Archivo del Autor: jacobpintle

Yo mismo iré a buscar Mis ovejas, y las reconoceré

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“Hijo de hombre, profetiza contra los pastores de Israel; profetiza, y di a los pastores: Así ha dicho Dios el Señor: ¡Ay de los pastores de Israel, que se apacientan a sí mismos! ¿No apacientan los pastores a los rebaños? Coméis la grosura, y os vestís de lana; la engordada degolláis, mas no apacentáis a las ovejas. No fortalecisteis las débiles, ni curasteis la enferma; no vendasteis la perniquebrada, no volvisteis al redil la descarriada, ni buscasteis le perdida, sino que os habéis enseñoreado de ellas con dureza y con violencia. Y andan errantes por falta de pastor, y son presa de todas las fieras del campo, y se han dispersado.” Ezequiel 34.2-5

“Porque así ha dicho Dios el Señor: He aquí Yo, Yo mismo iré a buscar Mis ovejas, y las reconoceré. Como reconoce su rebaño el pastor el día que está en medio de sus ovejas esparcidas, así reconoceré Mis ovejas, y las libraré de todos los lugares en que fueron esparcidas el día del nublado y de la oscuridad.” Ezequiel 34.11,12

 

Nuestra vida está hecha de ciclos. Cada ciclo que concluye trae consigo un ciclo que comienza. Con nostalgia podemos sujetarnos a lo que dejamos atrás para caminar hacia lo que viene adelante. La vida de cada uno de nosotros se puede ir desarrollando a través de cada ciclo, a través de cada etapa. Es difícil terminar un ciclo, pero es muchísimo más sublime comenzar nuevos que traerán más crecimiento, especialmente en nuestra relación con Dios y los demás.

Mientras escribo este texto, medito en este ciclo de mi vida que está por concluir, un ciclo en mi iglesia local que me ha tenido meditando por mucho tiempo porque intento sujetarme de la nostalgia por todo aquello que Dios me permitió vivir, aprender y crecer. Hoy, sin tener el mapa completo de lo que viene adelante, es tiempo de confiar aún más en Dios, y crecer más en Él.

Mientras medito en esta decisión que necesito tomar, Dios me ha permitido también encontrar refugio en Su Palabra. Los profetas pueden ser libros de gran tristeza y confrontación, pero también son libros de consuelo y gran esperanza. A través del profeta Ezequiel, Dios reprende a los líderes por haber olvidado su labor como pastores del pueblo, y haberse dedicado a satisfacer su propia vanidad y deseos. Con tristeza, Dios dice: No apacentaste, no fortaleciste, no curaste, no vendaste, no rescataste ni buscaste.

Y esa realidad que Dios mostraba a través del profeta Ezequiel es, tristemente, la realidad de la iglesia cristiana alrededor del mundo respecto a los creyentes LGBT+. Como iglesia no hemos ni apacentado, ni fortalecido, ni curado, ni rescatado, ni buscado a cada creyente LGBT+, quienes sufren gran violencia, con gran tristeza lo digo, dentro de la misma iglesia. Nuestros creyentes LGBT+ son dispersados y arrojados.

Pero este grupo de creyentes no son solo los únicos excluidos de la comunión del cuerpo de Cristo. Mientras camino en este tiempo decisivo en mi vida, Dios me ha permitido comprender que muchos creyentes han sido dispersados porque en la iglesia no han encontrado un lugar de refugio, de descanso, de sanidad.

No hablo de una iglesia local específica, sino de una realidad espiritual que poco a poco descubro se puede estar repitiendo en muchas partes de la iglesia a nivel mundial. La iglesia de Cristo, llamada a ser la comunión de los santos, de los hijos de Dios.

Es por eso mi ausencia en escribir regularmente en este blog durante el último par de meses. He necesitado meditar, orar, pedir dirección de Dios. Dejar la iglesia local no es una decisión fácil. Para un creyente es una de las decisiones más difíciles. Dejar la iglesia local porque uno, como creyente LGBT+, es orillado a ello. Eso es triste, eso duele, es una realidad que se repite día tras día.

