Dios miró la muy amarga aflicción

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“Porque el Señor miró la muy amarga aflicción de Israel; que no había siervo ni libre, ni quien diese ayuda a Israel; y el Señor no había determinado raer el nombre de Israel de debajo del cielo; por tanto, los salvó por mano de Jeroboam hijo de Joás.” 2 Reyes 14.26,27

El corazón de Dios por los que sufren y están en angustia está atento a la oración y el clamor. En Éxodo 3, Dios habla a Moisés y le dice: “Bien he visto la aflicción de mi pueblo… y he oído su clamor…, pues he conocido sus angustias” (Éxodo 3.7). Y en este pasaje del libro de 2 Reyes, nuevamente Dios libra a Su pueblo de la angustia, aún a pesar de que el pueblo no se volvía a Dios, pero su angustia era grande y Dios aún no había permitido la destrucción de Su pueblo. La parte que llama la atención de este pasaje en 2 Reyes es cómo describe esa aflicción: la MUY amarga aflicción. No era una simple aflicción, era amarga, era MUY amarga. ¿Podemos imaginarlo? Un pueblo rodeado por sus enemigos, conspiraciones internas, un pueblo arrojado a adorar ídolos, en resumen: un pueblo alejado de Dios.

Hace algunos meses Dios ponía en mi corazón: el Señor hace justicia y derecho a todos los que padecen violencia. (Salmo 103.6). Y puede que sea una angustia y violencia que no solo es física, pero también espiritual, emocional. Aquellos que son violentados en el alma y en el espíritu. Dios escucha el clamor.

No es de sorprendernos que todo avivamiento que se narra en la Biblia viene de un tiempo de angustia, de corazones que viendo el desolador panorama, solo pueden encontrar esperanza en Dios y Su justicia. No toda angustia trae por consecuencia un avivamiento, pero sí todo avivamiento viene a estar precedido por un tiempo de angustia, de aflicción, de muy amarga aflicción. La diferencia está determinada si esa angustia trae en sus orígenes un arrepentimiento real, un quebrantamiento del corazón por nuestros pecados y por los pecados del pueblo.

No es de sorprender que aún a pesar de que Dios miró la muy amarga aflicción de Israel, el pueblo siguió en sus malos caminos. Ellos buscaban solo el favor de Dios, no conocer realmente el corazón de Dios.

Dios nos guíe a tiempos de un verdadero despertar y una profunda comunión con Su Espíritu como nunca ha experimentado Su Iglesia en esta generación, en este tiempo.

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