocedores de la Palabra, de la ley, de las tradiciones y costumbres judías, pero que no lograron siquiera reconocer un poco a JESÚS. Hombres seducidos por su propio entendimiento y cegados por una religiosidad que había corrompido aún la Palabra de Dios. También, recordaba al profeta Jeremías que fue perseguido por los mismos sacerdotes por declarar juicio y condenación a la nación de Israel por haber sido corrompida, corrupción que había también consumido a los líderes religiosos.

Y al meditar en ello, pude nuevamente con dolor asociarlo con lo que como iglesia podemos estar viviendo: una iglesia que hemos sido seducidos por nuestro propio entendimiento de la Palabra y nos ha cegado a ver nuestros propios pecados y arrepentirnos de ellos, una iglesia que poco a poco podemos estar perdiendo nuestra cualidad de ser sal.

En mi corazón está ese anhelo de que Dios nos lleve a un tiempo de profundo arrepentimiento como iglesia. Que como iglesia podamos ser capaces de recibir la revelación del Espíritu de nuestras obras, no solo en este tiempo, sino en décadas y aún siglos pasados de las cuales no nos hemos arrepentido. Que podamos ser quebrantados a tal grado que podamos verdaderamente clamar por el perdón de Dios y ser llevados a un tiempo de restauración.

Creo profundamente que la misericordia de Dios es nueva cada día, y que Dios da a Su iglesia de generación a generación oportunidades para reconocer nuestro pecado, arrepentirnos y buscar el perdón de Dios. Este, creo yo, es el verdadero avivamiento en la iglesia de Dios.

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