Y en medio de esa realidad desoladora, también Dios habla consuelo y gran esperanza. Al leer al profeta Ezequiel, después de que Dios reprende a los líderes, Dios mismo dice: He aquí Yo, Yo mismo iré a buscar Mis ovejas, y las reconoceré. Como reconoce su rebaño el pastor el día que está en medio de sus ovejas esparcidas, así reconoceré Mis ovejas, y las libraré de todos los lugares en que fueron esparcidas el día del nublado y de la oscuridad.

Esta es una verdad para ti, es una verdad para mí. Para ti que has sido hecho ajeno de la comunión de la iglesia, para ti que buscas profundamente regresar a esa comunión, porque somos familia, porque somos Su pueblo.

Dios traerá nuevos ciclos en nuestra vida, nuevos tiempos para crecer y conocerle y amarle más. Dios no nos ha abandonado.

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como un fuego ardiente

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“Me sedujiste, oh Señor, y fue seducido; más fuerte fuisto que yo, y Me venciste; cada día he sido escarnecido cada cual se burla de mí. Porque cuantas veces hablo, doy voces, grito: Violencia y destrucción; porque la palabra del Señor me ha sido para afrenta y escarnio cada día. Y dije: No me acordaré más de Él, ni hablaré más en Su nombre; no obstante, había en mi corazón como un fuego ardiente metido en mis huesos; traté de sufrirlo, y no pude.” Jeremías 20.7-9

 

El capítulo 20 del libro de Jeremías narra uno de los tiempos más difíciles del profeta, diría un pastor, una de las oraciones más doloras de un hombre de Dios en angustia, un hombre que sufría afrenta por obedecer al Señor. Si bien el profeta sufría persecución de parte de líderes y demás personas, el mayor sufrimiento vino cuando Jeremías quiere negar el llamado de Dios en su vida, cuando decide no acordarse más de Dios, ni de Sus palabras. Pero hubo algo que lo detuvo.

Jeremías es llamado a predicar destrucción y cautividad a un pueblo acostumbrado a pecar, cegado por sus pecados. Pero a la vez, también Jeremías predica arrepentimiento, predica esperanza, predica la fidelidad de Dios. El libro de Jeremías narra uno de los tiempos de mayor oscuridad en el pueblo de Dios: la caída de Jerusalén, pero también él predica libertad.

La vida de Jeremías ha sido, en lo personal, un testimonio a mi fe. A veces nos es enseñado que nuestro llamado de Dios son cosas padres y muy agradables. Algunos soñarán con ser predicadores, otros quizá soñarán con ser ministros de alabanza, algunos quizá son llamados a predicar a otros países. Sin embargo, a veces podemos perder de vista que hay un llamado que pudiera no ser tan “agradable”: predicar arrepentimiento a un pueblo que no escuchará.

No quiero decir que este llamado no sea algo de Dios, sino al contrario, a veces Dios usa hombres y mujeres para dar testimonio de justicia y de su gracia, de su misericordia y amor.

A veces, las situaciones que resultan como consecuencia de un llamado de Dios pueden no ser del todo cómodas y podrían ser muy terribles: persecución, enfermedad, aún quizá estar al borde la muerte, pero Dios en todo eso permanece fiel.

Hay algo que como hijos de Dios necesitamos tener presente: no podemos escapar de Dios, de Su amor, de Su llamado. Habrá siempre en nosotros ese fuego ardiente en nuestro corazón por Dios y Su reino, por Dios y Su justicia, por Dios y Su gracia, por Dios y Su amor.

Si hoy atraviesas un tiempo de dificultad como consecuencia de obedecer a Dios y Sus propósitos, no te rindas. Deja que Su Espíritu despierte ese fuego en ti para continuar, para no negarle. Dios no te ha traído hasta aquí para abandonarte.  Confía, Él está cercano.

se Me opuso durante veintiún días

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“Entonces me dijo: Daniel, no temas; porque desde el primer día que dispusiste tu corazón a entender y a humillarte en la presencia de tu Dios, fueron oídas tus palabras; y a causa de tus palabras Yo he venido. Mas el príncipe del reino de Persia se me opuso durante veintiún días; pero he aquí Miguel, uno de los principales príncipes, vino para ayudarme, y quedé allí con los reyes de Persia. He venido para hacerte saber lo que ha de venir a tu pueblo en los postreros días; porque la visión es para esos días” Daniel 10.12-14

 

El Reino de Dios sufre oposición en este mundo. Es una realidad que cada creyente necesita comprender y estar consciente de ella. La oposición puede ser muy sutil que podemos no percibirla, pero también esa oposición puede ser una declaración abierta de guerra en contra de nuestra vida, de la iglesia, contra Dios mismo. La oposición es algo que estará, puede ser en ciertos intervalos o de manera constante, en nuestro caminar con Dios.

¿Has podido detectar esos tiempos de oposición? ¿Cuándo tratas de emprender algo nuevo para el Reino de Dios y parece todo contrario? ¿Cuándo tratas de crecer en tu vida espiritual y las cosas parecen que no van nada bien?

La oposición es real pero no por ello más poderosa que nuestro Dios.

Todos los grandes hombres de Dios la enfrentaron. La iglesia la enfrentado a lo largo de su vida. JESÚS, Dios mismo, la enfrentó. Podemos leer cada historia en la Biblia sobre hombres y mujeres de fe, y cómo ellos enfrentaron oposición.

En libro de Daniel tenemos un ejemplo muy interesante de oposición espiritual. Daniel estaba por recibir aquellas profecías sobre el fin de los tiempos cuando Aquel que le iba a declarar esas visiones sufre oposición a tal nivel que es necesario que un ángel venga a su ayuda.

La oposición puede tener varios orígenes (nuestra propia naturaleza humana, o algún espíritu opuesto a Dios, Satanás mismo), y también la oposición puede manifestarse en varias formas (a través de enfermedad o muerte, a través de calamidades en nuestra vida, a través detractores que impiden que algo de Dios se lleve acabo). Pero aquí es importante identificar si esa “oposición” que nosotros suponemos o percibimos viene a consecuencia de alguna disciplina de parte de Dios, o de algo espiritual contrario a Dios. ¿Cómo identificarlo?

La oración se vuelve algo fundamental en nuestra caminar con Dios. No hay deber más fundamental que nuestros tiempos a solas con Dios. Es ahí donde Dios nos permitirá entender los tiempos que atravesamos y, más que entender, nos ayudará a ser guiados por Él hacia Su voluntad. Los tiempos de comunión con Dios son tiempos de descanso, de guía, de enseñanza, de lucha, de combate, de victorias.

La lectura de la Palabra es también fundamental. A través de la Palabra Dios nos permitirá alinearnos a Su voluntad y propósitos. Nos permitirá conocer el corazón de Dios de una manera especial.

El Espíritu de Dios no puede ser jamás detenido de hacer la voluntad de Dios, pero sí puede ser estorbado. El Espíritu Santo, nuestro Consolador, nuestro Ayudador, quien nos acompaña día a día, está atento a nuestra vida y nos guía en la voluntad de Dios, pero la oposición puede estorbar ese proceso.

Oremos, pues, para que el Espíritu no sea estorbado para llevar acabo los propósitos de Dios, la voluntad de Dios. Porque donde está el Espíritu de Dios, ahí hay libertad.

se les llamó cristianos

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“Después fue Bernabé a Tarso para buscar a Saulo; y hallándole, le trajo a Antioquía. Y se congregaron allí todo un año con la iglesia, y enseñaron a mucha gente; y a los discípulos se les llamó cristianos por primera vez en Antioquía.” Hechos 11.25,26

 

El término “cristiano” es tan popular en nuestros tiempos que podemos perder de vista como es que este término surgió para referirse a los discípulos del Señor JESÚS. La primera referencia de este término en la Biblia la encontramos en libro de Hechos y, según algunos estudios, sugieren que el término fue creado por los no creyentes de Antioquía para hacer burla o mofa de los discípulos, como una forma de insulto o humillación. Algunas otras personas sostienen que el término fue creado por los creyentes para referirse a sí mismos.

Sea cual fuere el surgimiento del término, el uso de él para referirse a algunas personas en la iglesia primitiva resultaba ser peligroso y, para algunos, podría ser causa de persecución. Hoy en nuestros días, el uso del término en lugares donde la población cristiana es minoría, también resulta en una persecución.

¿Por qué es importante tener presente el origen y las implicaciones del término “cristiano”? Hay una historia personal con la que puedo asociarme mucho y que puede ayudar a entender el impacto de entender el origen y sus implicaciones. Cuando una persona se refiere a otra con un término de burla u ofensa, este término puede resultar en una carga emocional y espiritual para la otra persona. Por ejemplo, el término “gay” sigue siendo usado para insultar a otros, de hecho, una gran parte de los hombres se pueden sentir ofendidos si ese término se usa con ellos.  Otro término, que ahora es considerado discriminatorio, es el que se usaba para referirse a las personas afroamericanas en la década de los 60s y anteriores: “negro”.

Imagina ahora, la iglesia primitiva, que para ser humillada se usaba el término “cristiano”. Al pasar de los años, esos términos se vuelven una identidad de grupo. Hoy el ser llamado cristianos no resulta en una ofensa, sino en una identidad. El término gay, por ejemplo, es un término que es usado para identificar a un grupo de personas cuya orientación sexual es hacia el mismo sexo. Ser gay, en lo personal, no resulta más en una ofensa sino en algo que describe una parte de nosotros, una parte de nuestra identidad. Ese término describe una parte de nosotros.

Cuando el resto de las personas crean términos para “diferenciar” a otros y colocarlos en un nivel de inferioridad y humillación, eso resulta en algo que puede ser una carga emocional y espiritual para ese grupo al que se humilla. Sin embargo, si ese grupo al que se humilla toma ese término y lo toma como parte de su identidad, entonces ese término resulta en algo poderoso.

El ser cristiano describía a aquellas personas que habían rendido su vida a Cristo y estaban por tanto viviendo una vida que claramente reflejaba que ellos eran discípulos, una vida diferente. Si bien eso era causa de oprobio, también era una motivación.

Como humanos siempre buscamos diferenciar y, al trata de diferenciar, sentirnos superiores a otros: americanos y latinos, heterosexual y gay, hombre y mujer, rubio y moreno, alto y chaparro, flaco y gordo, y la lista puede seguir. El problema radica cuando cualquiera de esos grupos usa su identidad para menospreciar y humillar a otros. Puede pasar, y está pasando, con los cristianos. Cristianos que siendo mayoría y sintiendo una “superioridad” moral, usan ese “estatus” para menospreciar a otros.

No olvidemos que un día, nuestros antepasados fueron humillados también con el simple hecho de ser llamados cristianos. Recordemos que ese término fue un tiempo usado para humillar, pero que ahora para nosotros representa una parte de nuestra identidad. Cuidamos nuestras palabras, especialmente aquellas que usamos para referirnos a otros.

¿de Nazaret puede salir algo bueno?

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“Felipe halló a Natanael, y le dijo: Hemos hallado a aquél de quien escribió Moisés en la ley, así como los profetas: a JESÚS, el hijo de José, de Nazaret.

Natanael le dijo: ¿De Nazaret puede salir algo bueno? Le dijo Felipe: Ven y ve.

Cuando JESÚS vio a Natanael que se le acercaba, dijo de él: He aquí un verdadero israelita, en quien no hay engaño.” Juan 1.45-47

 

Algo que es tremendamente maravilloso de Dios es que Él no ve lo que ve el hombre. Dios no ve la apariencia de las personas, o que tan capaces son, o que tan elocuentes pudieran hablar. Dios no se fija en los títulos, ni en el estatus social, ni en qué tan admirados o famosos somos entre los hombres.  Dios mira el corazón, Dios busca a quien mostrarse y que, al mostrarse, esa persona o ese grupo de personas valoren y anhelen Su presencia más que cualquier cosa. Dios busca fe en nuestros corazones.

David es un ejemplo de ello. Un joven pastor, menospreciado por su familia, sin mayor futuro delante de los hombres, es tomado por Dios y puesto delante de Su pueblo y, aún más, David se vuelve parte de los ancestros de nuestro Señor JESÚS. David, menospreciado, sin mayor cualidad delante de los hombres, despreciado y hecho menos. David era, aún para su familia, el menos indicado para guiar al pueblo de Dios.

Pero Dios mira el corazón. Me imagino a David en tantos días y noches de cuidar ovejas, sus únicas conversaciones eran con Dios. David veía las estrellas y recordaba aquella promesa de Dios dada a su padre Abraham. David al mirar las estrellas quedaba cautivado por la grandeza de Su Dios. David desarrolló fe y confianza en Dios en tantas noches y días.

Y aún más sorprendente, así como David fue menospreciado por los suyos, JESÚS también lo fue a tal grado que aún el lugar donde había crecido era una señal de oprobio o vergüenza para las demás personas. Cuando a Natanael lo invitan a conocer a JESÚS de Nazaret, él cuestiona: ¿acaso algo bueno puede venir de Nazaret? Y Natanael, al tener este encuentro con JESÚS, queda maravillado por quién es Él.

El mayor reto en nuestro caminar con Dios es cuando limitamos a Dios por nuestro pasado, nuestra condición, nuestras debilidades, o nuestra falta de capacidad. Y esto es todo un reto porque lo que muestra en nosotros es incredulidad, porque terminamos basando la obra de Dios en nuestras fuerzas y no en el poder y la capacidad de Dios. Peor aún es cuando en nuestro caminar con Dios creemos tantas cosas que alrededor se dicen de nosotros: eres incapaz, no eres digno, eres débil, ¿acaso de tu familia puede salir algo bueno?

Dios toma lo menospreciado para humillar a los sabios de este mundo. Dios toma al débil para mostrar Su poder. Dios busca corazones que en fe y humildad le buscan y creen en Él. Cuando Dios nos da sueños y promesas a nuestra vida, nuestra primera respuesta debe ser creer, creer que Él puede hacerlo aún a pesar de quién somos nosotros, porque para nuestro Dios nada es imposible.

Si hoy te cuestionas a ti mismo: ¿acaso Dios puede hacer algo bueno de mí?, la respuesta es sí, si puedes creer.

les será dicho: son hijos del Dios viviente

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“Con todo, será el número de los hijos de Israel como la arena del mar, que no se puede medir ni contar. Y en el lugar donde les fue dicho: Ustedes no son pueblo Mío, les será dicho: Ustedes son hijos del Dios viviente.” Oseas 1.10

 

Las promesas de Dios son vivas, son ciertas, no perecen. Leer la Palabra de Dios es un testimonio de ello. Promesas dadas a hombres imperfectos, pero con un corazón rendido a Dios, que creían cada palabra que Dios decía. Algo maravilloso de estos hombres es ver la confianza de que lo que Dios decía se cumpliría, aun cuando a ellos no les fuera dada la oportunidad de ver el cumplimiento de la promesa.

Hace algunos años Dios me permitía reflexionar: ¿cuántas promesas de parte de Dios dadas a nuestros antepasados se están cumpliendo en nuestra vida? Y concluía: somos herederos de promesas.

Al comenzar a leer el libro del profeta Oseas, que es escrito en tiempos en que el pueblo de Israel está dividido en dos reinos (Judá e Israel) y está enfrentando tiempos de una corrupción moral muy fuerte, uno puede percibir una “decepción” de parte de Dios por Su pueblo, pero Dios no se queda ahí, más que una decepción es un dolor por Su pueblo. Después de cada profecía que vaticinaba terribles consecuencias por el pecado del pueblo, Dios habla libertad, habla promesas que dan esperanza.

Específicamente al comenzar a leer el capítulo uno de Oseas, encontramos esta promesa: a ustedes que les era dicho que no eran Mis hijos, serán llamados Mis hijos, hijos del Dios viviente. Mientras leía esta promesa, pude relacionarme mucho con ella.

Como cristiano gay continuamente nos es dicho que no somos hijos de Dios, y a veces llevados lejos del pueblo de Dios debido al rechazo. Pero cuando leemos esta promesa, en Oseas, en lo personal pude identificarme con ella, Dios recordándonos que aquellos que han sido hechos lejanos del pueblo de Dios, serán ahora hechos cercanos y llamados hijos de Dios.

Cuando JESÚS viene a la tierra y a través de Su ministerio nos muestra una parte del Reino de Dios que no hace distinción, que buscar acercar a todos a Dios, es cuando esta promesa cobra un significado especial. Imagina al enfermo, al extranjero, al rechazado, a la mujer samaritana o a la mujer adúltera, a los cobradores de impuestos que les era dicho que no tenían parte dentro de la congregación de Dios. Ahora, este texto tiene un cumplimiento especial cuando JESÚS nos lleva a comprender el Reino de Dios de una manera mucho más profunda.

Quiero invitarte a recordar y meditar en aquellas promesas que Dios ha dado a tu vida. No solamente ciertos versos de la Biblia que se nos dan como pueblo e hijos de Dios, sino aquellos versos de la Biblia, aquellas promesas que Dios ha hablado específicamente a tu vida. ¿Puedes recordar alguna? Ahora, medita en ella y descansa en la fidelidad de Dios, porque Él la cumplirá. Su Palabra es cierta, no perece.

No hay nada imposible para nuestro Dios, nada.

sanaré su tierra

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“si se humillare Mi pueblo, sobre el cual Mi Nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces Yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra.” 2 Crónicas 7.14

 

La tierra clama con gran angustia. No hay lugar donde el dolor que la creación experimenta no se haya hecho escuchar. Pareciera que no hay esperanza. Que los malos ganan. Que nuestro planeta no tiene alguna salida para terrible destrucción.

Podemos escuchar por muchos lugares el clamor y el dolor, la angustia y la desesperación. Los hombres se vuelven contra su hermano, y las naciones buscan vanidad. No hay quien haga lo bueno. No hay quien busque a Dios. Pareciera que el mundo ha sido entregado a su propia maldad, a esa maldad que hemos propiciado y alimentado nosotros mismos por generaciones.

¿Es eso solamente lo que vemos?

La Palabra de Dios es un libro lleno de esperanza, y no es cualquier esperanza, es una esperanza cierta, que no perece. Cuando miramos a nuestro alrededor y solo vemos destrucción y muerte, maldad y pecado, necesitamos ir más allá, necesitamos no dejarnos vencer por la desesperanza y sembrar en nuestro corazón una esperanza viva que solo puede estar fundamentada en la Palabra viva y de verdad. Necesitamos comenzar a ver con ojos espirituales tan desoladora realidad.

Algo maravilloso es que lo que vivimos tanto en lo personal como como iglesia o país es algo que la Biblia nos advierte, y aún más, que hijos de Dios y el pueblo mismo de Dios ya ha enfrentado, y a través de sus historias podemos nosotros podemos aprender fe.

Hay una promesa que Dios me ha permitido recordar en estas semanas, y esa promesa es verdaderamente especial: Dios sanará nuestra tierra. Pero, ¿cuándo? El segundo libro de Crónicas lo describe: cuando el pueblo de Dios se humillare, orare, buscare el rostro de Dios y se convirtieren de sus malos caminos. Cuatro aspectos que para el corazón de un hombre alejado de Dios son imposibles y, en cierto grado, podrían ser menospreciados. Es por eso que la primera predicación de Juan el Bautista y de JESÚS son tan esenciales aún para nuestro tiempo: arrepiéntanse.

Creo que el arrepentimiento involucra esos cuatro aspectos narrados en Crónicas. El arrepentimiento requiere de humildad, el arrepentimiento nos mueve a orar, el arrepentimiento nos lleva a buscar el rostro de Dios, el verdadero arrepentimiento nos convertirá de nuestros malos caminos.

No hay mayor predicación de JESÚS tan relevante para nuestros días que el arrepentimiento.

Al meditar en que Dios tiene el poder para sanar nuestra tierra, pensaba yo que era nuestra tierra física, nuestro planeta, sin embargo, pude también entender otro tipo de tierra: nuestro corazón. Dios podría sanar nuestra tierra física, nuestro planeta, pero si el corazón del hombre no es sanado, de nada servirá. Lo podemos constatar en el pueblo de Dios una y otra y otra y otra vez.

Esa oración de David se vuelve muy importante: crea en mí un corazón limpio, renueva un espíritu recto dentro de mí.

¿Anhelamos la sanidad de la iglesia, de la ciudad, del país, del planeta entero? ¿Qué tanto estamos dispuestos en ser sanados primeros en nuestro corazón? Dios traiga un tiempo de verdadero arrepentimiento en medio de Su pueblo.

un corazón limpio

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“Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí.” Salmo 51.10

David logró conocer a Dios de una manera tan íntima y especial que, en el tiempo de mayor pecado, él no huyó de Dios, sino que se acercó a Él en arrepentimiento y con una confianza profunda que Dios escucharía su oración.

El salmo 51 es esa declaración de confianza, de arrepentimiento, de búsqueda de Dios. Es un salmo muy conocido entre la iglesia cristiana, es un salmo que ha sido la oración de muchos también.

Al leer el salmo 51 hay una parte que llamó mi atención esta semana. El versículo 10, quizá el versículo más conocido de este salmo, David le pide a Dios: crea en mí un corazón limpio, renueva un espíritu recto dentro de mí.

Lo que ha llamado mi atención es que David sabía, tenía la certeza, la confianza, de que Dios podía crear en él un corazón limpio y un espíritu recto. David sabía que Dios podía hacerlo. Lo que David había descubierto eran dos cosas: que su corazón no era limpio y que Dios podía crear un corazón nuevo.

Al meditar en ello, en el caminar en la vida cristiana Dios nos permite ver la maldad de nuestro corazón. Es como si cada vez que nos acercáramos más Dios, Él mostrara a través de Su luz admirable cuánto aún nos falta para ser completamente limpios. Pero a la vez, Dios no nos deja ahí, nos revela que Él puede limpiarnos. Es por esto lo maravilloso del sacrificio de JESÚS.

David lo descubrió. David sabía que, así como Dios es un Dios justo, también Dios es un Dios misericordioso. David había alimentado constantemente una relación con Dios que le permitió descubrir cada vez más a Dios, y a través de ello saber cómo orar y clamar a Dios.

su corazón no era perfecto con Dios

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“Pero el rey Salomón amó, además de la hija de Faraón, a muchas mujeres extranjeras; a las de Moab, a las de Amón, a las de Edom, a las de Sidón, y a las heteas; gente de las cuales el Señor había dicho a los hijos de Israel: No os llegaréis a ellas, ni ellas se llegarán a vosotros; porque ciertamente harán inclinar vuestros corazones tras sus dioses. A éstas, pues, se juntó Salomón con amor. […] Y cuando Salomón ya era viejo, sus mujeres inclinaron su corazón tras dioses ajenos, y su corazón no era perfecto con el Señor su Dios, como el corazón de su padre David.” 1 Reyes 11.1-4

 

El esplendor del reino de Israel llegó durante el tiempo de Salomón. Nunca ha habido en la historia de Israel un tiempo de tanta prosperidad e influencia mundial como lo tuvo en el tiempo de Salomón. El reino de Israel era, en términos actuales, una potencia mundial. Los pueblos buscaban acercarse y hacer negocios con Israel, ofrecían presentes e “impuestos”. Los reyes de la tierra venían para escuchar el consejo del rey más sabio que se había levantado sobre las naciones: Salomón.

De estas reinas, asombrada por lo que le habían dicho del rey Salomón, decidió constatarlo por ella misma y vino al rey y quedó aun mayormente impactada por la sabiduría, el esplendor, la grandeza del rey Salomón. La reina de Saba llego a decir: ni aun me habían contado la mitad de lo que acabo de presenciar. Ese era el reinado, ese era el rey Salomón. Un rey cuya grandeza venía a estar dada por la bendición y promesa de Dios sobre su vida.

Este reino del tiempo de Salomón se volvería siglos después en la añoranza del pueblo judío. Por muchos siglos el pueblo anhelaba, y anhelan, la llegada del Mesías quien hará que la grandeza del tiempo de Salomón vuelva pero aún con mayor esplendor.

Sin embargo, la historia específicamente de Salomón no termina del todo bien. El corazón de un rey con tanta sabiduría termina siendo desviado hacia ídolos de las naciones paganas que rodeaban y servían a Israel. ¿Cómo es que un hombre tan sabio no pudo percibir que su corazón estaba siendo desviado?

Hubo una época en la que el rey Salomón siente un hastío. El libro de Eclesiastés lo narra. Salomón descubre que todo es vanidad, que no importa que tanto pudiera ser o poseer, todo terminaría siendo vanidad. Ese libro narra como un rey había quedado hastiado del mundo sin encontrar satisfacción. ¿Por qué?

La respuesta la encontramos en 1 Reyes 11.4. Al finalizar este versículo dice: el corazón de Salomón no era perfecto… como el corazón de David. ¿Qué había en el corazón de David? De hecho, algo interesante de notar es que el rey David cometió adulterio y asesino al esposo de la mujer con quien adulteró. De Salomón no se narra algo semejante, pero se narra algo peor: un corazón que no es perfecto con Dios.

¿Cómo es un corazón perfecto con Dios? Los salmos escritos por David son una ventana a ello. David se derrama en estos salmos de una manera tan íntima, que podemos ver sus temores, sus miedos, sus anhelos, sus sueños. Si algo queda claro en los salmos es que Dios anhelaba a Dios, y buscaba ser conforme al corazón de Dios, un corazón vestido de misericordia, de justicia, de juicio. Un corazón que entendió la misericordia de Dios y Su gracia, de una manera muy especial. David tenía una relación íntima con Dios, se deleitaba en Dios, se refugiaba en Dios, se confiaba en Dios.

Es por eso que una relación diaria, constante, sincera, íntima con Dios se vuelve esencial en la vida de un creyente. No hay mayor prioridad para un hombre conforme al corazón de Dios que una relación genuina con Él.

Podremos ganar el mundo, sus riquezas, su fama, sus comodidades, pero eso no llenará de plenitud nuestra alma ni nuestro espíritu. ¿En dónde encontramos nuestro deleite? ¿En dónde encontramos nuestra plenitud?

en el año de sequía no se fatigará

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“Bendito el varón que confía en el Señor, y cuya confianza es el Señor. Porque será como el árbol plantado junto a las aguas, que junto a la corriente echará sus raíces, y no verá cuando viene el calor, sino que su hoja estará verde; y en el año de sequía no se fatigará, ni dejará de dar fruto.” Jeremías 17.7,8

 

No hay esperanza muerta cuando la esperanza es puesta en el Señor. Podrá ser la noche más oscura o el desierto más profundo que pueda un hombre o mujer atravesar, pero si la confianza está en Dios, será por cierto que no seremos avergonzados.

Nuestra confianza es el Señor que hizo los cielos y la tierra, quien formó todo con el poder de Su palabra. A quien el Universo entero obedece y no hay nada que se escape de Su voluntad y de Su poder. Nuestro Dios es Dios poderoso, temible, quien no se goza de la injusticia más haya deleite en la verdad. ¿Cuándo volveremos a Él? ¿Cuándo miraremos Su rostro aun cuando todo languidece?

El hombre que confía en Dios, afirma el Salmo 1 y el profeta Jeremías lo reitera, será como un árbol, un árbol plantado junto a aguas, fuentes de agua viva. Dará fruto a su tiempo aún en tiempo de sequía. Aún en tiempo de sequía.

Mientras se escuchaba la alabanza en la iglesia, una mujer leía ese pasaje de Jeremías, y en mi mente se quedó grabado: aún en el año de sequía ni se fatigará ni dejará de dar fruto. Así son los hijos de Dios que confían en Él.

Recordé también que el Salmo 1 había sido dado como una promesa de Dios a mi vida a través de mi mejor amiga hace un año. No podía quizá comprender esa promesa en toda su magnitud hasta que los tiempos de sequía llegaron. He podido confirmar que el Espíritu de Dios guiará a Sus escogidos en medio de ese tiempo, y habrá fruto.

Bendito aquel hombre y mujer cuya confianza es el Señor.